Lectio divina. VIERNES SANTO -A- Juan 18 y 19

Lectio divina

Celebración de la Pasión del Señor. Ciclo A

Jn. 18 y 19

14 Abril 2017


No hay en Él parecer. No hay hermosura
que atraiga las miradas. No hay en Él belleza que agrade.
Despreciado, desecho de los hombres, varón de dolores,
conocedor de todos los quebrantos. 
Ante quien se vuelve el rostro.
Menospreciado, estimado en nada. 
Fue Él el que cargó con los pecados, el que cargó con los dolores.
Todos nosotros andábamos errantes.
Maltratado, mas él se sometió.
No abrió la boca, como cordero llevado al matadero.

¡Maltratado.

TEXTO BÍBLICO. Jn. Cap. 18 y 19

Lee la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan. Capítulos 18 y 19

    La descripción que hace el profeta siempre nos seguirá sobrecogiendo por el realismo de su crudeza… En el Siervo se nos hace presente la pasión real que por amor el Señor ha padecido. Él soportó nuestros sufrimientos que le impusimos, aguantó nuestros dolores prestados, mientras le estimamos leproso, herido de Dios y humillado, hasta que fuera traspasado por nuestras rebeliones y triturado por nuestros desmanes… ¿quién meditó en su destino?

Esta es la pregunta que cada Viernes Santo la Iglesia nos vuelve a proponer: ¿has meditado en ese desenlace que tuvo tu nombre en el indulto de una factura saldada mientras no se le ahorraba al propio Cristo su pasión? Meditar en el desenlace siempre es volver a ponerme a mí mismo, a cada uno de nosotros, delante de este misterio de dolor infinito con el que Dios ha querido imaginar y realizar mi salvación.

Pero es por mí, aunque haya dos mil años antes de llegar yo. Aunque haya millones y millones de nombres en donde jamás de modo anónimo el Señor aplicó los frutos de su Pasión. Es por mí, como si nadie antes hubiera existido. Es por mí, como si nadie después pudiera venir. Yo tengo una estatura, tengo ahora una edad, un sinfín de circunstancias que por dentro y por fuera me pesan y me miden dibujando mi imagen viva en el trasiego de este momento claroscuro, agridulce, donde la gracia y el pecado siempre porfían entre mi rebeldías y mi libertad.

“No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado”. En todo. No ha habido tentación que a Jesús le haya resultado ajena… Pero tentado, en todo fue tentado, como dice esta carta a los Hebreos. Y la prueba fue superada en base a su obediencia de Hijo, que sufriendo aprendió la hermosa aventura de ser siempre fiel.

¡Qué relato apretado el de la Pasión del Señor! Unos, como Pedro, Santiago y Juan, durmiendo y caídos de cansancio y de miedo mientras Él sudaba sangre… Otros, como Judas, a aquel que le vino a salvar… Los hubo que maquinaron la conspiración más injusta… Pilatos, se asomará con indiferencia y con distancia…, Y los discípulos fugitivos y errantes… huyendo de la suerte del Maestro que para ellos era maldición. Sólo Pedro logrará acercarse, con mesura tanta que le hizo incierto, sospechoso y descubierto en la fogata común de un patio cualquiera; así hasta que rompió a llorar con llanto incontenible después que el gallo cantara por tercera vez como se le anunció.

Los golpes de los clavos en las manos, los pies y el costado del Redentor cosido al madero de la ignominia… Las siete palabras… Resumen final de una larga e infinita historia de amor que no concluyó en el estertor cuando Cristo expiró. Todo está cumplido, dijo. Ha llegado la hora suprema para la que nació.

No es fácil asistir a este entierro con una muerte tan despiadada. Pero esta muerte es la firma final de un decreto por el que nuestra vida es abrazada como nadie antes y como nadie jamás la podrá abrazar. Alguien ha muerto por mí, ha muerto mi muerte, ha cambiado mi destino haciendo que la dicha que mi corazón no deja de soñar tenga salida esperanzada y posible en algo que yo no merezco ni puedo imaginar.

Adoremos la cruz del Señor tras haber escuchado su suplicio salvador. Oremos por toda la Iglesia y el mundo entero… y acompañados por el Señor que padeciendo se compadeció, acompañemos nosotros a los hermanos que siguen sufriendo por tantos motivos en las vías Dolorosas de todos los vía Crucis de un mundo alejado del amor de Dios.

  • Ayudado por la lectura orante del relato, visita los lugares de la Pasión, detente en el Calvario, vive con María y el discípulo amado el acontecimiento de la Pasión.
  • Cuántos eccehomo en el mundo! Cuántos prisioneros que se encuentran en las mismas condiciones de Jesús en el palacio de Pilatos: solos, esposados, torturados, a merced de militares ásperos y llenos de odio, que se abandonan a todo tipo de crueldad física y psicológica, divirtiéndose al ver sufrir.
  • Jesús dijo un día a sus discípulos: “Llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios”. Quizá nunca estas palabras han encontrado, en la historia, un cumplimiento tan puntual como hoy.
  • Los cristianos no son las únicas víctimas de la violencia homicida que hay en el mundo pero no se puede ignorar que en muchos países ellos son las víctimas designadas y más frecuentes. Ante esta persecución recordemos el ejemplo de “generosidad infinita” de Jesús que propuso el “perdón” hacia los verdugos, una actitud inspirada por una caridad que perdona al prójimo, sin cerrar entretanto los ojos delante de la verdad.
  • “La victoria definitiva del bien sobre el mal (…) ya vino sobre la cruz de Cristo”. Desde aquel día el mal pierde y más pierde cuanto más parece triunfar. Está ya juzgado y condenado en última instancia, con una sentencia inapelable.

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

  • Dios ha puesto en la Cruz de Jesús todo el peso de nuestros pecados, todas las injusticias perpetradas por Caín contra su hermano, toda la amargura de la traición de Judas y de Pedro, toda la vanidad de los prepotentes, toda la arrogancia de los falsos amigos. (Papa Francisco)
  • Era una cruz pesada, como la noche de las personas abandonadas, pesada como la muerte de las personas queridas, pesada porque resume toda la fealdad del mal. Y sin embargo es con todo una cruz gloriosa, como el alba de una noche larga, porque representa todo el amor de Dios, que es más grande que nuestras iniquidades y nuestras traiciones. (Papa Francisco)
  • En la cruz vemos la monstruosidad del hombre cuando se deja guiar por el mal, pero vemos también la inmensidad de la misericordia de Dios, que no nos trata según nuestros pecados, sino según su misericordia. (Papa Francisco)
  • Ante la cruz de Jesús vemos casi hasta tocar con las manos cuánto somos amados eternamente, ante la cruz nos sentimos hijos y no cosas u objetos… “Si no existieras tú, Cristo mío, me sentiría criatura acabada. Jesús, guíanos desde la cruz hasta la resurrección, y enséñanos que el mal no tendrá la última palabra, sino el amor, la misericordia y el perdón”. (Papa Francisco)
  • Estoy padeciendo con Cristo. Estoy crucificado con Cristo. Estoy muerto con Cristo. He resucitado con Cristo… hoy estoy vivo con Él.
  • Recordemos a los enfermos, recordemos a todas las personas abandonadas bajo el peso de la Cruz, para que encuentren en la prueba de la Cruz la fuerza de la esperanza, de la esperanza de la resurrección y del amor de Dios. (Papa Francisco)

  • Permanece junto a la cruz contemplando como Jesús te dirige palabras de amor, de misericordia y perdón. ¿Qué pecados dejas crucificados en la Cruz de Cristo?
  • En el Calvario no se alcanza la vida sin el amor, ni el amor sin la muerte del Redentor. ¿Qué personas y realidades concretas colocas a los pies de la Cruz?
  • Contempla a María al pie de la Cruz. Jesús te dice: «Ahí tienes a tu madre». Acompáñala. Acoge y agradece estas palabras. ¿Qué impulsos de amor, de perdón y de servicio sientes hoy en comunión con el Crucificado?
  • Repite durante el día, con calma, las palabras de Jesús, uniéndote a Él en el ofrecimiento de sí mismo: “Padre en tus manos entrego mi Espíritu”.
  • Acompañar a alguna persona que esté pasando un mal momento y llévale el mensaje de la cruz y redención de Jesús.

 

FUE POR MÍ . VIERNES SANTO

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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