Lectio divina. IV PASCUA. Juan 10,1-10

Lectio divina

Domingo IV Pascua. Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

Jn.10. 1-10

7 Mayo 2017


También hoy nos llamamos y somos seguidores de Jesús.
El seguimiento no consiste en aprender
y en enseñar las enseñanzas de Jesús.


¿Qué es seguir?
Es tener con Jesús una relación estrecha.

Es que su memoria y su presencia estén muy vivas en nosotros.

Es hacer de su fe nuestra fe
y hacer de su esperanza nuestra esperanza.

Es apropiarnos de sus criterios y de sus actitudes
y de su conducta, adecuándolas a nuestro tiempo.

TEXTO BÍBLICO Jn. 10. 1-10

    En aquel tiempo, dijo Jesús: «Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera.

Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y, salir, Y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

Aquel pueblo… tenía en su tradición creyente la afirmación de que Dios es “como un pastor”, y al igual que con otras metáforas (padre, madre, amigo, esposo), Israel fue haciendo una meditación religiosa sobre su relación con Dios desde la vivencia del pastor y las ovejas. Esa reflexión no era siempre amablemente bucólica.

Ante esta situación de abandono del rebaño y de aprovechamiento de unos malos pastores, el Señor anunciará por medio de su profeta que enviará un verdadero pastor, que será Él mismo. Y vendrá descrito con unas actitudes marcadas por la ternura y la misericordia, que serán las que Jesús hace de sí mismo como Pastor.

    Jesús, para presentarse como Buen Pastor, empleará la imagen de los verdaderos pastores. Los pastores de Israel tenían pocas ovejas, las suficientes para sobrevivir sus familias. Las conocían por su nombre y, a su nivel, formaban parte del conjunto familiar. Por ello eran queridas, cuidadas, protegidas.

Un pastor nunca abandonaba a sus ovejas, ni éstas eran extrañas para él. En tramos difíciles y oscuros, las ovejas se sentían serenadas cuando la voz del pastor y los pequeños golpes de su cayado sobre sus lomos, les permitían entrever que no estaban solas, sino acompañadas por su pastor, aunque la niebla o la noche no dejasen ver su figura.

    Así es Dios: un pastor que nos conoce, nos conduce y ama hasta dar su vida. Conocer la voz de este Pastor es dar la vida por aquello que se escucha y por aquel que lo pronuncia. El es el Pastor de nuestra felicidad, el que nos conduce por los caminos de justicia en los que esa felicidad es posible.

…Seguir a Jesús, saberse ovejas de su redil, es vivir en paz y en luz, serenamente y sin temores extraños… aunque la vida sea dura, aunque amenacen nubarrones o nos envuelva la oscuridad.    

  • El cuarto domingo del tiempo de Pascua se caracteriza por el Evangelio del Buen Pastor, que se lee cada año. Es bellísima esta parábola. El misterio de la voz es sugestivo. …Por el tono de una voz percibimos el amor o el desprecio, el afecto o la frialdad. La voz de Jesús es única. Si aprendemos a distinguirla, Él nos guía por el camino de la vida, un camino que supera también el abismo de la muerte. (Papa Francisco)
  • Contemplando esta página del Evangelio, podemos comprender el tipo de relación que Jesús tenía con sus discípulos: una relación basada en la ternura, en el amor, en el conocimiento recíproco y en la promesa de un don inconmensurable: «Yo he venido —dice Jesús— para que tengan vida y la tengan en abundancia». Tal relación es el modelo de las relaciones entre los cristianos y de las relaciones humanas. (Benedicto XVI)
  • También hoy, como en tiempos de Jesús, muchos se proponen como «pastores» de nuestras existencias; pero sólo el Resucitado es el verdadero Pastor que nos da la vida en abundancia. Invito a todos a tener confianza en el Señor que nos guía. Pero no sólo nos guía: nos acompaña, camina con nosotros. Escuchemos su palabra con mente y corazón abiertos, para alimentar nuestra fe, iluminar nuestra conciencia y seguir las enseñanzas del Evangelio. (Benedicto XVI)
  • Pero, en un momento determinado, Jesús dijo, refiriéndose a sus ovejas: «Mi Padre, que me las ha dado…». Esto es muy importante, es un misterio profundo, no fácil de comprender: si yo me siento atraído por Jesús, si su voz templa mi corazón, es gracias a Dios Padre, que ha puesto dentro de mí el deseo del amor, de la verdad, de la vida, de la belleza… y Jesús es todo esto en plenitud. Esto nos ayuda a comprender el misterio de la vocación, especialmente las llamadas a una especial consagración. (Papa Francisco)
  • A veces Jesús nos llama, nos invita a seguirle, pero tal vez sucede que no nos damos cuenta de que es Él. Quisiera preguntaros: ¿habéis sentido alguna vez la voz del Señor que, a través de un deseo, una inquietud, os invitaba a seguirle más de cerca? ¿Habéis tenido el deseo de ser apóstoles de Jesús? Pregunta a Jesús qué quiere de ti y sé valiente… Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y sólo en la oración pueden perseverar y dar fruto. (Papa Francisco)

El Señor es mi pastor, nada me falta.

En verdes praderas me apacienta,

me conduce hacia fuentes de descanso y repara mis fuerzas.
Conoce mis proyectos e ilusiones, me guía por caminos de justicia,
me enseña los tesoros de la vida y silba canciones de alegría,
por el amor de su nombre.

Cada día, con gracia renovada, pronuncia mi nombre con ternura
y me llama junto a él.
Cada mañana me unge con perfume;
y me permite brindar, cada anochecer, con la copa rebosante de paz.

El Señor es mi pastor.

¡El Señor es el único líder que no avasalla!
Él hace honor a su nombre dando a nuestra vida dignidad y talla.

Nada temo a los profetas de calamidades, ni a la tiranía de los poderosos,
ni al susurro de los mediocres. ¡Porque Tú vas conmigo!


¡Gracias al Señor que me crea, sostiene y guía

con su presencia cargada de Vida.

  • En las comunidades cristianas necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús reavivando nuestra relación con él. Ponerlo decididamente en el centro de nuestra vida. Pasar de un Jesús confesado de manera rutinaria a un Jesús acogido vitalmente.
  • Es importante sentirnos llamados por Jesús “por nuestro nombre”. Dejarnos atraer por él personalmente. Descubrir poco a poco, y cada vez con más alegría, que nadie responde como él a nuestras preguntas más decisivas, nuestros anhelos más profundos y nuestras necesidades últimas.
  • Es vital caminar teniendo a Jesús “delante de nosotros”. No hacer el recorrido de nuestra vida en solitario. Experimentar en algún momento, aunque sea de manera torpe, que es posible vivir la vida desde su raíz: desde ese Dios que se nos ofrece en Jesús, más humano, más amigo, más cercano y salvador que todas nuestras teorías.
  • Esta relación viva con Jesús se va despertando en nuestro interior de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi solo un deseo. Por lo general, crece rodeada de dudas, interrogantes y resistencias. Pero llega un momento en el que el contacto con Jesús empieza a marcar decisivamente nuestra vida.
  • El futuro de la fe entre nosotros se está decidiendo, en buena parte, en la conciencia de quienes en estos momentos nos sentimos cristianos. Ahora mismo, la fe se está reavivando o se va extinguiendo en nuestras parroquias y comunidades, en el corazón de los sacerdotes y fieles que las formamos.
  • La increencia empieza a penetrar en nosotros desde el mismo momento en que nuestra relación con Jesús pierde fuerza, o queda adormecida por la rutina, la indiferencia y la despreocupación. Por eso, el Papa Francisco ha reconocido que “necesitamos crear espacios motivadores y sanadores… lugares donde regenerar la fe en Jesús”. Hemos de escuchar su llamada.

  • Contempla a Jesús como Buen Pastor, que te llama, te invita, te anima a seguir sus huellas como discípulo. Y contémplate a ti mismo que, a veces, te desvías del verdadero Camino, de la única Verdad que es Él.
  • El Buen Pastor da la vida por sus ovejas, y tú ¿qué puedes hacer para tener las actitudes de Jesús Buen Pastor en tu familia, trabajo, compañeros, en tu comunidad…? ¿Qué haces para sentir y actuar como Él?
  • Recuerda y agradece acontecimientos de tu vida en los que descubres la acción del Buen Pastor, cuidándote, perdonándote, ayudándote, consolándote…
  • Elige a alguien con quien de manera particular debas ser imagen de Jesús Buen Pastor. Como dice el Papa Francisco, “que huelas a oveja” porque estas cerca de ellas.
  • Pregúntate: ¿Soy o no soy “buen pastor” a imagen de Jesús, el único, Buen Pastor? ¿Cómo vivo mi vocación bautismal de ser “otro cristo” en el mundo?

 

IV PASCUA – ÉL ES EL PASTOR DE NUESTRA FELICIDAD

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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