NAVIDAD DESDE LA FE, LA ESPERANZA Y LA CARIDAD. Juan Carlos Pérez Godoy SDB

NAVIDAD DESDE LA FE, LA ESPERANZA Y LA CARIDAD.

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Juan Carlos Pérez Godoy SDB

Entre las páginas autobiográficas de Nietzsche hay una en la que recuerda lo que era para él la fiesta de Navidad:

«Qué espléndido se yergue ante nosotros el abeto, cuya copa decora un ángel, aludiendo al árbol genealógico de Cristo, y cuya corona es el mismo Señor. Qué luminosas brillan las numerosas luces, representando simbólicamente la claridad que ha engendrado en el mundo el nacimiento de Cristo entre los nombres, Y a la raíz del árbol el niño Jesús en la cuna, rodeado por José y María y los pastores que vienen a adorarlo». Esa página queda como un aerolito de la ilusión juvenil; nunca jamás volvió a escribir la palabra Navidad.

¿Tiene sentido hablar de la alegría de estos días y desearnos felicidad sin algo que la fundamente y nos permita obsequiarnos unos a otros, porque un don supremo nos ha agraciado a todos? ¿Es posible celebrar tiempos de increencia y desacato? El silencio de Nietzsche es el anticipo de una extraña tristeza que embarga a muchos en los días navideños. No se atreven a alegrarse. Son demasiado rigurosos y sensatos como para sucumbir a la magia o al folclore, al comercio que todo lo inunda o a la nostalgia de una infancia lejana. Navidad, o debe ser olvidada como una pesadilla o celebrada con aquella lucidez del corazón que se abre a la anchura de todo lo posible y llega hasta donde se extiende la esperanza infinita del hombre” (Olegario González de Cardenal. Tercera de ABC 24-12-2007).

Queridos hermanos:

Así comenzaba hace unos años un articulo del extraordinario teólogo y pensador Olegario González de Cardenal, que titulaba: “La debilidad de Dios”, en la tercera de ABC.

Los que esta noche celebramos la Navidad cristiana, nos atrevemos a alegrarnos, Nuestra alegría tiene un fundamento: Nos ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor, el Dios-con-nosotros. Tiene sentido hablar de la alegría de estos días y desearnos felicidad porque hay algo que la fundamenta y nos permite obsequiarnos unos a otros, porque un don supremo, el Sol que nace de lo alto, que viene para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, nos ha agraciado a todos, más que los que han sido agraciados por la lotería, que por cierto este año ha tocado aquí muy cerca.

Para reconocer esto es preciso la primera de las virtudes teologales: LA FE. No es posible celebrar la Navidad sin la fe, es decir, en la increencia. No tiene sentido. Sólo desde la Fe puede ser reconocido el Señor en el signo tan contradictorio que se nos ha dado: un pequeño y débil niño, envuelto en pañales, en un pesebre, sin más calor que las miradas de sus padres y el aliento de una mula y un buey. Si este fue el inicio contradictorio, más aún lo fue el final: Un Rey coronado de espinas y crucificado. Sólo desde la Fe puede ser reconocido este signo de la presencia de Dios entre nosotros.

Pero esta fe, nos conduce a la ESPERANZA. Pues la divinidad ha sido injertada en lo más débil de la humanidad. Nos sentimos débiles, frágiles, limitados … y ahí es donde ha querido hacerse presente Dios. Dios se ha abajado de su trono de perfección, eternidad, trascendencia suprema y se ha hecho de nuestra carne, “se nos entrega como poder en debilidad, como omnipotencia suplicante ante el hombre para que le acoja en su tierra”. Celebramos en Navidad el gozo de la Encarnación del Señor. Dios se ha solidarizado con nosotros y nos ha abierto un futuro nuevo, un horizonte de esperanza y de sentido. Navidad significa que nada verdaderamente humano le es ajeno a Dios. Y que la vida, la esperanza y la gloria del hombre es el Dios vivo. Por ello tantas personas, jóvenes y mayores, que parecería que no tienen razones desde el punto de vista humano porque viven situaciones verdaderamente horribles, para decir Feliz Navidad, pueden celebrarla y alegrarse con más razón en esta noche santa. Lo celebran en y desde la Esperanza. La que no defrauda: El Señor que ha venido a salvarnos, el Dios-con nosotros. Y es que, en Jesús, el Señor, la Palabra de Dios se ha hecho historia y ha hablado el lenguaje de la humanidad colmando las aspiraciones más hondas del ser humano. Dios nos ha dado el modelo de Nueva Humanidad: Aquel en quien podemos mirarnos en nuestro camino de crecimiento como personas hasta la plenitud de hombres y mujeres logrados según el corazón de Dios.

Celebrar la Navidad cristiana es tener la capacidad de dejarnos conducir e ir a Belén y descubrir con los ojos de la fe y de la esperanza que Dios se ha hecho hermano de los hombres y compañero de camino. Un camino de amor que conduce hacia la Pascua: la Pascua de navidad y la Pascua de resurrección están tejidas por el mismo hilo de oro: LA CARIDAD. Por eso Navidad es llamada a la Caridad en sus múltiples y variadas facetas. De tal manera que el amor, vivido cada día en la práctica de las obras de la misericordia del amor, posibilitan que todos los días pueda ser Navidad.

Quienes tenemos, como cristianos, la capacidad de ahuyentar la tristeza en Navidad es porque hemos comprendido que lo importante no es qué hacemos los hombres en Navidad, sino que Dios ha hecho algo grande por nosotros en la historia, que merece la pena y el gozo recordar, actualizar, cantar y comunicar a los demás. Por eso esta fiesta es una llamada a vivir las tres virtudes teologales, tan esenciales en la vida cristiana, e imprescindible en este tiempo de increencia y desacato.

De todo corazón a vosotros y a quienes cerca o lejos más lo necesitan: ¡FELIZ NAVIDAD! Un abrazo fraterno con mi oración

Juan Carlos Pérez Godoy SDB

 

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