Lectio divina. VIII T.O. –A- Mateo 6, 24-34

Lectio divina

Domingo VIII Tiempo O. Ciclo A

Mt. 6. 24-34

26 Febrero 2017

0

Señor, gracias porque estás siempre conmigo.

Gracias por que no me abandonas,

gracias por ser mi Padre.

Sé que Tú me amas, me cuidas y me proteges,

ayúdame a ver los acontecimientos de mi vida,

sabiendo que ahí estás Tú.

Toda mi esperanza está solo en tu gran misericordia.

TEXTO BÍBLICO Mt. 6. 24-34

    Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido?

Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos.

Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe?

No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.

Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia.

1

Jesús era un observador atento de las cosas que ocurrían, y a través de todas ellas Él leía lo que en esas páginas de la vida escribían las manos del Padre Dios.

No os agobiéis, porque hay Alguien más grande que vela por vosotros. No hagáis del dinero ni de ningún otro ídolo se llame como se llame su poder, su placer o su tener, el aliado falso de una imposible felicidad según una mezquina medida.

Es entonces cuando Jesús abre la ventana de la realidad, cuya belleza inocente y gratuita nadie ha podido manchar: los lirios del campo. O las avecillas que vuelan zambullidas y seguras en el aire de la libertad. Él ha puesto en nuestras manos el talento para trabajar y en nuestro corazón la entraña de compartir con los demás.

No invita este evangelio a una pasividad irresponsable y crédula, sino a una confianza. Porque cuando nos llega la prueba, el dolor físico o moral, cuando     nos hacemos mil preguntas y parece que nadie es capaz de responder, ni de abrazar, ni siquiera de acompañar, nos sentimos morir de algún modo.

Pero todo eso sólo tiene la penúltima palabra, por dura y difícil que sea: es sólo la palabra penúltima. Lo que en verdad genera una alegría que nadie puede arrebatarnos es la espera y la esperanza de poder escuchar la palabra final sobre las cosas, ésa que Dios mismo se ha reservado.

Y entonces, como dice Jesús, ya no preguntamos más, ni nos agobiamos. Sólo damos gracias conmovidos por ver nuestro corazón lleno de la alegría para la que fue creado.

Lo dice también el salmo: Dios nos quitará los lutos y sayales, para revestirnos por dentro y por fuera de danza y de fiesta. Es la confianza que se despierta ante la belleza de una Presencia como la de Dios, que se deja entrever y balbucir con mesura y discreción en los rincones de la vida que nos da.

2

  • En el centro de la liturgia de este domingo encontramos una de las verdades más consoladoras: la divina Providencia. Dios no se olvida de nosotros, de cada uno de nosotros. De cada uno de nosotros con nombre y apellido. Nos ama y no se olvida. Qué buen pensamiento… (Papa Francisco)
  • “Fijaos cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos“. Pensando en tantas personas que viven en condiciones precarias, o totalmente en la miseria estas palabras de Jesús podrían parecer abstractas, si no ilusorias. Pero son más que nunca actuales. Nos recuerdan que no se puede servir a dos señores: Dios y la riqueza. Si cada uno busca acumular para sí, no habrá jamás justicia. Si, en cambio, confiando en la providencia de Dios, buscamos juntos su Reino, entonces a nadie faltará lo necesario para vivir dignamente. (Papa Francisco)
  • En un corazón poseído por las riquezas, no hay mucho sitio para la fe: todo está ocupado por las riquezas. Si, en cambio, se deja a Dios el sitio que le corresponde, es decir, el primero, entonces su amor conduce a compartir también las riquezas, a ponerlas al servicio de proyectos de solidaridad y de desarrollo. (Papa Francisco)
  • La Providencia de Dios pasa a través de nuestro servicio a los demás, de nuestro compartir. Si ponemos las riquezas al servicio de los demás, la Providencia de Dios se hace visible en este gesto de solidaridad. Si alguien acumula sólo para sí, ¿qué sucederá cuando sea llamado por Dios?… Es mejor compartir, porque al cielo llevamos sólo lo que hemos compartido con los demás. (Papa Francisco)
  • Para hacer que a nadie le falte el pan, el agua, el vestido, la casa, el trabajo, la salud, es necesario que todos nos reconozcamos hijos del Padre que está en el cielo y, por lo tanto, hermanos entre nosotros, y nos comportemos en consecuencia. El camino para la paz es la fraternidad: este ir juntos, compartir las cosas juntos. (Papa Francisco)
  • A la luz de la Palabra de Dios de este domingo, invoquemos a la Virgen María como Madre de la divina Providencia. A ella confiamos nuestra existencia, el camino de la Iglesia y de la humanidad. Invoquemos su intercesión para que todos nos esforcemos por vivir con un estilo sencillo y sobrio, con la mirada atenta a las necesidades de los hermanos más carecientes. (Papa Francisco)

3

Sólo Dios me da tranquilidad;
sólo él me da confianza.
Sólo él me da su protección,
sólo él puede salvarme;
¡jamás seré derrotado!

 Dios es mi salvador;
Dios es mi motivo de orgullo;
me protege y me llena de fuerza.
¡Dios es mi refugio!

Pueblo mío,
¡confía siempre en Dios!
Cuando vayas a su templo,
cuéntale todos tus problemas.
¡Dios es nuestro refugio!

Dios ha dicho muchas veces:
«Soy un Dios poderoso,
pero también, un Dios de amor.»

Dios mío,
tú te preocupas de cada uno
y nos amas cada día.

4

  • «Sobre todo, buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura». Las palabras de Jesús no pueden ser más claras. Lo primero que hemos de buscar sus seguidores es “el reino de Dios y su justicia”; lo demás viene después. ¿Vivimos los cristianos de hoy volcados en construir un mundo más humano, tal como lo quiere Dios, o estamos gastando nuestras energías en cosas secundarias y accidentales?
  • La actitud de Jesús es diáfana. Basta leer los evangelios. …vive en medio de la gente trabajando por una Galilea más sana, más justa y fraterna, más atenta a los últimos y más acogedora a los excluidos, …no olvida que Dios quiere misericordia antes que sacrificios.
  • El cristianismo es una religión profética nacida de Jesús para humanizar la vida según el proyecto de Dios. Podemos “funcionar” como comunidades religiosas reunidas en torno al culto, pero si no contagiamos compasión ni exigimos justicia, si no defendemos a los olvidados ni atendemos a los últimos, ¿dónde queda el proyecto que animó la vida entera de Jesús?
  • Tal vez, en nuestras comunidades para caminar hacia el reino de Dios y su justicia, tengamos que cuidar más la acogida, la escucha y el acompañamiento a la gente en sus penas, trabajos y esperanzas. Compartir el sufrimiento de las personas nos puede ayudar a comprender mejor nuestro objetivo: contribuir desde el Evangelio a un mundo más humano, desde Dios.

    5

  • Plantéate ¿hasta cuándo te fías verdaderamente de Dios? ¿Hasta qué punto crees en su Providencia?
  • Haz un rato de oración y confía al Señor tus proyectos, preocupaciones y alegrías.
  • Ofrece al Señor tus inquietudes. Trata de reorientarlas según los valores del Reino, para que la paz domine tu corazón.
  • Revisa tu estilo de vida. El Evangelio es una llamada constante a la austeridad y sencillez de vida y de contentarse con pocas cosas.
  • Renuncia a alguna cosa tuya en beneficio de los más necesitados.

Mirad-los-pajaros-del-cielo

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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