Lectio divina Domingo III. CUARESMA. -C- Lucas 13,1-9

Lectio divina

Domingo III de Cuaresma Ciclo C

Lc 13, 1 – 9

24 Marzo 2019

Señor, quiero aprender a tener paciencia

conmigo mismo y con los demás.

Aprender a escuchar tu voluntad,

a descubrir los signos o señales:
que me cuenten algo de lo mucho que haces por mí,

en mi historia personal y familiar;

Enséñame a acercarme al sufrimiento

del hermano, a colaborar

a favor de los más necesitados.


No quiero interpreta torcidamente al prójimo;

no quiero juzgarlo ni culparle de nada;

quiero comprenderlo y amarlo.

TEXTO BÍBLICO Lc 13, 1–9

En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilatos con la de los sacrificios que ofrecían.

Jesús respondió: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.

O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».

Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”.

Pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».

En el Evangelio de este domingo Jesús toma en consideración dos noticias de la actualidad de entonces: un grupo de galileos… había sido reprimido por Pilatos, para lección y escarmiento de todo aquel que osara atentar contra la ocupación romana. Y en segundo lugar, el derrumbamiento de la torre de Siloé, cuyo infortunio se cobró 18 víctimas que perecieron aplastadas.

Todos igual de pecadores, dice Jesús… Lo que realmente cuenta no es lo que se hace o lo que se deja de hacer, sino en nombre de quién y porqué.

Propone Jesús una parábola que llena de misericordia es una invitación a convertirse. Ante la desproporción entre la vida a la que somos llamados y la realidad nuestra de cada día, podemos vernos reflejados en esa historia que cuenta Jesús de la viña que no daba el fruto esperado. Es la imagen de nuestra torpeza y lejanía del designio de Dios. Pero también Jesús es imagen del viñador bueno, con cuya paciencia llegará a salvar la vida de su viña.

Convertirse es aceptar ese cuidado, esa espera y esa atención. Convertirse es dejarse llevar por Otro, hablar en su Nombre, continuar su Buena Noticia, dar la vida por, con y como Él.

La conversión no es tanto protagonizar nuestras gestas salvadoras, cuanto dejarse mirar, dejarse conducir, y asistir al milagro de que en la convivencia misericordiosa con Él, nuestra viña perdida, puede ser salvada, y dar el fruto debido. Esta es la esperanza que nos anuncia Cristo y que en su Iglesia nos anida. + Jesús Sanz Montes, ofm    

  • En el pasaje evangélico de hoy, Jesús se refiere a dos hechos trágicos que en ese tiempo habían suscitado gran impacto… Él conoce la mentalidad supersticiosa de su auditorio y sabe que ellos interpretan de modo equivocado ese tipo de hechos. En efecto, piensan que, si esos hombres murieron cruelmente, es signo de que Dios los castigó por alguna culpa grave que habían cometido; o sea: «se lo merecían». Y, en cambio, el hecho de salvarse de la desgracia equivalía a sentirse «sin falta». Ellos «se lo merecían»; yo no «tengo faltas». Papa Francisco.
  • Jesús rechaza completamente esta visión, porque Dios no permite las tragedias para castigar las culpas, y afirma que esas pobres víctimas no eran de ninguna manera peores que las demás. Más bien, Él invita a sacar de estos hechos dolorosos una advertencia referida a todos, porque todos somos pecadores. En efecto, así lo dice a quienes lo habían interrogado: «Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo». Papa Francisco.
  • Jesús nos llama a cambiar el corazón, a hacer un cambio radical en el camino de nuestra vida, abandonando las componendas con el mal, las hipocresías para emprender con firmeza el camino del Evangelio. Pero, he aquí de nuevo la tentación de justificarnos: «¿De qué deberíamos convertirnos? Papa Francisco.
  • Lamentablemente, cada uno de nosotros se parece mucho a un árbol que, durante años, ha dado múltiples pruebas de su esterilidad. Pero, afortunadamente, Jesús se parece a ese campesino que, con una paciencia sin límites, obtiene una vez más una prórroga para la higuera infecunda: «Déjala por este año todavía por si da fruto en adelante». Papa Francisco.
  • Un «año» de gracia: …el tiempo de nuestra vida, marcado por un cierto número de Cuaresmas, que se nos ofrecen como ocasiones de revisión y de salvación… La invencible paciencia de Jesús. ¿Habéis pensado en la paciencia de Dios? ¿Habéis pensado también en su obstinada preocupación por los pecadores? ¡Cómo es que aún vivimos con impaciencia en relación a nosotros mismos! Papa Francisco.
  • Nunca es demasiado tarde para convertirse. Hasta el último momento: la paciencia de Dios nos espera. Cuántas veces nosotros estamos… a punto de caer y el Señor nos salva: nos salva porque tiene una gran paciencia con nosotros. Y esta es su misericordia. Nunca es tarde para convertirnos, pero es urgente, ¡es ahora! Comencemos hoy. Papa Francisco,

“¿Qué tengo yo que buscas mi amistad?

¿Cuál es tu interés, Jesús mío,

que a mi puerta, cubierto de rocío,

pasas las noches del invierno a oscuras?

¡Oh, cuan duro fui por dentro,

pues no te abrí! ¡Qué extraño desatino

si de mí ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:

“Alma, asómate ahora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía!”

Y ¡cuántas, hermosura soberana:

Mañana le abriremos‟, respondía,

para lo mismo responder mañana!”

Amén (San Agustín)

  • Dios te invita a la transformación, al cambio de tu vida. Él quiere cambiar el interior de la vida y del mundo, tu corazón, tus sentimientos, tu sensibilidad y tus valores, para que surja, sin forzar, el ser humano que toda la realidad añora y anhela.
  • Dios no tolera la opresión, más aún, toma partido en favor de las víctimas de la injusticia. Siempre está en el bando de los oprimidos. Y te llama a ti para que le ayudes a restaurar la paz, la justicia, la solidaridad… ¿Qué le respondes?
  • Jesús interpela a todo aquel que está siempre dejando “para mañana” la conversión, el dejar definitivamente un mal hábito, el corregir una conducta negativa. El Señor da un tiempo de espera para que por fin la higuera comience a fructificar. Pero al final, “si no da fruto, se corta”.
  • La conversión no es simplemente para “no perecer” sino para que, por la obra de Jesús, -el viñador que nos invita a tomar en serio el tiempo de sus cuidados- la fuerza escondida del Reino relance tu vida hacia su plenitud, desarrollando todas tus potencialidades en la dirección para la que fuiste creado/a.
  • Dios te da este tiempo de cuaresma para acercarte a Él reconociéndote pecador, con la firmeza de querer ser cada día más parecido a Él, para estar más cerca de su corazón: “Señor, déjame todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Quiero, Señor, dar frutos tomado de tu mano”.

  • Revisa tus acciones, tus actitudes, aquellas que no dan fruto bueno. Remuévelas y abónalas con la Palabra del Señor, la oración y los sacramentos.
  • Escucha las palabras de Jesús dirigidas a ti, hoy…. dialoga con Él… Háblale de corazón a corazón. Él sabe de tu vida, de tus virtudes y pecados. ¿Qué te dice? ¿Qué le respondes?
  • El pasaje de hoy te invita a no aplazar la conversión. Es un buen momento para acercarte al Sacramento de la Reconciliación.
  • No te olvides de orar por los que se sienten cansados y no cuidan de su “higuera”. Acompáñalos, está cerca de ellos y ayúdalos a cuidarla.
  • Plantéate qué necesitas abonar en tu tierra para que la higuera dé el fruto que el Señor y los hermanos esperan.
  • Acepta con paz y serenidad los acontecimientos dolorosos de la vida. Que te sirvan para crecer en la fe y confianza con Dios.
  • “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”. Es un buen momento para acercarte a tantas personas que conoces y que como la higuera llevan años sin dar fruto. Hazte próximo, se buen abono y ayúdale a crecer, a dar los frutos para los que Dios lo planto en la vida.

 

DAR FRUTO EN ADELANTE

Catequistas de Cádiz y Ceuta

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