El corazón vulnerable de Dios. MONSEÑOR JESÚS SANZ. ARZOBISPO DE OVIEDO

El corazón vulnerable de Dios

Carta semanal. 7 de junio de 2018

    Cada día tiene su afán. Y cada mes, a veces, tiene su mensaje. Junio nos acerca una página entrañable de la vivencia cristiana. Llevamos como sabemos y también como podemos, las fatigas y pesares que tantas veces nos afligen en la vida. Son todos los nombres que tienen los límites que nos generan sufrimiento, incertidumbre, cansancio y desesperanza. Es la humana condición y cada generación ha vivido su elenco de dolores que ponen a prueba nuestra confianza.
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De la política y la caridad. MONSEÑOR JESÚS SANZ. ARZOBISPO DE OVIEDO

 

Carta del diablo: de la política y la caridad

Carta semanal. 31 de mayo de 2018

Tiene hambre nuestro satisfecho mundo. Ahíto de tanto como engulle no acierta luego en la dieta que le devuelva su más “prestosa” figura. Pero cabe decir lo que dice el adagio irónico: “dadme un poco de hambre, que me estoy muriendo de pan”. El problema viene cuando lo que consumimos de tantos modos no responde en nosotros, a la verdadera necesidad. No por ello dejamos de tragar lo intragable, por inercia, sin ser siquiera conscientes del chantaje de quienes quieren de tantos modos domesticarnos.
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Vialucis, alumbrar sin ser cegados. . MONSEÑOR JESÚS SANZ. ARZOBISPO DE OVIEDO


Vialucis, alumbrar sin ser cegados

Carta semanal. 10 de mayo de 2018

    De luz en luz, como quien se asoma a ventanales por donde el sol se cuela sin que haya filtros censuradores que eclipsan la vida. Así, de luz en luz, estuvimos hace unos días en el arciprestazgo de Siero haciendo una celebración pascual. Tantas veces lo hemos hecho con la Santa Misa, verdadero culmen de nuestro memorial cristiano en donde recordamos de Jesús lo más grande que Él nos dejó con su presencia resucitada que se parte y se reparte como un pan tierno y un vino generoso que son su Cuerpo y su Sangre. Pero en esta ocasión no hicimos así, sino que hicimos un vialucis.
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La vida… ese frágil y preciosos regalo. MONSEÑOR JESÚS SANZ. ARZOBISPO DE OVIEDO


La vida… ese frágil y precioso regalo

 

Carta semanal. 5 de abril de 2018

    No cabía tanta vida en aquella oquedad de la muerte. Y reventó su tiniebla, siendo imparable que la luz entrase por cada rendija. De par en par, la piedra cedió el paso no a la vida de antes, no a la mortalidad precedente, sino a la vida nueva que a eternidad sabía. Así fue el triunfo de Jesús resucitado sobre su muerte y sobre la mía.

    Es lo que celebramos los cristianos en estos cincuenta días de pascua. Ponemos en nuestros labios un canto que tiene como estribillo y estrofa un aleluya que no acaba en su agradecimiento conmovido por tamaña gracia. La vida es así acariciada, abrazada, respetada y defendida, porque hemos aprendido a mirarla con los ojos benditos de quien asomado a ella le dio su aliento vital, su bondad primera, su más íntima belleza.
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Historia de amor en tres actos. MONSEÑOR JESÚS SANZ. ARZOBISPO DE OVIEDO

    Historia de amor en tres actos

Carta semanal. 29 de marzo de 2018

Triduo para una historia de amor. Así son los tres días santos que llenan la semana más importante del año para los cristianos. El Jueves Santo celebramos un memorial inmenso. El amor que se hace entrega, entrega que se hace cena, cena que concluye en lavatorio para santificar en la verdad. Toda una dinámica amorosa por la que Dios nos muestra en su Hijo lo mucho que nos ha querido y amado. Penden en aquella sobremesa los recuerdos apretados de tres años intensos, de los casi treinta que como un largo noviciado los prepararon. Ahí queda esa biografía de salvación, tejida de tiempos y de espacios, de nombres y circunstancias, de lágrimas de dolor y de sonrisas de esperanza. Ha llegado la hora, nos dirá solemne el evangelio de San Juan. No se detiene el tiempo, sino que se concentra y culmina tras haber ido transcurriendo toda una eternidad atrás. La hora del amor por parte de quien no dejó de amar a los que se le confiaron, la hora de un paso por el que Jesús regresa al Padre con su humanidad en la que no hizo alarde de ser Dios, la hora más extrema y desmedida para amar hasta el extremo como nos ama Dios. Ojalá que lo que somos y tenemos, lo que recordamos, vivimos y esperamos se ajuste a la Hora de Cristo que siempre nos llega, y que sin adelantarnos ni retrasarnos avancemos concordes con la salvación que marcan los pálpitos de su Corazón.
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De nuevo por nuestras calles. MONSEÑOR JESÚS SANZ. ARZOBISPO DE OVIEDO

De nuevo por nuestras calles

Carta semanal.  marzo de 2018

    Tienen muchos nombres y son diversos sus atavíos. Con distinta semblanza Jesús Nazareno y María Dolorosa nos dan cita en la Semana Santa que está a la vuelta de la esquina. Los cristianos celebramos la solemne liturgia del triduo pascual que culminará en el domingo de gloria con Jesús Resucitado, pero hay una religiosidad popular que saca a la calle toda esa fe celebrada precisamente estos días. La mirada de un pueblo queda llorosa ante el espectáculo agrio y bronco de la muerte más injusta. Aquellos treinta años de silencio y discreción le permitieron crecer junto a María y a José, entre las virutas artesanas de aquel taller carpintero. Le vieron acudir a la sinagoga cada sábado para escuchar la palabra de los profetas contenidas en la Biblia que de mil modos hablaban de Él. Era Jesús, el de Nazaret, el hijo de María. A ambos los cuidaba con amor y generosidad José el carpintero haciendo las veces de padre para él, y esposo fiel para ella, con una bellísima postal de lo que era aquella sagrada familia.
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Adultos y cristianos: la iniciación. MONSEÑOR JESÚS SANZ. ARZOBISPO DE OVIEDO

Adultos y cristianos: la iniciación

    Todo tiene un tiempo, y hay un horario para cada cosa en el hueco donde se ponen o se quitan en el calendario de la vida. Así sucede con todo lo que tiene una cierta importancia: cuando nos llega nos felicitamos y nos empobrece cuando nos falta. Pero hay algo que, de suyo, es muy especial: el hecho de ser cristiano. No tiene edad para empezar a serlo, y a cada uno le llega esa gracia cuando la Providencia divina tiene a bien llamar a nuestra puerta. Y, es que, viviendo en nuestros lares, dábamos por descontado que eso de ser cristiano es algo que te viene dado por el mapa en el que naces, por la cultura a la que perteneces, por la transmisión familiar automáticamente.
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