Lectio divina CUERPO Y SANGRE DE CRISTO -A- Juan 6,51-58

Lectio divina

Domingo XI T.O. A. Festividad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

Jn. 6. 51-58

18 Junio 2017

Cuerpo de Cristo, sálvame.

Dijiste un día, Jesús, que tu cuerpo es manjar que da vida.

Quiero tener cada día hambre de ti,

saber comunicar a mis hermanos la necesidad que tenemos de ti.

¡Señor, dame siempre de tu pan!

No permitas que me aparte de ti.

Señor, no permitas que ahora, ni después,

ni nunca, me separe de Ti.

Que yo viva por Ti, para Ti

y para mis hermanos en cada momento

y circunstancias de mi vida.

TEXTO BÍBLICO Jn. 6. 51-58

    “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo”.

    Disputaban los judíos entre sí: “¿Cómo puede Éste darnos a comer su carne?” Entonces Jesús les dijo: “En verdad, en verdad os digo; si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

    Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre”.

El evangelio de esta fiesta nos presenta el célebre discurso de Jesús sobre el Pan de Vida. …Jesús se presenta como el pan bajado del cielo, pero… a diferencia del maná que también bajó del cielo, el que Jesús ofrece no vale para quitar el hambre fugaz y momentánea, sino el hambre más honda: la del corazón.

Jesús viene como el Pan definitivo que el Padre envía, para saciar el hambre más profunda y decisiva: el hambre de vivir y de ser feliz. …Su Persona viva es el Pan que el Padre da. Comer este Pan que sacia todas las hambres significa adherirse a Jesús, entrar en comunión de vida con Él, compartiendo su destino y su afán, ser discípulo, vivir con Él y seguirle.

    Pero seguir a Jesús, nutrirse en Él, no significa desatender y abandonar a los demás. …Jamás los verdaderos cristianos y nunca los auténticos discípulos que han saciado las hambres de su corazón en el Pan de Jesús, se han desentendido de las otras hambres de sus hermanos los hombres.

Comulgar a Jesús no es posible sin comulgar también a los hermanos. No son la misma comunión, pero son inseparables. Y esto lo ha entendido muy bien la Iglesia cuando al presentarnos hoy la fiesta del Corpus Christi en la cual adoramos a Jesús en la Eucaristía, nos presenta también a los pobres e indigentes, en el día de Caritas.

Difícil es comulgar a Jesús, ignorando la comunión con los hombres. Difícil es saciar el hambre de nuestro corazón en su Pan vivo, sin atender el hambre de los hermanos: tantas hambres en tantos hermanos.

  • «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo…» Jesús subraya que vino para darse a sí mismo, su vida, como alimento para quienes tienen fe en Él. Esta comunión con el Señor nos compromete a nosotros, sus discípulos, a imitarlo, haciendo de nuestra vida, con nuestras actitudes, un pan partido para los demás, como el Maestro partió el pan que es realmente su carne. (Papa Francisco)
  • Cada vez que participamos en la santa misa y nos alimentamos del Cuerpo de Cristo, la presencia de Jesús y del Espíritu Santo obra en nosotros, plasma nuestro corazón, nos comunica actitudes interiores que se traducen en comportamientos según el Evangelio. Ante todo la docilidad a la Palabra de Dios, luego la fraternidad entre nosotros, el valor del testimonio cristiano, la fantasía de la caridad, la capacidad de dar esperanza a los desalentados y acoger a los excluidos. (Papa Francisco)
  • La Eucaristía hace madurar un estilo de vida cristiano. La caridad de Cristo, acogida con corazón abierto, nos cambia, nos transforma, nos hace capaces de amar no según la medida humana, siempre limitada, sino según la medida de Dios. (Papa Francisco)
  • No se puede medir el amor de Dios: ¡es sin medida! Debemos amar también a quien no nos ama. Oponernos al mal con el bien, perdonar, compartir, acoger. Gracias a Jesús y a su Espíritu, también nuestra vida llega a ser «pan partido» para nuestros hermanos. Y viviendo así descubrimos la verdadera alegría. La alegría de convertirnos en don, para corresponder al gran don que nosotros hemos recibido antes. Esto es imitar a Jesús. (Papa Francisco)

Señor Jesús:

¿De qué nos sirve hablar todas las lenguas?

Si nos falta el amor, sólo hacemos ruido.

¿De qué nos sirve hablar en nombre de Dios,

conocer los secretos y poseer toda la ciencia?

Si nos falta el amor, nos falta lo esencial.

¿De qué nos vale tener tanta fe como para mover montañas?

Si nos falta el amor, nada somos.

¿De qué nos sirve entregarlo todo a los pobres,

e incluso entregar la propia vida?

Si nos falta el amor, de nada nos aprovecha.

Señor Jesús, tú nos enseñaste:

Que el amor es comprensivo y servicial;

que nada sabe de envidias, de arrogancias ni de orgullos.

Que el amor no es grosero ni egoísta,

no se impacienta, no es rencoroso.

Que lejos de alegrarse con la injusticia,

el amor encuentra el gozo en la verdad.

Que el amor disculpa sin límites, confía sin límites,

espera sin límites, soporta sin límites.

Tú nos enseñaste, Señor Jesús,

que el amor es más fuerte que la muerte.

Señor, enséñanos a amar.

  • Una de las grandes aportaciones del Vaticano II fue impulsar a vivir la Eucaristía como celebración gozosa de toda la comunidad para alimentar su fe, crecer en fraternidad y reavivar su esperanza en Cristo. ¿La Eucaristía te lleva a sentir de verdad a todos como hermanos? ¿Crece en ti la capacidad de alegrarte con los que están alegres y de llorar con los que lloran? ¿Te empuja a ir a los pobres, los enfermos, los marginados? ¿Te ayuda a reconocer en ellos el rostro de Jesús?
  • En la Eucaristía se nos comunica el amor del Señor por nosotros: un amor tan grande que nos nutre de sí mismo; un amor gratuito, siempre a disposición de toda persona hambrienta y necesitada de regenerar las propias fuerzas. Dejarse alimentar por el Señor significa construir la propia existencia sobre la realidad que no perece: los dones de Dios, su Palabra y su Cuerpo.
  • Si miramos a nuestro alrededor, nos damos cuenta de que existen muchas ofertas de alimento que no vienen del Señor y que aparentemente satisfacen más: dinero, éxito, vanidad, poder, orgullo… Pero el alimento que nos nutre verdaderamente y que nos sacia es sólo el que nos da el Señor.
  • Cada uno de nosotros, hoy, puede preguntarse: ¿y yo? ¿Dónde quiero comer? ¿En qué mesa quiero alimentarme? ¿En la mesa del Señor? ¿O sueño con comer manjares gustosos, pero en la esclavitud?
  • El Padre nos dice: «Te he alimentado con el maná que tú no conocías». Aprendamos a reconocer el pan falso que engaña y corrompe, porque es fruto del egoísmo, de la autosuficiencia y del pecado.
  • Jesús, el Maestro, partió el pan que es realmente su carne. Nuestros comportamientos generosos hacia el prójimo, ¿demuestran que somos pan partido para los demás?
  • Pide en la oración que Jesús Eucaristía, vida gratuitamente entregada, te ayude a hacer de tú vida una entrega generosa y gratuita, como don de nosotros mismos, sin cerrarnos cada uno en nuestro propio interés, sino que busquemos juntos con coherencia la comunicación cristiana de los bienes.

    • Toma conciencia de que la Eucaristía es la fuente y la base de tu fe, porque ahí encuentras al Señor en cuerpo y alma. Intenta vivir la Eucaristía como acción de gracias y como alimento para tu fe.
    • Pídele que te ayude a comprender y valorar lo que significa tenerlo en la Eucaristía.
    • Acércate a la Eucaristía con espíritu de fe y de oración, de penitencia, de alegría, de preocupación por las necesidades de los hermanos, con la certeza de que el Señor cumplirá lo que ha prometido.
    • El Pan partido y compartido, nos habla de Caridad, de entrega… Procura ser alimento tanto material como espiritual para los que te rodean.

YO SOY EL PAN BAJADO DEL CIELO

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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