PUERTA. CUARTO DOMINGO DE PASCUA. Mons. Francisco Cerro. Obispo de Coria-Cáceres

CUARTO DOMINGO DE PASCUA

PUERTA

El Buen Pastor nos convoca a vivir con “los sentimientos de su Corazón” y a entrar por la puerta de su Costado, de su Corazón para beber del néctar de su Amor. Aunque la puerta de su corazón, que fue propiciada por la lanzada, es estrecha sin embargo dentro es inmenso su Amor. Tenemos que esforzarnos por entrar por la puerta estrecha ya que ancho es el camino de la perdición.

Tres claves nos marca el Evangelio de Juan en este domingo de las vocaciones, para pedir que muchos entren por la puerta estrecha y gozosa del seguimiento de Cristo.

Primero, los que en el aprisco no entran por la puerta, sino que saltan. Se quieren colar en el redil entrando y como salteadores avasallan a las ovejas. Son aquellos a los que no les interesan las ovejas. No quieren a las ovejas porque sólo las buscan para su propio interés.

Segundo, los asalariados, a los que se les paga y contrata para que sin graves esfuerzos y sin peligro de sus vidas las cuiden. Siempre siendo ellos el centro y nunca las ovejas a las que sirven profesionalmente porque alguno tiene que hacerlo para ganarse la vida. Son algo así como unos “guarda ovejas”, pero nunca pastor. Jamás se les ve implicándose, afectiva y efectivamente, hasta “dar la vida por las ovejas”. No les gusta el “olor a ovejas” sino el olor a las riquezas, a los beneficios que le proporcionan sus servicios. De tal manera es así que el asalariado cuando ve venir al lobo, cuando ve que peligra su vida se da el piro. Es decir no vuelve, no se enfrenta, no las quiere como algo suyo.

Por último, está el Pastor, que entra por la puerta. Es Cristo. Entra por la puerta porque quiere a las ovejas. Es su Amo y su servidor. Las cuida y las protege como propiedad suya. Cuando entra, todos saben que el silbo del Pastor es la complicidad de las ovejas, que las llama por su nombre y las cuida de noche y de día porque las lleva junto a su Corazón y porque las que se perdieron saben el encuentro de su Amor, que las quiere con locura y que las vuelve al redil no a patadas y vociferando con brusquedad sino cantándole una canción al oído y susurrando su amor. Entrar por la puerta es señal de que es el Amo y servidor. El Pastor que cuida con amor a todas y cada una. Es curioso que Jesús, que le encanta ser a la vez la Fuente y el sediento, aquí es, a la vez, el Pastor y la puerta para llegar a las ovejas.

CUARTO DOMINGO DE PASCUA. PUERTA

+Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

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