Papa a catecúmenos: Dios es un buscador paciente.

 

FRANCISCO A LOS CATECÚMENOS:

DIOS NOS PRECEDE Y NOS ESPERA SIEMPRE

 

El santo padre ha presidido esta tarde en la Basílica Vaticana el rito de admisión al catecumenado, celebración preparada en el contexto del Año de la Fe. Han estado presentes 500 catecúmenos, acompañados de sus catequistas, procedentes de 47 países diferentes y de los cinco continentes.

A las 16.30 ha dado comienzo la Liturgia, con los ritos de introducción que se han realizado en el atrio de la basílica, donde el papa ha acogido una representación de los candidatos, para después invitarles a entrar en la iglesia. Durante la Liturgia de la Palabra y antes de la entrega del texto de los Evangelios a una representación de los catecúmenos, el papa ha dedicado unas palabras a los presentes.

Francisco ha comenzado recordando que aunque han venido de muchos países, tradiciones culturales y experiencias diferentes, “sentimos tener entre nosotros muchas cosas en común. Sobre todo una: el deseo de Dios”. Un deseo – ha explicado  – que está evocado por las palabras del salmista: “Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios?” Un deseo que es importante mantener vivo, este anhelo de encontrar al Señor y tener experiencia de Él, de su amor y de misericordia, ha indicado el papa. Y ha añadido que “si falta la sed del Dios viviente, se corre el riesgo de que la fe se convierta en costumbre, se arriesga que se apague, como el fuego que no es reavivado”.

A continuación ha hecho referencia a la lectura del Evangelio que se ha leído, en la que cuenta cuando Juan Bautista indica a sus discípulos a Jesús como el Cordero de Dios, “dos de ellos siguen al maestro, y después, a su vez, se convierten en ‘mediadores’ que permiten a los otros encontrar al Señor, conocerlo y seguirlo”, ha recordado. En este pasaje hay tres momentos que evocan la experiencia del catecumenado según ha explicado Francisco, la escucha, el encuentro y el caminar.

Sobre la escucha, el santo padre ha indicado que al igual que los dos discípulos “también vosotros, queridos catecúmenos, habéis escuchado a aquellos que os han hablado de Jesús y os han propuesto seguirlo, convirtiéndoos en sus discípulos a través de bautismo”. Y ha añadido que “en el tumulto de tantas voces que resuenan en torno a nosotros y dentro de nosotros, vosotros habéis escuchado y acogido la voz que os indicaba a Jesús como el único que puede dar sentido pleno a vuestra vida”.

El segundo momento del que ha hablado el pontífice es el encuentro. Los discípulos, después de encontrarse con el maestro se quedan con Él. “Después de haberlo encontrado, se dan cuenta en seguida de algo nuevo en su corazón: la necesidad de transmitir su alegría también a los otros, para que éstos la puedan encontrar”, ha explicado. Contemplar la escena de Andrés que encuentra a su hermano Simón y lo conduce a Jesús es una escena que nos hace mucho bien contemplar, ha advertido el santo padre. Nos hace bien porque “nos recuerda que Dios no nos ha creado para estar solos, cerrados en nosotros mismos, sino para poder encontrarnos con Él y para abrirnos al encuentro con los otros”. Asimismo, ha recodado que “en la Biblia Dios aparece siempre como áquel que toma la iniciativa del encuentro con el hombre: es Él que busca al hombre y precisamente lo buscan cuando el hombre está en la experiencia amarga y trágica de traicionar a Dios y de huir de Él. Dios no espera para buscarlo: lo busca enseguida. ¡Es un buscador paciente nuestro Padre!” Por ello, dice el santo padre “Él nos precede y nos espera siempre. No se cansa de esperarnos. No se aleja de nosotros, pero tiene la paciencia de esperar el momento favorable para el encuentro con cada uno de nosotros”. Un encuentro que cuando llega, “no es nunca un encuentro rápido, porque Dios desea permanecer mucho tiempo con nosotros para apoyarnos, para consolarnos, para donarnos su alegría”, ha subrayado Francisco. Y ha continuado explicando que “como nosotros le anhelamos y le deseamos, así también Él tiene el deseo de estar con nosotros, porque nosotros le pertenecemos, somos ‘cosa’ suya, somos sus criaturas. También Él, podemos decir, tienen sed de nosotros, de encontrarnos”.

El último aspecto del que el papa ha hablado es caminar. “Los discípulos caminan hacia Jesús y después hacen una parte del camino junto a Él”, y esto es un enseñanza importante para todos nosotros, ha indicado el santo padre. La fe es un camino con Jesús – ha continuado – y que dura toda la vida. El santo padre ha reconocido que en algunos momentos de este camino nos sentimos cansados y confusos pero la fe “nos da la certeza de la presencia constante de Jesús en cada situación, también en la más dolorosa o difícil de entender”.

Para concluir, ha deseado a los catecúmenos que recorran este camino “con alegría, seguros del apoyo de toda la Iglesia, que os mira con confianza”. También les ha invitado a “mantener el entusiasmo del primer momento que os ha hecho abrir los ojos a luz de la fe, a recordar, como el discípulo amado, el día, la hora, en la que por primera vez os habéis quedado con Jesús, habéis sentido su mirada sobre vosotros. No os olvidéis nunca esta mirada de Jesús”.

 

Escuela de Evangelizadores. DIÓCESIS DE CÁDIZ Y CEUTA.

Escuela de Evangelizadores

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Desde el Secretariado de Catequesis felicitamos a la multitud de catequistas que ayer estuvieron en la primera jornada de la Escuela De Evangelización.

No podemos quedarnos anclados en el pasado, en las viejas formas, técnicas y maneras de Evangelizar. La sociedad ha cambiado porque las personas han cambiado. Hay que salir fuera, como Jesús, hay que buscar nuevos métodos, nuevo ardor, nuevos medios para seguir evangelizando.

El día de ayer ha sido el comienzo de una gran aventura donde el centro está en Jesucristo, que transforma y da sentido pleno a la vida de las personas que se encuentran con Él.

El testimonio de vida estuvo centrado en Josué Fonseca.

Se presentó perteneciente a un grupo de personas que intentan seguir al Señor Jesús, a través de la vivencia de la fe en comunidad. Desde el punto de vista formal, constituyen una Asociación de Fieles de Carácter Público, aprobada y reconocida por la Iglesia Católica en el Obispado de Santander (España), e inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia del mismo país.

Josué piensa que la vocación cristiana, desde sus orígenes, es inseparable de la vida común. Desde el Señor Jesús, que elige a los apóstoles y comparte su vida con ellos, a todo el testimonio que nos han dejado el Nuevo Testamento y la historia posterior, nuestra fe está insertada en un paradigma comunitario, cuya máxima expresión es la Iglesia.

De la misma manera que para un niño es indispensable un ambiente familiar donde pueda recibir las enseñanzas y cuidados que le lleven a hacerse un adulto maduro y responsable, un cristiano necesita una comunidad concreta y real de hermanos que le ayuden en el camino de hacerse un verdadero discípulo de Cristo. Ese camino de catecumenado nos parece imprescindible.

Las 4 claves más importantes sobre su experiencia evangelizadora de forma resumida son:

  • La CONVERSIÓN. Anunciar a Cristo, y anunciar con amor, anunciarle amando. Que la primera buena noticia seamos nosotros mismos para esa persona a la que nos dirigimos, para que reciba bien esa “Buena Noticia” que es Jesucristo. Hoy no es tiempo de dinámicas, de entretenimientos. Hay que anunciar a Cristo abiertamente, como lo hacían los apóstoles.

  • La COMUNIDAD. Integrar a la persona que se convierte. No es posible realizar una evangelización autentica, si no tenemos un lugar, una comunidad donde acoger, recibir, acompañar a la persona que se ha encontrado con Jesucristo.

  • El DISCIPULADO. La formación en la fe, el catecumenado no es cuestión de días, de semanas. Hace falta recorrer un camino donde se comprenda, celebre, viva y ore toda la realidad de la fe cristiana. Una fe que se tiene que hacer vida para que sea autentica.

  • La IGLESIA. Somos hijos de una misma Iglesia. La Iglesia nos introduce, nos abre la puerta para entrar por Cristo. La Iglesia es como la “llave”, que contiene varios “dientes” unos más altos que otros, pero que todos son necesarios para abrir la puerta. Seamos auténticos, busquemos la original. Al igual que cuando hacemos copias de otras llaves que no es la original, no cuesta abrir las puertas, busquemos la auténtica “llave” que la Iglesia nos muestra con sus doctrinas, tradición y revelación.

Escuela de Evangelizadores

TE INVITAMOS

A descubrir la fuente de donde nace nuestra vida cristiana, a encontrarte con Cristo y con su Iglesia, a crecer en la fe y en el amor, a conocer a personas con las mismas inquietudes que tú, que buscan más, que esperan más.

La Escuela de Evangelizadores no es un curso más. No vas a escuchar, a copiar y a aprender. Vas a vivir. Vas a compartir, a experimentar, a dar. La Escuela de Evangelizadores la forma un grupo de personas que descubren a Cristo, que no pueden apagar la inquietud que les ha nacido en el corazón, y que quieren compartirla con personas que se encuentren igualmente buscando una vida con más sentido, más plena, un cristianismo que nos toque y nos renueve.

Encontrarse con Cristo no nos dejará iguales. Somos llamados. Por eso, nuestra Escuela es para Evangelizadores. Porque rebosará en nosotros el Espíritu, y seremos llamados a la MISIÓN.

SÍ, PARA TI

La Escuela de Evangelizadores está abierta a todos aquellos (laicos, sacerdotes, consagrados…) que sientan estas inquietudes, que quieran crecer como cristianos y renovar su fe, y para aquellos que estén llamados a evangelizar (catequistas, formadores, enlaces…).

¿QUÉ TENGO QUE LLEVAR?

A ti mismo, como eres. Para crecer necesitaremos tu presencia a todas las reuniones, a las seis. Sólo a las seis. Tráete tus ganas por encontrarte con Cristo y tu apertura a nuevas experiencias y a nuevas personas que viven y que esperan lo mismo que tú.

Desde nuestra Diócesis de Cádiz y Ceuta, de la mano de nuestro obispo D. Rafael, os invitamos a compartir esta nueva forma de comprender la vida y de vivir la fe.

NOS REUNIREMOS

Cinco sábados en el curso, que detallamos a continuación, en las instalaciones de Campano. La inscripción a la Escuela de Evangelizadores es una aportación voluntaria de 25 euros, que recogeremos libremente a lo largo del curso.

  • 26 de Octubre de 2013
  • 30 de Noviembre de 2013
  • 21 de Diciembre de 2013
  • 25 de Enero de 2014
  • 22 de Febrero de 2014

Para más información puedes llamarnos al 956 80 70 18 ext.- 1014, al 655 60 78 12 o enviarnos un email a escueladeevangelizadores@gmail.com

DESCARGAR FICHA DE INSCRIPCIÓN

SANTA MISA PARA LA “JORNADA DE LOS CATEQUISTAS” EN EL AÑO DE LA FE. 29-09-2013

SANTA MISA PARA LA “JORNADA DE LOS CATEQUISTAS”

EN EL AÑO DE LA FE

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Plaza de San Pedro


Domingo 29 de septiembre de 2013

1. «¡Ay de los que se fían de Sión,… acostados en lechos de marfil!» (Am 6,1.4); comen, beben, cantan, se divierten y no se preocupan por los problemas de los demás.

Son duras estas palabras del profeta Amós, pero nos advierten de un peligro que todos corremos. ¿Qué es lo que denuncia este mensajero de Dios, lo que pone ante los ojos de sus contemporáneos y también ante los nuestros hoy? El riesgo de apoltronarse, de la comodidad, de la mundanidad en la vida y en el corazón, de concentrarnos en nuestro bienestar. Es la misma experiencia del rico del Evangelio, vestido con ropas lujosas y banqueteando cada día en abundancia; esto era importante para él. ¿Y el pobre que estaba a su puerta y no tenía para comer? No era asunto suyo, no tenía que ver con él. Si las cosas, el dinero, lo mundano se convierten en el centro de la vida, nos aferran, se apoderan de nosotros, perdemos nuestra propia identidad como hombres. Fíjense que el rico del Evangelio no tiene nombre, es simplemente «un rico». Las cosas, lo que posee, son su rostro, no tiene otro.

Pero intentemos preguntarnos: ¿Por qué sucede esto? ¿Cómo es posible que los hombres, tal vez también nosotros, caigamos en el peligro de encerrarnos, de poner nuestra seguridad en las cosas, que al final nos roban el rostro, nuestro rostro humano? Esto sucede cuando perdemos la memoria de Dios. “¡Ay de los que se fían de Sión!”, decía el profeta. Si falta la memoria de Dios, todo queda rebajado, todo queda en el yo, en mi bienestar. La vida, el mundo, los demás, pierden la consistencia, ya no cuentan nada, todo se reduce a una sola dimensión: el tener. Si perdemos la memoria de Dios, también nosotros perdemos la consistencia, también nosotros nos vaciamos, perdemos nuestro rostro como el rico del Evangelio. Quien corre en pos de la nada, él mismo se convierte en nada, dice otro gran profeta, Jeremías (cf. Jr 2,5). Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, no a imagen y semejanza de las cosas, de los ídolos.

2. Entonces, mirándoles a ustedes, me pregunto: ¿Quién es el catequista? Es el que custodia y alimenta la memoria de Dios; la custodia en sí mismo y sabe despertarla en los demás. Qué bello es esto: hacer memoria de Dios, como la Virgen María que, ante la obra maravillosa de Dios en su vida, no piensa en el honor, el prestigio, la riqueza, no se cierra en sí misma. Por el contrario, tras recibir el anuncio del Ángel y haber concebido al Hijo de Dios, ¿qué es lo que hace? Se pone en camino, va donde su anciana pariente Isabel, también ella encinta, para ayudarla; y al encontrarse con ella, su primer gesto es hacer memoria del obrar de Dios, de la fidelidad de Dios en su vida, en la historia de su pueblo, en nuestra historia: «Proclama mi alma la grandeza del Señor… porque ha mirado la humillación de su esclava… su misericordia llega a sus fieles de generación en generación» (cf.  Lc 1,46.48.50). María tiene memoria de Dios.

En este cántico de María está también la memoria de su historia personal, la historia de Dios con ella, su propia experiencia de fe. Y así es para cada uno de nosotros, para todo cristiano: la fe contiene precisamente la memoria de la historia de Dios con nosotros, la memoria del encuentro con Dios, que es el primero en moverse, que crea y salva, que nos transforma; la fe es memoria de su Palabra que inflama el corazón, de sus obras de salvación con las que nos da la vida, nos purifica, nos cura, nos alimenta. El catequista es precisamente un cristiano que pone esta memoria al servicio del anuncio; no para exhibirse, no para hablar de sí mismo, sino para hablar de Dios, de su amor y su fidelidad. Hablar y transmitir todo lo que Dios ha revelado, es decir, la doctrina en su totalidad, sin quitar ni añadir nada.

San Pablo recomienda a su discípulo y colaborador Timoteo sobre todo una cosa: Acuérdate, acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, a quien anuncio y por el que sufro (cf. 2 Tm 2,8-9). Pero el Apóstol puede decir esto porque él es el primero en acordarse de Cristo, que lo llamó cuando era un perseguidor de los cristianos, lo conquistó y transformó con su gracia.

El catequista, pues, es un cristiano que lleva consigo la memoria de Dios, se deja guiar por la memoria de Dios en toda su vida, y la sabe despertar en el corazón de los otros. Esto requiere esfuerzo. Compromete toda la vida. El mismo Catecismo, ¿qué es sino memoria de Dios, memoria de su actuar en la historia, de su haberse hecho cercano a nosotros en Cristo, presente en su Palabra, en los sacramentos, en su Iglesia, en su amor? Queridos catequistas, les pregunto: ¿Somos nosotros memoria de Dios? ¿Somos verdaderamente como centinelas que despiertan en los demás la memoria de Dios, que inflama el corazón?

3. «¡Ay de los que se fían de Sión», dice el profeta. ¿Qué camino se ha de seguir para no ser «superficiales», como los que ponen su confianza en sí mismos y en las cosas, sino hombres y mujeres de la memoria de Dios? En la segunda Lectura, san Pablo, dirigiéndose de nuevo a Timoteo, da algunas indicaciones que pueden marcar también el camino del catequista, nuestro camino: Tender a la justicia, a la piedad, a la fe, a la caridad, a la paciencia, a la mansedumbre (cf. 1 Tm 6,11).

El catequista es un hombre de la memoria de Dios si tiene una relación constante y vital con él y con el prójimo; si es hombre de fe, que se fía verdaderamente de Dios y pone en él su seguridad; si es hombre de caridad, de amor, que ve a todos como hermanos; si es hombre de «hypomoné», de paciencia, de perseverancia, que sabe hacer frente a las dificultades, las pruebas y los fracasos, con serenidad y esperanza en el Señor; si es hombre amable, capaz de comprensión y misericordia.

Pidamos al Señor que todos seamos hombres y mujeres que custodian y alimentan la memoria de Dios en la propia vida y la saben despertar en el corazón de los demás. Amén.

 

EL PAPA ENCUENTRA A LOS CATEQUISTAS

EL PAPA ENCUENTRA A LOS CATEQUISTAS


Dios no tiene miedo a las periferias, el Papa encuentra a los catequistas

(RV).- La tarde del viernes 27 en el Aula Pablo VI del Vaticano, se llevó a cabo el esperado encuentro del Papa Francisco con miles de participantes al Congreso Internacional sobre la Catequesis (Roma, 26-28 de septiembre de 2013) sobre el tema: “El catequista, testimonio de la fe”, promovido y organizado con ocasión del Año de la fe.

Discurso del Papa Francisco


Queridos catequistas, ¡buenas tardes!


Me alegra que en el Año de la fe se lleve a cabo para ustedes este encuentro: la catequesis es una columna para la educación de la fe, y ¡se necesitan buenos catequistas! Gracias por este servicio a la Iglesia y en la Iglesia. También a veces puede ser difícil, se trabaja tanto, se empeña y no se ven los resultados deseados, ¡educar en la fe es bello! Es quizás la mejor herencia que podemos dar: ¡la fe! Educar en la fe, para que esta crezca. Ayudar a los niños, a los muchachos, a los jóvenes, a los adultos a conocer y a amar cada vez más al Señor, es una de las aventuras educativas más bellas, ¡se construye la Iglesia! ¡”Ser” catequistas! No trabajar como catequistas, ¡eh! ¡Eso no sirve! Yo trabajo como catequista porque me gusta enseñar… pero tú no eres catequista, ¡no sirve! ¡No serás fecundo! ¡No serás fecunda! Catequista es una vocación: “ser catequista”, esa es la vocación; no trabajar como catequista. Entiendan bien, no he dicho “hacer” el catequista, sino “serlo”, porque envuelve la vida. Se guía al encuentro con Jesús con las palabras y con la vida, con el testimonio. Recuerden aquello que Benedicto XVI nos ha dicho: “la Iglesia no crece por proselitismo. Crece por atracción”. Y eso que atrae es el testimonio. Ser catequista significa dar testimonio de la fe; ser coherente con la propia vida. Y esto no es fácil. ¡No es fácil! Nosotros ayudamos, nosotros guiamos hacia el encuentro con Jesús con las palabras y con la vida, con el testimonio. Me gusta recordar aquello que San Francisco de Asís decía a sus frailes: “prediquen siempre el Evangelio y si fuese necesario también con las palabras”. Pero antes el testimonio: que la gente vea en sus vidas el Evangelio, pueda leer el Evangelio. Y “ser” catequistas requiere amor, amor a Cristo cada vez más fuerte, amor a su pueblo santo. Y este amor no se compra en las tiendas; no se compra ni siquiera aquí en Roma. ¡Este amor viene de Cristo! ¡Es un regalo de Cristo! ¡Es un regalo de Cristo! Y si viene de Cristo parte de Cristo y nosotros debemos volver a partir desde Cristo, de este amor que no da. Para un catequista, para ustedes, también para mí, porque también yo soy catequista ¿qué cosa significa este volver a partir de Cristo? ¿Qué cosa significa?
1.- Ante todo hablare de tres cosas: uno, dos, tres, como hacían los viejos jesuitas… ¡uno, dos y tres! Antes que nada volver a partir desde Cristo significa tener familiaridad con Él. Tener esta familiaridad con Jesús. Jesús lo recomienda con insistencia a los discípulos en la Última Cena, cuando se disponen a vivir con Él el don más alto de amor, el sacrificio de la Cruz. Jesús utiliza la imagen de la vid y de los sarmientos y dice: permanezcan en mi amor, permanezcan unidos a mí, como el sarmiento está unido a la vid. Si estamos unidos a Él podemos dar fruto, y ésta es la familiaridad con Cristo. ¡Permanecer en Jesús! Es un permanecer apegado a Él, dentro de Él, con Él, hablando con Él: pero, permanecer en Jesús.


La primera cosa, para un discípulo, es estar con el Maestro, escucharlo, aprender de Él. Y esto vale siempre, ¡es un camino que dura toda la vida, eh! Recuerdo, tantas veces en la diócesis, en la otra diócesis que tenía antes, de haber visto al final de los cursos en el seminario catequístico, a los catequistas que salían: “!tengo el título de catequista!”. Eso no sirve, no tienes nada: ¡has hecho un camino pequeñito, eh! ¿Quién te ayudará? ¡Esto vale siempre! No es un título, es una actitud: ¡estar con Él y dura toda la vida! Es un estar en presencia del Señor, dejarse mirar por Él. Yo les pregunto: “¿cómo están ustedes en presencia del Señor?” Cuando vas al Señor, miras el Tabernáculo, ¿qué cosa haces? Sin palabras… “Pero yo digo, digo, pienso, medito, siento…” ¡Muy bien! ¿Pero tú te dejas mirar por el Señor? ¡Dejarse mirar por el Señor! El nos mira y esta es una forma de rezar. ¿Te dejas mirar por el Señor? “pero ¿cómo se hace?”. Mira el Tabernáculo y déjate mirar… ¡Es simple! “Es un poco aburrido, me duermo…”. ¡Duérmete! ¡Duérmete! Él te mirará lo mismo. Él te mirará lo mismo. ¡Pero estate seguro que Él te mira! Y esto es más importante que el título de catequista: es parte del ser catequista. Esto enardece el corazón, tiene encendido el fuego de la amistad con el Señor, te hace sentir que Él te mira verdaderamente, te es cercano y te quiere. En una de las salidas que he hecho, aquí en Roma, en una misa, se me acerco un señor, relativamente joven, y me dijo: “Padre, un gusto conocerlo. ¡Pero yo no creo en nada! ¡No tengo el don de la fe!”. Entendía que era un don… “¡No tengo el don de la fe! ¿Usted qué cosa me dice?”. “¡No te desconsueles. Él te quiere. Déjate mirar por Él! Nada más”. Y esto se los digo a ustedes. ¡Déjense mirar por el Señor! Entiendo que para ustedes no es tan fácil: especialmente para quien está casado y tiene hijos, es difícil encontrar un largo tiempo de calma. Pero, gracias a Dios, no es necesario, no es necesario que todos lo hagan de la misma manera, en la Iglesia hay variedad de vocaciones y variedad de formas espirituales; lo importante es encontrar la manera adecuada para estar con el Señor; y esto se puede, es posible en todo estado de vida. En este momento cada uno puede preguntarse: ¿cómo vivo yo este “estar” con Jesús? Esta es una pregunta que les dejo: “¿cómo vivo yo este estar con Jesús? ¿Este permanecer en Jesús?” ¿Tengo momentos en los que permanezco en su presencia, en silencio, me dejo mirar por Él? ¿Dejo que su fuego enardezca mi corazón? Si en nuestro corazón no existe el calor de Dios, de su amor, de su ternura, ¿cómo podemos nosotros, pobres pecadores, enardecer el corazón de los demás? ¡Piensen en esto, eh!


2. El segundo elemento es éste. Segundo: volver a partir de Cristo significa imitarlo en el salir de sí mismo e ir al encuentro del otro. Ésta es una experiencia hermosa, y un poco paradójica. ¿Por qué? Porque nos coloca al centro de la propia vida ¡Cristo se descentraliza! Mientras más te unes a Jesús y Él se vuelve el centro de tu vida, más Él te hace salir de ti mismo, te descentraliza y te abre a los otros. Este es el verdadero dinamismo de amor, ¡éste es el movimiento de Dios mismo! Dios es el centro, pero es siempre don de sí mismo, relación, vid que se comunica… Así nos transformamos si permanecemos unidos a Cristo, Él nos hace entrar en este dinamismo del amor. Pero siempre es don de si, relación, vida que se comunica. Así también nosotros no convertimos, si permanecemos unidos a Cristo, Él nos hace entrar en este dinamismo del amor. Donde hay verdadera vida en Cristo, hay apertura hacia el otro, hay salida de sí para ir al encuentro del otro en el nombre de Cristo. Y este es el trabajo del catequista: salir continuamente de sí por amor, para testimoniar a Jesús y hablar de Jesús, predicar a Jesús. Pero esto es importante porque lo hace el Señor: es precisamente el Señor que nos empuja a salir. El corazón del catequista vive siempre este movimiento de “sístole – diástole”: unión con Jesús – encuentro con el otro. Son las dos cosas: yo me uno a Jesús y salgo al encuentro con los demás. Si falta uno de estos dos movimientos el corazón no late más, no puede vivir. Recibe como don el kerigma, y a su vez lo ofrece como don. Esta palabrita: don. El catequista es consciente que ha recibido un don, el don de la fe, y lo da como don a los otros. Y esto es hermoso… y por esto no se saca un porcentaje, ¿eh? ¡Todo lo que recibe lo, da! ¡Esto no es un negocio! ¡No es un negocio! Es don puro: don recibido y don transmitido. Y el catequista está allí, en este cruce de dones. Es así en la naturaleza misma del kerigma: es un don que genera misión, que empuja siempre más allá de nosotros mismos. San Pablo decía: «El amor de Cristo nos empuja», pero aquel “nos empuja” se puede traducir también “nos posee”. Y así: el amor te atrae y te envía, te toma y te dona a los demás. En esta tensión se mueve el corazón del cristiano, en particular el corazón del catequista. Preguntémonos todos: ¿es así que late mi corazón de catequista: unión con Jesús y encuentro con el otro? ¿Con este movimiento de “sístole y diástole”? Se alimenta en la relación con Él, pero ¿para llevarlo a los demás y no para retenerlo? Les digo una cosa: no entiendo como un catequista pueda quedarse quieto, sin este movimiento. ¡No entiendo!


3. Y el tercer elemento -tres- se encuentra siempre en esta línea: volver a partir de Cristo significa no tener miedo de ir con Él a las periferias. Aquí me viene a la mente la historia de Jonás, una figura verdaderamente interesante, especialmente en nuestros tiempos de cambios y de incertidumbres. Jonás es un hombre pío, con una vida tranquila y ordenada, esto lo lleva a tener sus esquemas bien claros y a juzgar todo y a todos con estos esquemas, de manera rígida. Tiene todo claro, la verdad es esta… ¡Es rígido!


Por eso cuando el Señor lo llama y le dice ir a predicar a Nínive, la gran ciudad pagana, Jonás se siente capaz. “¡Ir allá! ¡Pero si yo tengo toda la verdad aquí! No se siente capaz… Nínive está fuera de sus esquemas, está en la periferia de su mundo. Y entonces escapa, huye, se va a España, se embarca en una nave que va por esos lados. ¡Vuelvan a leer el Libro de Jonás! Es breve, pero es una parábola muy instructiva, especialmente para nosotros que estamos en la Iglesia.


¿Qué cosa nos enseña? Nos enseña a no tener miedo de salir de nuestros esquemas para seguir a Dios, porque Dios va siempre más allá. Pero ¿saben una cosa? ¡Dios no tiene miedo! ¿Sabían esto ustedes? ¡No tiene miedo! ¡Esta siempre más allá de nuestros esquemas! Dios no tiene miedo de las periferias. Por eso, si ustedes van a las periferias lo encontraran allí. Dios es siempre fiel, es creativo. Pero por favor, no se entiende un catequista que no sea creativo. Y la creatividad es como la columna del ser catequista. Dios es creativo, no es cerrado, y por esto jamás es rígido, ¡Dios no es rígido! Nos acoge, nos viene al encuentro, nos comprende. Para ser fieles, para ser creativos, es necesario saber cambiar. Saber cambiar. ¿Y por qué debo cambiar? Es para adecuarme a las circunstancias en las que debo anunciar el Evangelio. Para permanecer con Dios en necesario saber salir, no tener miedo de salir. Si un catequista se deja llevar por el miedo, es un cobarde; si un catequista se está ahí tranquilo termina por ser una estatua de museo: ¡y tenemos tantas eh! ¡Tenemos tantas!¡Por favor, ninguna estatua de museo! Si un catequista es rígido se vuelve acartonado y estéril. Les pregunto: ¿alguno de ustedes quiere ser cobarde, estatua de museo o estéril? ¿Alguno lo quiere? (catequistas ¡No!) ¿No? ¿seguro? ¡Bien! Pero lo que les diré ahora lo he dicho tantas veces. Pero me viene del corazón decirlo. Cuando nosotros cristianos estamos cerrados en nuestro grupo, en nuestro movimiento, en nuestra parroquia, en nuestro ambiente, permanecemos cerrados y nos pasa lo que le pasa a todo aquel que es cerrado: cuando una habitación está cerrada empieza el olor de humedad… y si una persona está encerrada en ese cuarto , ¡se enferma! Cuando un cristiano esta cerrado en su grupo, en su parroquia, en su movimiento está cerrado, se enferma. Si un cristiano sale por las calles en las periferias, puede pasarle aquello que sucede a cualquier persona que va por la calle: un accidente… Tantas veces hemos visto accidentes… pero les digo: ¡prefiero mil veces una iglesia accidentada y no una iglesia enferma! ¡Una iglesia, un catequista que tenga el valor de arriesgar para salir y no un catequista que sabe todo, pero cerrado siempre y enfermo. Y a veces enfermo de la cabeza…


Pero ¡atención! Jesús no dice: vayan, arréglenselas. ¡No! ¡No dice eso! Jesús dice: ¡vayan, estoy con ustedes! Ésta es nuestra belleza y nuestra fuerza: si nosotros vamos, si nosotros salimos a llevar su Evangelio con amor, con verdadero espíritu apostólico, con parresia, Él camina con nosotros, nos precede, nos “primerea”. ¡El Señor siempre nos primerea! Ya han aprendido el sentido de esta palabra. ¡Y esto lo dice la Biblia eh! No lo digo yo. La Biblia dice, el Señor dice en la Biblia: “yo soy como la flor del almendro”. ¿Por qué? Porque es la primera flor que florece en la primavera. Él es siempre “primero”. ¡Él es primero! Esto es fundamental para nosotros: ¡Dios siempre nos precede! Cuando pensamos ir lejos, en una periferia extrema, y quizás tenemos un poco de temor, en realidad Él ya está allá: Jesús nos espera en el corazón de aquel hermano, en su carne herida, en su vida oprimida, en su alma sin fe. Pero ustedes saben, una de las periferias que me hace tanto mal, que siento dolor -lo vi en la diócesis que tenía antes-, es aquella de los niños que no saben hacerse la señal de la cruz. En Buenos Aires hay tantos niños que no saben hacerse el signo de la cruz. Esta es una periferia ¡eh! Se necesita ir ahí. Y Jesús está allí, te espera para ayudar a ese niño a hacerse el signo de la cruz. Él nos precede siempre.


Queridos catequistas, los tres puntos terminaron… ¡siempre volver a partir de Cristo! Les digo gracias por aquello que hacen, pero sobre todo porque están en la Iglesia, en el Pueblo de Dios en camino. Permanezcamos con Cristo, permanecer en Cristo, busquemos cada vez más de ser una cosa sola con Él; sigámoslo, imitémoslo en su movimiento de amor, en su ir al encuentro del hombre; y salgamos, abramos las puertas, tengamos la audacia de trazar nuevas vías para el anuncio del Evangelio. Que el Señor los bendiga y la Virgen los acompañe. ¡Gracias!

RUEDA DE PRENSA PARA LA PRESENTACIÓN DE LAS JORNADAS DEDICADAS A LOS CATEQUISTAS EN EL AÑO DE LA FE

Principio del formulario

RUEDA DE PRENSA PARA LA PRESENTACIÓN DE LAS JORNADAS DEDICADAS a los catequistas EN EL AÑO DE LA FE

(25 al 29 de septiembre de 2013)

A las 11:30, en el Aula Juan Pablo II de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, se celebró la conferencia de prensa para presentar el evento del Año de la Fe: “Día de los catequistas” (28 al 29 de septiembre de 2013), que es precedida, del 26 al 28 septiembre, por el Congreso Internacional de Catequesis. Durante la rueda de prensa también se presentó una nueva aplicación del Catecismo de la Iglesia Católica para las tabletas y teléfonos inteligentes.

Ponentes: S. E. el arzobispo Rino Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, SE Mons. José Octavio Ruiz Arenas, secretario del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, Mons. Graham Bell, Subsecretario del Departamento.

Publicamos a continuación la intervención de Su Excelencia Sr. Mons. Rino Fisichella:

El camino del Año de la Fe llega a su fase más significativa con los días dedicados a los catequistas, que serán del 25 al 29 de septiembre. Un evento que está lleno de expectativas por el mismo tema, que tiene que ver con el papel importante que la catequesis ha tenido siempre en la vida de la Iglesia desde el principio. Entre los principales eventos que se han organizado no podía faltar la atención a la catequesis. El Año de la fe, como se sabe, quiere recordar tanto la celebración de los cincuenta años del comienzo del Concilio Vaticano II, como el vigésimo aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. La competencia del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, que en su nacimiento fue el encargado, entre otras, de promover este catecismo, también ha recibido, recientemente, la jurisdicción de toda la catequesis. El compromiso es considerable, especialmente si tenemos en cuenta los fuertes lazos que desde que el Concilio se han establecido entre la catequesis y la evangelización.

En este sentido, puedo anunciar que, en las próximas semanas, estará a disposición de los usuarios una aplicación gratuita “Catecismo de la Iglesia Católica” para las tabletas y teléfonos inteligentes. Estamos particularmente satisfechos de haber logrado este objetivo – con el generoso apoyo de la Conferencia Episcopal italiana – que permitirá disponer del Catecismo la Iglesia Católica así como de su Compendio, con la capacidad y la facilidad de acceso a los textos de referencia, referencias bíblicas (versión Cei Biblia, 1974 y 2010), la búsqueda de los términos en cuestión y de los textos de referencia, con la posibilidad de su transferencia a través de facebook, Twitter y más. La herramienta es muy útil para aquellos que deseen conocer más acerca de la fe transmitida a través de los siglos y el patrimonio de la doctrina y la espiritualidad condensado en esas páginas.
El primer tiempo de este evento estará dedicado al Consejo Internacional para la Catequesis que se llevará a cabo el 25 de septiembre. La tarea de este Consejo es el estudio de las cuestiones más importantes de la catequesis para promover una unidad de servicio a las Conferencias Episcopales y permitir el intercambio de experiencias entre los operadores de la catequesis. El 1 de octubre de 2012, el Consejo, establecido por el Papa Pablo VI en 1973, ha sido renovado y tendrá como primera tarea verificar la situación de la catequesis en el mundo en la última década y el plan para el nuevo compromiso que se deriva de su nueva relación con la evangelización.

A continuación tendrá lugar el Congreso Internacional de la catequesis, que se celebrará en el Aula Pablo VI del 26 de septiembre al 28. El tema que se desarrollará se referirá en particular a la primera parte del Catecismo de la Iglesia Católica sobre el tema de la fe. En un período de profunda fragmentación cultural, el Congreso tiene la intención de proponer algunas vías para la formación unitaria de los catequistas con el deseo de ofrecer a la comunidad cristiana un nuevo impulso dinámico en el redescubrimiento de la riqueza de la fe y de su innegable valor para dar sentido personal a la vida. Durante estos días se alternarán diferentes oradores procedentes de diferentes centros académicos. Momento especial será la catequesis que será ofrecida por el Papa Francisco en la tarde del viernes, 27 de septiembre, a las 17. Han sido invitados a esta reunión los representantes de las Comisiones Episcopales para la evangelización y la catequesis de las Conferencias episcopales, representantes de los centros nacionales de catequesis y los representantes de las oficinas diocesanas. Todos han respondido con gran entusiasmo a nuestra invitación, por lo que hoy en día podemos contar con 104 delegaciones, representantes procedentes de 50 países diferentes para un total de 1.600 participantes. El mundo podrá estar verdaderamente representado: de África a Oceanía, de América del Norte al Sur, de Europa a Asia.

La tercera etapa de este evento – el Día de los catequistas – espera para el sábado 28 y el domingo 29 de septiembre la tradicional peregrinación a la tumba de Pedro , la catequesis unida al momento de la celebración del Sacramento de la Reconciliación y la Adoración Eucarística . Participarán en las catequesis 14 obispos de diferentes idiomas: Italiano (Cardenal Bagnasco y Caffarra; etc. Obispos : Nosiglia, Spinillo, Mazzocato, Ambrosio, Bertolone , Semeraro , Zuppi ), francés (Cardenal Ricard , SE de Moulins -Beaufort ), Inglés (Cardenal Edwin O’Brien), Portugués ( Braz de Aviz Card ), español (cardenal Martínez Sistach ). Por el gran número de participantes y para crear menos molestias a la ciudad, organizamos las catequesis en las iglesias cercanas a la Basílica de San Pedro, dividiendo los grupos por idiomas: los extranjeros tendrán la catequesis por la mañana, mientras que los italianos la tendrán por la tarde. Muchas parroquias y muchos centros se están organizando en Roma para estos dos días, por lo que se espera que también en este caso pueda llegar fácilmente la presencia de peregrinos a más de 100.000 personas. Domingo, 29 de septiembre a las 10:30 am, el Santo Padre Francisco celebrará la Santa Eucaristía, que será seguido por el tradicional Ángelus, en la Plaza de San Pedro.
Todo este acontecimiento en su conjunto tendrá como lema principal ” El catequista testigo de la fe. ” Cuantos, de hecho, están llamados a asumir la responsabilidad principal en esta fase de la transmisión de la fe, saben que el testimonio de vida es un elemento importante de la credibilidad de su misión. Como el Papa Francesco escribió en la “Lumen fidei”: «Toqué los cuatro elementos que resumen el tesoro de la memoria que la Iglesia transmite: La confesión de la fe, la celebración de los Sacramentos, el camino del Decálogo, la oración. La catequesis de la Iglesia se ha estructurado tradicionalmente, alrededor de estos cuatro ejes, incluyendo el Catecismo de la Iglesia Católica, herramienta fundamental para el acto unitario con el que la Iglesia comunica todo el contenido de la fe, “todo lo que es y lo que cree”» ( LF 46 ) . En virtud de este proceso vivo, esperamos que los eventos de los próximos días sean un signo para expresar la vitalidad de la fe y e su dinamismo.