Lectio divina. Domingo XII -A- Mateo 10,26-33

Lectio divina

Domingo XII T O. Ciclo A

Mt. 10. 26-33

25 Junio 2017


Sufro, Señor, porque tengo miedo

pero también escucho tu voz de amigo:

“No tengas miedo, no se turbe tu corazón…”

Repítemelo siempre Señor,
y en los momentos más difíciles,

Tengo miedo de no comprender a mis hermanos
y decirles las palabras que necesitan.

Tengo miedo porque quiero ser más que Tú

y tener más fortuna que mi Señor

Tengo miedo Jesús,

enséñame a decir que sí

y a no dejarme aplastar por el miedo.

TEXTO BÍBLICO Mt. 10. 26-33

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.

Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo.

¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».

    Llegaba el momento de la primera salida apostólica. Había que llevar a todo el mundo un mensaje incómodo y hostil, porque en tantas cosas suponía contradecir a ese mundo. Jesús no ocultó la dificultad y los riesgos que habían de librar sus primeros misioneros (y los de siempre), y por eso se adelanta también a consolarles. Acaso presos de la preocupación o del pánico, el Maestro les dirige estas palabras del Evangelio de hoy.

    El Evangelio de este domingo nos invita a un seguimiento del Señor sin miedos, sin complejos, con decisión. El “no tengáis miedo” que dice Jesús por tres veces, significa susurrar, decir, gritar nuestra fe, en cada gesto sencillo y cotidiano como en cada suceso extraordinario y solemne de nuestra vida.

Si realmente Dios ha pasado en nuestro camino, si nos hemos encontrado con Él, si se ha hecho acontecimiento, entonces hemos de ser testigos de lo que nos ha ocurrido, con el inmenso deseo de que también les ocurra a los demás como-cuando-donde quiera el Señor. Esto es vivir sin imposiciones intolerantes, pero con una proposición decidida, con un respeto que se hace amor, el mayor amor posible, el que deseo lo mejor para los demás: que lleguen también ellos a comprender lo mucho que valen ante Dios.

  • Las fuentes cristianas presentan a Jesús enteramente dedicado a liberar a la gente del miedo… De su corazón, lleno de Dios, sólo podía brotar un deseo: «No tengáis miedo». Son palabras de Jesús que se repiten una y otra vez en los evangelios. Las que más tendríamos que repetir cada uno de nosotros.
  • “No tengáis miedo porque vuestro Padre celestial cuida de vosotros”. Un mensaje de grandísima actualidad y urgencia. Parece que el Señor está pensando en cada uno de nosotros a pesar de que pronunció estas palabras por primera vez hace ya dos mil años. Y es que el mensaje de Jesús es siempre tremendamente actual. (Papa Francisco)
  • “No tengas miedo –nos vuelve a decir hoy porque Dios está contigo y Él te protege.” No tengas miedo porque el poder de Dios, su amor y su providencia son infinitamente superiores al poder humano y a todas sus amenazas juntas. (Papa Francisco)
  • ¿A qué tienes miedo tú? Tal vez miedo a la soledad, a lo desconocido, al futuro, a fallar en la vida…; tal vez miedo al fracaso, a las malas interpretaciones de los demás, a que te hieran o te traicionen; o miedo a tu propia debilidad, al sufrimiento, a la enfermedad, al dolor, a la muerte… Y también de ti? (Papa Francisco)
  • Cristo tiene una respuesta. Y te la está comunicando hoy en el Evangelio. No tengas miedo, pues sólo fracasa el que nunca lo intenta. Confía en Dios y se te acabarán todos tus miedos y tus temores. (Papa Francisco)
  • Somos llamados a buscar a Dios con todas nuestras fuerzas, si alguna vez se debilitase esta convicción, la contemplación de la naturaleza nos debe recordar que, si así cuida Dios a todas sus criaturas, ¿cuánto no hará para que no nos falte nada de lo necesario? Y si Dios cuida de nosotros, ¿no nos debemos dedicar a trabajar por su Reino y con todo nuestro empeño? (Papa Francisco)

  • ¿Quién no confiará totalmente en el Señor, que nos otorga su misma vida? ¿Quién podrá dudar del amor de Dios? “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Pero, Dios que nos ama, hará que salgamos victoriosos de todas estas pruebas. Porque estoy seguro de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni otras fuerzas sobrenaturales, ni lo presente, ni lo futuro, ni poderes de cualquier clase, ni lo de arriba, ni lo de abajo, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro”.

  • El miedo es el problema central del ser humano y sólo nos podemos liberar de él, enraizando nuestra vida en un Dios que sólo busca nuestro bien. Jesús se dedicó, antes que nada, a despertar la confianza en el corazón de las personas.
  • Tenemos que detenernos en experimentar a Dios sólo como amor. Todo lo que nace de él es amor. De él sólo nos llega vida, paz y bien. Yo me puedo apartar de él y olvidar su amor, pero él no cambia. El cambio se produce sólo en mí. Él nunca deja de amarme.
  • Puedo gozar meditando que Dios me ama incondicionalmente, tal como soy. No tengo que ganarme su amor. No tengo que conquistar su corazón. No tengo que cambiar ni crecer ni ser bueno para ser amado por él. Más bien, sabiendo que me ama así, puedo cambiar, crecer y ser mejor.
  • ¿Qué me pide Dios?, ¿qué espera de mí? Sólo que aprenda a amar. Dios sólo espera de mí que lo ame a Él, pues solo así podre amar a las personas y busque su bien, que me ame a mí mismo y me trate bien, que ame la vida y me esfuerce por hacerla siempre más digna y más humana para todos. Que sea sensible al amor. Amando acertaré.
  • Todos «vivimos, nos movemos y existimos» en Dios. El será siempre esa presencia comprensiva y exigente que necesito, esa mano fuerte que me sostendrá en la debilidad, esa luz que me guiará por sus caminos.

  • ¿Qué le dices a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Pon en forma de oración todo aquello que hayas reflexionado sobre el Evangelio y sobre tu vida. « No tengáis miedo…».
  • Descubre los miedos que te apartan del Amor de Dios. Ayuda a otros a superar esos miedos y confiar plenamente en Él. “Señor mío y Dios mío”
  • Contempla el rostro de Dios encontrado en el texto y vuelve la mirada al mundo y comprométete con el Reino de Dios de justicia
    y amor.
  • Piensa en alguna situación que implique tomar partido por Jesús y su Reino y lleva una “palabra”. Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.
  • El no tener miedo no es suficiente. Jesús nos anima a estar y actuar con él con toda entereza y entrega por el Evangelio. Da testimonio con valentía, con palabras y obras, del amor de Dios en Jesús.

NO TENGÁIS MIEDO A LOS HOMBRES

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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