Lectio divina Domingo I. CUARESMA. -C- Lucas 4,1-13

Lectio divina

Domingo I Cuaresma. Ciclo C

Lc 4, 1- 13

10 Marzo 2019

Danos, Señor, un corazón puro, una gran paz interior,
y claridad sobre lo que tú quieres

que vivamos en esta Cuaresma

en nuestras familias, en nuestras comunidades,

en nuestras parroquias y grupos.

Haz, Señor, que podamos ver tu rostro
en todas las situaciones complejas y difíciles
de nuestra historia personal y comunitaria.

Danos, Señor, fortaleza para superar
las tentaciones que nos asechan continuamente
y descubrir en cada momento tu presencia
en las cosas, en nuestros hermanos

y en nuestra propia vida.

TEXTO BÍBLICO Lc 4, 1- 13

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo. En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre.

Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». Jesús le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre”».

Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo».

Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».

Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”».

Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

En el pórtico de la Cuaresma recién comenzada encontramos a Jesús tentado por el diablo. El demonio –en medio de este mundo que lo ignora y lo frivoliza– está más presente que nunca en los miedos, en los dramas, en las mentiras y en los vacíos del hombre postmoderno, aparentemente desenfadado, juguetón y divertido.

Con Jesús, como con todos, el diablo tratará de hacerle una única tentación, aunque con diversos matices: romper la comunión con el Padre Dios… Tratará de conducir a Jesús por un camino en el que Dios o es banal y superfluo, o es inútil y pernicioso.

Prescindir de Dios porque yo reduzco mis necesidades a un pan que yo mismo puedo fabricarme, cual si fuera mi propia hada mágica (1ª tentación). Prescindir de Dios modificando su plan sobre mí, incluyendo aspiraciones de dominio que no tienen que ver con la misión que Él me confió (2ª tentación). Prescindir de Dios banalizando su providencia, haciéndola capricho o divertimento (3ª tentación).

Esto resulta actual si vamos traduciendo con nombres y color, cuáles son las tentaciones ¡reales! que a cada uno y a todos juntos, nos separan de Dios, y por tanto de los demás. La tentación del dios-tener (en todas sus manifestaciones de preocupación por el dinero, por la acumulación, por las “devociones” de lotos y azares, por el consumo crudo y duro).

La tentación del dios-poder (con toda la gama de pretensiones trepadoras, que confunden el servicio a los demás con el servirse de los demás, para los propios intereses y controles).

La tentación del dios-placer (con tantas, tan desdichadas y sobre todo tan deshumanizadoras formas de practicar el hedonismo, tratando de censurar inútilmente nuestra limitación y finitud).

¿Quién duda de que hay mil diablos, que nos encantan y seducen desde el chantaje de sus condiciones, y poniéndonoslo fácil y atractivo, nos separan de Dios de los demás y de nosotros mismos? Jesús venció al diablo. La cuaresma es un tiempo para volvernos al Señor volviendo a unir todo cuanto el tentador ha separado.

  • El evangelista describe la prueba que Jesús afrontó voluntariamente, antes de iniciar su misión mesiánica. Él, en esos cuarenta días de soledad, se enfrentó a Satanás «cuerpo a cuerpo», desenmascaró sus tentaciones y lo venció. Y en Él hemos vencido todos, pero a nosotros nos toca proteger esta victoria en nuestra vida diaria. Papa Francisco.
  • “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. Después de cuarenta días de ayuno, el Señor tuvo hambre. La verdadera tentación no es el mero hecho de saciar su hambre, sino que lo que pretende Satanás es apartar a Jesús de su misión. El Padre lo había enviado como Siervo paciente, para redimir a la humanidad a través de la cruz y del sufrimiento. Y el demonio quiere que haga uso de su poder en provecho propio y que se sirva de su mesianismo para su servicio, comodidad y complacencia personal. Papa Francisco
  • “Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo…pues Dios encargará a sus ángeles que cuiden de ti”. Tentación de vanagloria. Trataba de poner a Jesús en una situación tal que obligara a Dios a hacer un milagro. Otra vez, lo mismo: quería que el Señor se sirviera de Dios para servirse a sí mismo. Él había venido “no para ser servido, sino para servir”. Debía salvar al mundo por su condición de “Siervo de Yahvé”. Y el demonio quiere que tergiverse totalmente su misión. Papa Francisco
  • “Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado y yo lo doy a quien quiero. Si tú te postras ante mí, todo será tuyo” Satanás quiere cambiar el Reino que él traía -un Reino de cruz, de humildad y de servicio- por un reino de dominio, de poder, de fausto, de esplendor. ¡Lo más radicalmente opuesto a lo que Él había venido! Su predicación estaba en total antagonismo con estos criterios… y el demonio quiere vencerlo precisamente por aquí. Papa Francisco
  • Éstas siguen siendo las tentaciones con las que Satanás quiere hacernos sucumbir también a nosotros. Su plan es siempre el mismo: la mentira, la vanagloria, el camino fácil, los triunfos fulminantes y espectaculares, la comodidad, el uso de nuestras cualidades para nuestra propia gloria y honra, para que los demás nos alaben, se “impresionen” y nos sirvan… ¿No son éstos nuestros puntos más flacos? ¡Y cuántas veces el demonio nos derrota por aquí! Papa Francisco
  • El camino de Jesús pasa a través del desierto. El desierto es el lugar donde se puede escuchar la voz de Dios y la voz del tentador. En el rumor, en la confusión esto no se puede hacer; se oyen sólo las voces superficiales. En cambio, en el desierto podemos bajar en profundidad, donde se juega verdaderamente nuestro destino, la vida o la muerte. ¿Y cómo escuchamos la voz de Dios? Papa Francisco
  • (Al Señor lo) escuchamos en su Palabra. Por eso es importante conocer las Escrituras, porque de otro modo no sabremos responder a las asechanzas del maligno. El desierto cuaresmal nos ayuda a decir no a la mundanidad, a los «ídolos», nos ayuda a hacer elecciones valientes conformes al Evangelio y a reforzar la solidaridad con los hermanos. Papa Francisco

Señor, dicen que entrar en la Cuaresma es como entrar contigo en un desierto.

¡Como si no hubiera ya suficientes “desiertos” en mi vida!

Tú me conoces, Señor, Tú lo sabes todo:

  • conoces mi soledad de cada día,
  • conoces mis miedos y mis luchas,
  • conoces mis “mermas” y disminuciones,
  • la salud, que se va llenando de “goteras”,
  • la desgana y la falta de ilusión (yo, que antes me comía el mundo…),
  • la jubilación anticipada, que me hace sentir como un trasto inútil,
  • la marcha de los hijos (es verdad, es ley de vida… ¡pero qué vacío dejan!)…

Ah, Señor, la vida no es fácil. Tú lo sabes, Tú lo ves, Señor:

– los apuros para llegar a fin de mes,
– lo difícil que lo tienen los jóvenes para encontrar un trabajo digno,
– la violencia e inseguridad que se instala, poco a poco, en nuestras ciudades,
– la droga, que amenaza a nuestros hijos, hermanos o amigos…

Y, abriendo más los ojos, abarcando el mundo:

– Tú ves, Señor, inmensos desiertos poblados de hermanos que mueren de hambre y de sed, o viven la agonía cotidiana de la amenaza de muerte por guerras absurdas,
– ves la corrupción y la codicia de quienes gobiernan el mundo y no se compadecen de aquellos a los que les ha tocado peor suerte.

Y finalmente, ves, Señor, otro desierto más oculto:

  • el de mi pecado, que no quiero que exista,
  • y el del pecado del mundo, que amenaza la vida.

Ayúdanos, Señor y Maestro, a reconocer nuestros desiertos.

  • Ayúdanos a vencer al tentador en ellos.
  • Ayúdanos a salir de ellos, de tu mano, caminando hacia la Vida.
  • Enséñanos a vencer, con la luz de tu Palabra y la fuerza de tu Eucaristía.
  • Re-créanos y ayúdanos a vencer Tú, Hijo amado del Padre y Hermano nuestro.

  • Reflexionar sobre las tentaciones a las que Jesús fue sometido en el desierto es una invitación para cada uno de nosotros a responder a una pregunta fundamenta: ¿qué es importante realmente en mi vida?
  • El núcleo de las tres tentaciones que sufrió Jesús, es la propuesta de instrumentalización de Dios, de usarlo para los propios intereses, para la propia gloria y el propio éxito. Y por lo tanto, de ponerse en lugar de Dios, sacándolo de la propia existencia y haciéndole parecer superfluo. ¿Qué lugar tiene Dios en mi vida? ¿Es Él el Señor o soy yo?
  • Convertirse significa dejar que Dios nos transforme, dejar de pensar que somos nosotros los únicos constructores de nuestra existencia; significa reconocer que somos criaturas, que dependemos de Dios, de su amor, y solamente “perdiendo” nuestra vida en Él podemos ganarla.
  • Hoy no se puede ser cristiano como simple consecuencia del hecho de vivir en una sociedad que tiene raíces cristianas, o de nacer en una familia cristiana y es educado religiosamente. Debe, cada día, renovar la elección de ser cristiano, es decir dar a Dios el primer puesto frente a las tentaciones que una cultura secularizada le propone continuamente, frente al juicio crítico de muchos contemporáneos.
  • Las pruebas a las que la sociedad actual pone al cristiano, de hecho, son muchas y tocan la vida personal y social. No es fácil ser fiel al matrimonio cristiano, practicar la misericordia en la vida cotidiana, dejar espacio a la oración y al silencio interior; no es fácil oponerse públicamente a elecciones que muchos consideran obvias… La tentación de poner la fe a parte está siempre presente y la conversión se convierte en una respuesta a Dios que debe ser confirmada más veces en la vida.
  • Convertirse significa no cerrarse en la búsqueda del propio éxito, del propio prestigio, de la propia posición, sino hacer que cada día, en las pequeñas cosas, la verdad, la fe en Dios y el amor se conviertan en lo más importante.
  • En esta Cuaresma debemos también nosotros atravesar el desierto, la soledad, el silencio, la reflexión, la meditación, el ayuno, pero siendo conscientes de lo que significan.  Ser cristiano, seguir a Cristo, es una forma de vida basada en el amor, la justicia y la esperanza.


  • No permitas las dudas ni las insinuaciones de Satanás. Corta como Cristo, poniendo por delante la obediencia a la Palabra de Dios en las pequeñas circunstancias de tu vida de todos los días. ¡Éste puede ser un buen propósito para iniciar la Cuaresma!
  • En este tiempo de Cuaresma renueva tu compromiso en el camino de conversión, para superar la tendencia de cerrarte en ti mismo y hacer espacio a Dios, mirando con sus ojos la realidad cotidiana.
  • En tu comportamiento diario no te olvides de las familias que no tienen nada para comer, ni hogar, ni trabajo…
  • Nosotros ejercemos de alguna forma el poder en nuestro hogar, en nuestras comunidades parroquiales, en nuestro trabajo… Ten presente, que al igual que Jesús, hemos venido a servir, a trabajar por el bien común y a practicar el amor y la solidaridad.
  • Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto“. Y tú, ¿Cómo te dejas conducir por el Espíritu Santo?
  • “el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo”. Tú también en tu vida eres llevado por el Espíritu, y el diablo te tienta, como a Jesús. Intensifica y empieza cada día con momentos de oración, para poder vencer al mal, con el bien.
  • En esta Cuaresma toma conciencia de que ser cristiano, seguir a Jesús, es una forma de vida basada en el amor, la justicia y la esperanza.

 

CAMINO DE CONVERSIÓN

Catequistas de Cádiz y Ceuta

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