Lectio divina Domingo IV. T.O. -C- Lucas 4,21-30

Lectio divina

Domingo IV T.O. Ciclo C

Lc. 4, 21-30

3 Febrero 2019

Dichoso que opta por tomar la antorcha de la santidad

y así iluminar a cuantos aún no han conocido el evangelio.

Dichoso el que HOY se decide jugarse por Jesús,

porque sabe que Jesús se ha jugado antes por él.

Feliz el que HOY abre de par en par las puertas del corazón

a la salvación que Jesús nos trae.

Dichoso el que HOY dice “si” al proyecto de amor

que Dios tiene preparado para el.

Hoy es el momento del encuentro con el Señor.

El pasado ya no está, el futuro vendrá,

lo único que tengo en mis manos es el presente, el hoy!.

TEXTO BÍBLICO Lc. 4, 21-30

    Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.

    Y decían: «¿No es este el hijo de José?». Pero Jesús les dijo: «Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».

    Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón.

    Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio».

    Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.

    Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

    La escena del evangelio de este domingo nos sitúa a Jesús en la Sinagoga de Nazaret. Jesús, pasó por allí al poco tiempo y en su fugaz regreso descubrió la indiferencia llena del prejuicio de sus paisanos hacia su Persona. Puesto de pie, Jesús dirá aquella frase que se ha hecho célebre: nadie es profeta en su tierra.

Los nazaretanos conocían a Jesús como se conoce a un paisano, a alguien del barrio… Recordaban de Jesús lo que habían visto en su juventud mientras crecían en el pueblo. Nosotros podemos recordar lo que hemos aprendido de homilías, sermones… Pero sólo conoce a Jesús quien se ha fiado de su palabra y quien ha quedado seducido por su presencia.

Es hoy un día para desear conocer al Señor por dentro, desde el corazón que ora y que ama, desde el testimonio que narra con obras sencillas y cotidianas, el amor que le embarga y glorifica.

Sólo así podemos decir que Jesús no es un extraño profeta en la tierra de nuestra vida, sino un Dios vecino, cuya casa tiene entraña y tiene hogar, una casa habitada, que abre las puertas de par en par.

Con Él convivimos; a Él le vamos a contar nuestras cuitas buscando el consuelo en los sinsabores cuando la vida parece que nos quiere acorralar; a Él vamos también a agradecer los dones, las muchas alegrías con las que también esa vida nos sonríe. Y descubrimos que ese Buen Dios, el mejor vecino, saber reír y sabe llorar, porque le importa nuestra vida, nuestro destino y nuestra paz.

Dios, sin ser uno cualquiera quiere ser entre nosotros uno más, que no sólo es el Camino, sino también el caminante junto a cada cual. (Jesús Sanz Montes)        

  • El relato evangélico de hoy nos conduce de nuevo a la sinagoga de Nazaret donde Jesús recuerda a los grandes profetas del pasado, Elías y Eliseo, que realizaron milagros a favor de los paganos para denunciar la incredulidad de su pueblo. Llegados a este punto, los presentes se sienten ofendidos, se levantan indignados, expulsan a Jesús fuera del pueblo y quisieron arrojarlo desde un precipicio. Pero Él, con la fuerza de su paz, «se abrió paso entre ellos y seguía su camino». (Papa Francisco)
  • Este relato del evangelista Lucas no es simplemente la historia de una pelea entre paisanos, sino que saca a la luz una tentación a la cual el hombre religioso está siempre expuesto —todos nosotros estamos expuestos— y de la cual es necesario tomar decididamente distancia. Es la tentación de considerar la religión como una inversión humana y, en consecuencia, ponerse a «negociar» con Dios buscando el propio interés. (Papa Francisco)
  • En la verdadera religión se trata de acoger la revelación de un Dios que es Padre y que se preocupa por cada una de sus criaturas, también de aquellas más pequeñas e insignificantes a los ojos de los hombres. (Papa Francisco)
  • En esto consiste el ministerio profético de Jesús: en anunciar que ninguna condición humana puede constituirse en motivo de exclusión del corazón del Padre, y que el único privilegio a los ojos de Dios es el de no tener privilegios, el de no tener padrinos, de abandonarse en sus manos. (Papa Francisco)
  • «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». El «hoy», proclamado por Cristo aquel día, vale para cada tiempo; resuena también para nosotros, recordándonos la actualidad y la necesidad de la salvación traída por Jesús a la humanidad. Dios viene al encuentro de los hombres y las mujeres de todos los tiempos y lugares en las situaciones concretas en las cuales estos estén. (Papa Francisco)
  • También viene a nuestro encuentro. Es siempre Él quien da el primer paso: viene a visitarnos con su misericordia, a levantarnos del polvo de nuestros pecados; viene a extendernos la mano para hacernos levantar del abismo en el que nos ha hecho caer nuestro orgullo, y nos invita a acoger la consolante verdad del Evangelio y a caminar por los caminos del bien. Siempre viene Él a encontrarnos, a buscarnos. (Papa Francisco)
  • Aquel día, en la sinagoga de Nazaret, también estaba María, la Madre. Podemos imaginar los latidos de su corazón… viendo a Jesús, allí en la sinagoga, primero admirado, luego desafiado, después insultado, luego amenazado de muerte. En su corazón, lleno de fe, ella guardaba cada cosa. Que ella nos ayude a convertirnos de un dios de los milagros al milagro de Dios, que es Jesucristo. (Papa Francisco)

  • Gracias Señor por tu palabra. Es una palabra que me incomoda, por ir a lo profundo de mi ser. Me deja removido por dentro y cuestiona mi actuar como cristiano.
  • En esta sociedad donde estoy sumergido ¡qué difícil es marcar la diferencia! ¡Qué difícil es vivir contracorriente en un mundo que lo tiene todo y no quiere desacomodarse! Allí también estoy yo formando parte de él.
  • ¡Incomódame Señor con tu palabra!, no permitas que me vaya devorando la vorágine de la prisa, del trabajo, del consumo, del relativismo, del no compromiso con la justicia, del miedo a perder…
  • Ayúdame a mirar de frente la realidad y a vivir haciendo el bien, pero desde una profunda intimidad contigo, Maestro, para que eduques mi corazón y se conforme a tu voluntad, que es la expresión máxima de tu gran misericordia.

  • Contémplate presente en la sinagoga de Nazaret; eres un conciudadano/a de Jesús que participas en la oración del sábado.
  • Mira y escucha atentamente cada gesto y palabra que pronuncia Jesús. Como el resto de la gente, mantén “los ojos puestos en él”. Haz tuyas sus palabras y sus gestos.
  • Haz tuyas las diferentes reacciones de la gente: ¿qué le aprueban? ¿de qué se maravillan? ¿qué les indigna? ¿qué pretenden empujándolo fuera del pueblo?
  • Sus paisanos, a pesar de la admiración, no son capaces de acoger y poner en práctica las palabras de Jesús. ¿Y tú estás dispuesto a acoger la palabra de Jesús y ponerla por obra?
  • ¿Estás atento a todo aquello que Jesús quiere decirte y transmitirte en tu vida diaria? ¿Dedicas algún tiempo del día para escuchar su Palabra? ¿Abres tu mente y tu corazón para que Jesús pueda transformar tu vida?
  • ¿Cómo reaccionas cuando el evangelio te interpela fuertemente? ¿Qué cegueras, opresiones, pobrezas, cautiverios reconoces en ti, de las que Jesús quiere liberarte?
  • ¿Estás dispuesto/a a realizar cambios en tu vida, aunque estos supongan dificultades, obstáculos, inconvenientes, compromisos…?

  • Haz una lectura pausada y tranquila. No te contentes con leer el texto evangélico una sola vez. Descubre la fuerza de las palabras. Es Buena Nueva para ti.
  • A ninguna persona se le pide que ella sola mejore y cambie el mundo. Elías ayudó sólo a una viuda y Eliseo curó únicamente a un leproso, pero ambos consiguieron que una persona experimentara la salvación de Dios. ¿Qué pequeños pasos puedes dar tú para que alguien experimente la voluntad salvífica de Dios?
  • Pide al Padre que te conceda el Espíritu para  compartir los mismos sentimientos y la misma misión de Jesús.
  • Participa de este “hoy” de Jesús: él “hoy” quiere liberarte. Da gracias y ábrete a él.
  • Jesús proclama el año de gracia, que es la vivencia de la gratuidad y de la fraternidad como pueblo. Es una nueva oportunidad de gracia que Dios te concede. Acógela interiormente.
  • Da gracias a Dios por el conocimiento que te ha revelado en Jesucristo. Pide al Espíritu que te haga pasar de esta Escritura a la vida.
  • “Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo.”. No intentes nadar y guardar la ropa. El mensaje de Jesús es vivo y eficaz, pero también claro, no admite dos verdades.

Siempre viene a econtrarnos

 

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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