Lectio divina T.O. XIII -A- Mateo 10,37-42

Lectio divina

Domingo XIII T. O. Ciclo A

Mt. 10. 37-42

2 Julio 2017


Señor Jesús, gracias porque sales a mi encuentro

para saciar mi hambre de infinito.

Gracias por dar tu vida por mí,

y por mostrarme que yo también la debo dar por Ti.

Ayúdame a ser fuerte

para mantener siempre intacta mi fe

en mi mente y en mi corazón.

Ayúdame a reflejarla en cada una de mis acciones.

TEXTO BÍBLICO Mt. 10. 37-42

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.

El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro».

    Este texto podría ser considerado fuerte, e incluso hasta contradictorio con el mensaje de amor y paz característico de las palabras de Jesús, que ha llamado bienaventurados a los que trabajan por la paz. Pero lo que acontece es que el seguimiento a Jesús requiere una toma de decisión radical; por tanto, aceptar el Evangelio no puede estar en segundo plano respecto a nada.

    Después de la muerte de Jesús, al anunciarse la Buena Noticia de la salvación, las persecuciones que se generarían habrían de llegar al seno de las propias familias, provocando incluso la división. Los discípulos son advertidos de lo que tendrían que enfrentar en este sentido y no tuvieron que esperar mucho tiempo para constatar la veracidad de esas palabras.

    Jesús les dice a sus discípulos que ese seguimiento conlleva para cada uno cargar la propia cruz. Debemos estar conscientes de que en el ambiente en que vamos a desenvolvernos en el desempeño de nuestra tarea evangelizadora afrontaremos situaciones que no debemos rehuir sino enfrentar, tales como: dificultades, tentaciones, persecuciones y situación extrema que pueden implicar hasta la pérdida de la vida terrena.

    Pero hay una recompensa para los que reciban a aquellos que anuncian el mensaje de salvación: la acogida no quedará sin recompensa.

  • ¿Qué significa “perder la vida a causa de Jesús”? Explícitamente confesando la fe o implícitamente defendiendo la verdad. Los mártires son el máximo ejemplo del perder la vida por Cristo. En dos mil años son una multitud inmensa los hombres y las mujeres que sacrificaron la vida por permanecer fieles a Jesucristo y a su Evangelio. (Papa Francisco)
  • Hoy tenemos más mártires que en los primeros siglos. Pero está también el martirio cotidiano, que no comporta la muerte pero que también es un “perder la vida” por Cristo, realizando el propio deber con amor, según la lógica de Jesús, la lógica del don, del sacrificio. (Papa Francisco)
  • El que está dispuesto a “perder la vida” ha entrado en el camino que Cristo siguió para la redención de los hombres. Es el camino de negarse a uno mismo, el camino de la cruz. Sólo a la luz de Cristo crucificado se puede vivir con autenticidad el cristianismo. Jesús lo perdió todo.
  • Seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y elegir el bien, la verdad, la justicia, incluso cuando esto requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto sí divide; lo sabemos, divide incluso las relaciones más cercanas. (Papa Francisco)
  • No es Jesús quien divide. Él pone el criterio: vivir para sí mismos, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir, o servir; obedecer al propio yo, u obedecer a Dios. He aquí en qué sentido Jesús es “signo de contradicción”. (Papa Francisco)

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,

anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

Porque dije: «tu misericordia es un edificio eterno,

más que el cielo has afianzado tu fidelidad».

Sellé una alianza con mi elegido,

jurando a David mi siervo:

«Te fundaré un linaje perpetuo,

edificaré tu trono para todas las edades.»

Él me invocará:

«Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.»

Le mantendré eternamente mi favor,

y mi alianza con él será estable.

  • «El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí». Pero buscar el bien y la felicidad para todos trae muchos problemas. Jesús lo sabía por experiencia. No se puede estar con los que sufren y buscar el bien de los últimos, sin provocar el rechazo y la hostilidad de aquellos a los que no interesa cambio alguno. Es imposible estar con los crucificados y no verse un día «crucificado».
  • Los discípulos trataban de entenderle. Jesús les venía a decir más o menos: «Si me seguís, tenéis que estar dispuestos a ser rechazados. Os pasará lo mismo que a mí. Pareceréis culpables. Os condenarán. Buscarán que no molestéis…. Entonces os pareceréis más a mí. Seréis dignos seguidores míos…». Llevar la cruz no es buscar «cruces», sino aceptar la «crucifixión» que nos llegará si seguimos los pasos de Jesús.
  • Necesitamos todos escuchar con más atención y hondura las palabras de Jesús. No quedará sin recompensa ni siquiera el vaso de agua fresca que sepamos dar a un pobre sediento. Hemos de aprender a dar; regalar lo que está vivo en nosotros y puede hacer bien a los demás; dar nuestra alegría, nuestra comprensión, aliento, esperanza, acogida, cercanía…
  • No se trata de dar cosas grandes ni espectaculares. Sencillamente, «un vaso de agua fresca». Una sonrisa acogedora, un escuchar sin prisas, una ayuda a levantar el ánimo decaído, un gesto de solidaridad, una visita, un signo de apoyo y amistad. No lo olvidemos.
  • En el fondo de la vida hay alguien que bendice, acoge y recompensa todo gesto de amor por pequeño que nos pueda parecer. Es Dios nuestro Padre.

  • Pide al Señor en tu oración no vivir una falsa paz, una vida cómoda y ser fiel en tu compromiso de seguirle.
  • Procura en tu vida ejercitar el amor de Dios. No pasar de largo ante las injusticias y necesidades de los demás. Recuerda que “El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro”.
  • Piensa en la cantidad de personas necesitadas de compañía, apoyo cercano y seguimiento afectuoso… ¿Qué puedes hacer? Según Jesús, nada quedará sin recompensa.
  • Comprométete a vivir gratuitamente tu ayuda a los demás.

EL QUE PIERDA SU VIDA POR MI LA ENCONTRARÁ

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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