CUERPO Y SANGRE DE CRISTO EUCARISTÍA. Mons. Francisco Cerro. Obispo de Coria-Cáceres

CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

EUCARISTÍA

La Eucaristía es Cristo Vivo y Resucitado, que nos ha dado el Padre y que se hace presente como “comida y bebida para la vida del mundo”.

En el famoso discurso de Jesús en la Sinagoga de Cafarnaún, que nos presenta San Juan, una y otra vez hace hincapié en que no fue Moisés quien nos dio el verdadero pan de vida, es el Padre el que nos da el verdadero maná que sacia el hambre y la sed del corazón humano.

Por tanto, para San Juan la Eucaristía es el regalo, el don del Padre para la vida del mundo. No es Moisés el que nos alimenta, es el Padre con la entrega eucarística de su Hijo y, como nos recuerda un himno poético de la fiesta del Corpus Cristi, Jesús es no sólo Pastor también es pasto, no sólo cuida de las ovejas, dando la vida como Pastor por el rebaño, sino que también se hace “carne y sangre” que alimenta al pueblo peregrino en el camino de la vida. Es Jesús el verdadero maná que desciende del cielo.

Por otra parte, en este discurso del Pan de Vida se subraya de una y otra manera que “el que come de este Pan tiene vida eterna, no morirá jamás”. Entenderemos si hemos asistido a algún funeral, cuando se hace hincapié en las preces, que el cuerpo que enterramos aunque hubiese recibido sólo la primera y última comunión, al recibir el pan de vida, a Cristo Resucitado, tiene una promesa de inmortalidad, de vida eterna, “el que come de este Pan vivirá para siempre, mi Cuerpo es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida”.

La Iglesia siempre identificó la Eucaristía con la promesa de la vida eterna. El Viático, es decir, la última comunión, que se puede recibir antes de morir, la Iglesia siempre creyó que era el alimento para el último viaje antes de presentarse cara a cara con el Dios de la vida, con la convicción de que quien come el Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene vida eterna.

Que seamos capaces de recibir a Jesús en la Eucaristía con una profunda convicción de que la Eucaristía es don del Padre para que tengamos vida y la tengamos en abundancia y que, cada vez que recibimos a Jesús en la Eucaristía, lleva consigo la promesa de una vida que no tendrá fin.

 

FESTIVIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO

+Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

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