Lectio divina Domingo V. T.O. -C- Lucas 5,1-11

Lectio divina

Domingo V T. O. Ciclo C

Lc. 5, 1-11

10 Febrero 2019

Dame coraje y fuerza para dejarlo todo y seguirte.

Quiero aceptar tu reto, – mas siento en la garganta –

un apretado nudo y no sé decir nada.
Oigo tu invitación, – pero no suelto amarras –
y no acierto a zarpar – para ir a la mar alta.

Yo me quedo en la orilla, – que es pequeña mi barca –
y son pocas mis fuerzas – para cruzar las aguas.
¿No podré ser tu amigo – si me quedo en la playa –
recibiendo los besos – de la tarde dorada?

Mas… no. Ven a mi bote, – desenvaina la espada –
y corta de un tajazo – las cuerdas que me amarran.

TEXTO BÍBLICO Lc. 5, 1-11

Una vez que la gente se agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes.

    Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

    Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

    Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse.

    Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador».

    Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

    Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Simón y sus compañeros son sorprendidos por Jesús en el quehacer de cualquier día de su vida: mientras estaban lavando las redes vacías, tras una noche desafortunada. Ahí, en ese cotidiano transcurrir de una vida, ahí estaba también el Señor.

Allí acontece un diálogo entre Jesús y Simón, que es ejemplar. “Rema mar adentro, y echa las redes para pescar”. Y responde Simón: hemos estado toda la noche intentándolo en balde, pero por tu palabra, volveré a echar las redes.

…Lo que determina el asombro de Simón Pedro es la repuesta de Jesús a la vaciedad de los esfuerzos de éste. … la reacción de Simón es la de un asombro netamente religioso: “apártate, Señor, que soy un pecador”.

En su último encuentro en el lago Tiberíades, aún sabiéndose pecador, lejos de decir a Jesús que se aparte, será él quien se lanzará al agua para acortar la distancia. Vale la pena leer los dos encuentros. Finalmente, la llamada y la respuesta: serás pescador de hombres… y ellos, dejándolo todo, lo siguieron.

Este Evangelio es toda una meditación que hay que leer despacio, como quien intuye que uno mismo está en esa barca, que a uno mismo se dirige el Señor, no como a una muchedumbre anónima, sino con mi nombre y situación.

Porque sólo entenderemos este encuentro entre Simón y Jesús, cuando en él veamos descrito nuestro propio encuentro con el Señor. O dicho de otro modo, cuando en el cotidiano lavar nuestras redes, o entre nuestros pucheros y quehaceres, descubrimos una Voz y vemos una Presencia, que nos llama desde todos nuestros vacíos a una plenitud insospechada para la que habíamos trabajado desde nuestras fuerzas insuficientes, la plenitud que había soñado nuestro corazón y para la que está hecho. Ellos, dejándolo todo, siguieron a Jesús.

 

  • «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y su fe no se ve decepcionada: de hecho, las redes se llenaron de tal cantidad de peces que casi se rompían. (Papa Francisco)
  • Frente a este evento extraordinario, los pescadores se asombraron. Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un pecador». Ese signo prodigioso le convenció de que Jesús no es sólo un maestro formidable, cuya palabra es verdadera y poderosa, sino que Él es el Señor, es la manifestación de Dios. Y esta cercana presencia despierta en Pedro un fuerte sentido de la propia mezquindad e indignidad. (Papa Francisco)
  • La respuesta de Jesús a Simón Pedro es tranquilizadora y decidida: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Y de nuevo el pescador de Galilea, poniendo su confianza en esta palabra, deja todo y sigue a Aquel que se ha convertido en su Maestro y Señor. Y así hicieron también Santiago y Juan, compañeros de trabajo de Simón. (Papa Francisco)
  • La lógica que guía la misión de Jesús y la misión de la Iglesia es ir a buscar, «pescar» a los hombres y las mujeres… para restituir a todos la plena dignidad y libertad, mediante el perdón de los pecados. (Papa Francisco)
  • Esto es lo esencial del cristianismo: difundir el amor regenerante y gratuito de Dios, con actitud de acogida y de misericordia hacia todos, para que cada uno puede encontrar la ternura de Dios y tener plenitud de vida. (Papa Francisco)
  • El Evangelio de hoy nos interpela: ¿sabemos fiarnos verdaderamente de la palabra del Señor? ¿O nos dejamos desanimar por nuestros fracasos? Estamos llamados a confortar a cuantos se sienten pecadores e indignos frente al Señor y abatidos por los propios errores, diciéndoles las mismas palabras de Jesús: «No temas». (Papa Francisco)

Un pacto, Señor, te propongo;

perdona mi enorme osadía.

Mis límites yo reconozco:

soy débil y mísero en todo.
Tú eres, en cambio, el camino,

tú eres verdad y eres vida, Señor.

Mira, Jesús, toda mi pobreza:

nada soy ni tengo, y bien lo sabes tú.
Mira, Jesús, toda mi ignorancia:
nada sé ni puedo, y bien lo sabes tú.

Mi vida y mi ser comprometo:
Señor, sólo a ti buscaré:

tu gloria, tu amor, tu querer,
la paz de todos los hombres.

Tú dame la ciencia y la fuerza,

carismas de fe y de entrega total.


Gracias, Jesús, muéstrame tu amor
siempre con María iré hacia ti.

  • Sumérgete en la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de esta contemplación. Toma nota de todo lo que adviertas. ¿Cómo te sientes si asumes el papel de Simón? ¿Qué te dice a ti Jesús?
  • ‘Por tu palabra’. Se pesca mejor de noche y, si no se ha pescado nada, es inútil hacerlo de día, pero Simón pone fe y confianza en Jesús, con un sorprendente resultado. ‘Por tu palabra’ ¿qué estás dispuesto a hacer fiado de Jesús?
  • ‘¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador!’. La manifestación del poder de Dios en Jesús conduce a Simón a reconocerse pecador. La verdadera experiencia de Dios conduce, no a ver los pecados de los demás, sino a reconocerse uno mismo pecador, no merecedor de la atención divina. ¡todo es Gracia!
  • ‘No temas’. Palabra típica de Jesús, por la que es reconocible. ¿Cuáles son tus miedos y temores? ¿Qué efecto tiene en los discípulos estas palabras de Jesús? Jesús parte de que Simón es pescador para lanzarle a una aventura mayor pescador de hombres. Pon a disposición de Dios lo que eres, pero ábrete a ser más, a crecer en la misión.
  • ‘Dejándolo todo, le siguieron’. La vocación (llamada) de cada uno de nosotros se ha desarrollado quizá de un modo similar, de un modo progresivo. Primero alejarse un poco de la orilla, luego llevar la barca mar adentro y luego dejarlo todo para seguir a Jesús. ¿Cómo has respondido a esa llamada? ¿Cómo sigues respondiendo? ¿Qué dejas, o no, por Jesús? ¿En qué le sigues con más decisión y en qué con no tanta? ¿Eres instrumento para que otros se decidan a hacer la experiencia de seguir a Jesús?

  • ‘No temas, en adelante serás pescador de hombres’. Muchas veces el miedo es un paralizante que impide el seguimiento de Jesús. Hay muchos temores e inseguridades, también angustias y desesperanzas en la vida, por eso repetir esta frase puede ayudarte a aferrarte a Jesús, sabiendo que no debes de temer porque Él siempre está contigo.
  • Recuerda momentos, situaciones, personas o lugares que han sido los espacios que Jesús ha utilizado para llamarte a entrar en su escuela y ser así pescador de hombres.
  • Ante todas tus adversidades por muy difíciles que sean di al Señor “Pero si tú lo dices, echaré las redes” y deja que Él actúe.
  • En tus problemas está atento a las señales o indicaciones del Señor. Ten paciencia para escucharlo a través de los hermanos.
  • Invita a alguien a leer el texto que acabas de orar, anima a esta persona a dejarlo todo y a ir detrás de Jesús.
  • Haz una lista de aquellas circunstancias que te paralizan en tu seguimiento y reemprende el camino para que tu respuesta sea cada vez más libre y generosa.
  • Si como Pedro crees en Jesús y obedeces su palabra: “¡Rema mar adentro y echa las redes para la pesca!”, verás un milagro en tu vida.
  • “«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».” Es una buena ocasión para que también tú, que en muchas ocasiones te encuentras “cansado de bregar en la vida”, te lances a la acción en el nombre de Jesús. Seguro que en tu “barca” también se produce el milagro.

 

ECHAD VUESTRAS REDES.

Catequistas de Cádiz y Ceuta

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