Lectio divina DOMINGO RESURRECCIÓN. -A- Juan 20,1-9

Lectio divina

Pascua de la Resurrección del Señor

Jn. 20. 1-9

16 Abril 2017

Creer en Jesús resucitado significa creer que su vida
es la auténtica vida, es el mejor modo de ser humano.

Creer en Jesús resucitado significa que el poder del amor de Dios
es más grande que toda violencia. Que en el fondo, la realidad
entera se apoya sobre la todopoderosa debilidad del amor.

Creer en Jesús resucitado implica vivir como él, implica seguirle,
continuar su misión, ser sus manos y sus pies en el día de hoy,
sabiendo que eso es lo que más vale la pena en la vida.

“Vivir como resucitados” quiere decir vivir con los criterios de Jesús.
No es una cuestión filosófica, ni siquiera religiosa.
Es vivir de otra manera.

La clave es si mi fe en Jesús cambia o no mi vida
y la de los que me rodean.

TEXTO BÍBLICO Jn. 20. 1-9

    El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro.

Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. Los dos discípulos se volvieron a casa.

Hemos llegado al centro del año cristiano. Todo parte de aquí y todo hasta aquí nos conduce. Y como quien sale de una pesadilla… como quien sale de su callejón oscuro y tenebroso, como quien termina su exilio más distanciador de los que ama, como quien concluye su pena y su prisión… así Jesús ha resucitado, según había dicho.

Jesús ha vencido. Y esto significa que ni la enfermedad, ni el dolor, ni la oscuridad, ni la tristeza, ni la persecución, ni la espada… ni la mismísima muerte tendrán ya la última palabra. Jesús ha vencido, ha resucitado, y su triunfo nos abre de par en par el camino de la esperanza, de la utopía cristiana, el camino de la verdadera humanidad, el camino que nos conduce al hogar de Dios.

Él ha querido morir nuestra muerte, para darnos como regalo más inesperado… su propia resurrección. La puerta está abierta y el sendero limpio y despejado. Sólo basta que nuestra libertad se mueva y secunde su primordial iniciativa, la de Dios, la de su Amor.

Sí, Jesús ha resucitado, y la luz ha vuelto a entrar en nuestro mundo víctima de las tinieblas de todos los viernes santos de la historia. La vida ha irrumpido en todos los rincones de muerte. Pero es posible que nosotros todavía no nos hayamos enterado.

Al unirnos a la alegría, al aleluya, al albricias de toda la creación y de todos los creyentes, también nosotros queremos ser testigos de su paso entre nosotros siempre bondadoso.

Y ¿qué debemos testificar? Pues lo que la misma Pascua proclama y canta: que la luz vence a la sombra, y la paz a la guerra, que el amor vence al odio… porque Jesús ha resucitado. Quiera Él hacernos ver, y constituirnos en testigos de ello, que todos los enemigos del hombre incluyendo a la misma muerte, no tienen ya en nuestra tierra la última palabra.

Vayamos al sepulcro, a ese en el que tantas veces quedan sepultadas nuestras esperanzas y alegrías, nuestra fe y nuestro amor, y veamos cómo Dios quiere resucitarnos, quitar las losas de nuestras muertes, para susurrar en nosotros y entre nosotros una palabra de vida, sin fin, verdadera. Albricias, aleluya, alegría. Jesús ha resucitado. Vuelve la vida.

  • Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían dispersado; su fe se deshizo, todo parecía que había terminado… Pero, aquel anuncio de las mujeres, se presentó como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se difundió: Jesús ha resucitado, como había dicho… Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán». «No temáis» y «vayan a Galilea». (Papa Francisco)
  • Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria; sin miedo, «no temáis». Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición;  releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor. (Papa Francisco)
  • También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús… Volver a Galilea significa volver a ese punto en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino. Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena. (Papa Francisco)
  • En la vida del cristiano, después del bautismo, hay también otra «Galilea»: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo , que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió seguirlo; volver a Galilea significa recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba. (Papa Francisco)
  • Hoy cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea?… ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? Búscala y la encontrarás. Allí te espera el Señor. He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia. No tengáis miedo, no temáis, volved a Galilea. (Papa Francisco)
  • El evangelio es claro: es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección… Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra. Volver a Galilea sin miedo. (Papa Francisco)

Es hora de salir al balcón de la vida,
mirar el horizonte, despertar al alba
y sentirse llenos de alegría.

Es hora de asomarse al infinito,
de anunciar y cantar, trabajar y proclamar
que es posible un mundo nuevo y distinto.

Es hora de entrar en la noche sin miedo
y ser sus testigos;
descubrir su presencia entre nosotros
fortaleciendo nuestras esperanzas y anhelos.

Es hora de romper los esquemas de siempre;
de escuchar las palabras del silencio;
gustar su presencia callada, confesar la vida,
andar por los desiertos y abrir nuevas sendas
por donde pueda llegar el Reino.

Es hora de iniciar caminos nuevos,
arriesgarlo todo,
apostar por Dios y su Reino.

Es hora de la Pascua, de Resurrección,
de brindar por la Vida Plena
que el Señor nos sigue trayendo,
para ensanchar nuestro corazón
y hacerlo más sensible y más fraterno. AMÉN

  • Contempla como a la Magdalena y a los discípulos el hecho de la Resurrección de Jesús les cambia su vida.
  • ¿Qué sentimos los seguidores de Jesús cuando nos atrevemos a creer de verdad que Dios ha resucitado a Jesús? ¿Qué vivimos mientras seguimos caminando tras sus pasos? ¿Cómo nos comunicamos con él cuando lo experimentamos lleno de vida?
  • Jesús resucitado, tenías razón. Ahora sabemos que es un Padre fiel, digno de toda confianza. Un Dios que nos ama más allá de la muerte. Le seguiremos llamando “Padre” con más fe que nunca, como tú nos enseñaste. Sabemos que no nos defraudará.
  • Jesús resucitado, tenías razón. Ahora sabemos que Dios es amigo de la vida. Ahora empezamos a entender mejor tu pasión por una vida más sana, justa y dichosa para todos. Ahora comprendemos por qué anteponías la salud de los enfermos a cualquier norma o tradición religiosa. Siguiendo tus pasos, viviremos curando la vida y aliviando el sufrimiento.
  • Jesús resucitado, tenías razón. Ahora sabemos que Dios… hace triunfar la vida sobre la muerte, el bien sobre el mal, la verdad sobre la mentira, el amor sobre el odio. Seguiremos luchando contra el mal, la mentira y el odio. Buscaremos siempre el reino de ese Dios y su justicia. Sabemos que es lo primero que el Padre quiere de nosotros.
  • Jesús resucitado, tenías razón. Ahora sabemos que Dios se identifica con los crucificados. Empezamos a entender por qué estabas siempre con los dolientes y por qué defendías tanto a los pobres, los hambrientos y despreciados. Defenderemos a los más débiles y vulnerables, a los maltratados por la sociedad y olvidados por la religión. En adelante, escucharemos mejor tu llamada a ser compasivos como el Padre del cielo.
  • Jesús resucitado, tenías razón. Ahora… comenzamos a intuir que el que pierda su vida por ti y por tu Evangelio, la va a salvar. Ahora comprendemos por qué nos invitas a seguirte hasta el final cargando cada día con la cruz. Seguiremos sufriendo un poco por ti y por tu Evangelio, pero muy pronto compartiremos contigo el abrazo del Padre.
  • Jesús resucitado, tenías razón. Ahora estás vivo para siempre y te haces presente en medio de nosotros cuando nos reunimos dos o tres en tu nombre. Ahora sabemos que no estamos solos, que tú nos acompañas mientras caminamos hacia el Padre. Escucharemos tu voz cuando leamos tu evangelio. Nos alimentaremos de ti cuando celebremos tu Cena. Estarás con nosotros hasta el final de los tiempos.
  • “En esta semana, nos hará bien tomar el libro del Evangelio y leer los capítulos que hablan de la Resurrección de Jesús. Nos hará bien pensar también en la alegría de María, la Madre de Jesús. Tan profundo fue su dolor, tanto que traspasó su alma, así su alegría fue íntima y profunda, y de ella se podían nutrir los discípulos.”
  • Busca momentos concretos durante la semana para acoger la gracia de la Resurrección, dejarte renovar por la misericordia de Dios, amar por Jesús y que la fuerza de su amor transforme tu vida.
  • Analiza qué te impide entregarte de lleno al Resucitado. ¿Cuáles son para ti los signos en los ves a Cristo Resucitado: los pobres, los desesperanzados, los miedosos, los bautizados sin compromiso…?
  • Acepta que Jesús Resucitado entre en tu vida, acógelo como amigo, con confianza: “¡Él es la Vida!”

JESÚS HA RESUCITADO VUELVE LA VIDA

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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