HABITÓ. Comentario al Evangelio de la Natividad de Jesús. Mons. Francisco Cerro. Obispo de Coria-Cáceres.

HABITÓ

El prólogo de San Juan nos emociona cuando nos dice que Dios puso su tienda entre nosotros. Habitó y vivió nuestra existencia. Se vino a vivir con nosotros. Se hizo Hombre con todas las consecuencias. Un Niño que nace pobre y humilde para que jamás tengamos miedo a un Dios que quiso habitar entre nosotros.

Algunos dicen que el prólogo de San Juan es una elaboración teológica del nacimiento de Jesús. Está claro que se ve reflejado lo que ocurrió aquella noche en Belén. Vino a los suyos y los suyos no le recibieron. Es el drama del Amor no amado.

¿Qué consecuencias para nuestra vida cristiana arrancan del misterio de la Natividad , contado en el prólogo?

Sin lugar a dudas que el Señor ha querido vivir nuestra vida para que nosotros vivamos la suya. Esto lo expresa el prefacio de la misa de Navidad. También, que todo lo humano es digno de ser vivido porque todo lo ha vivido Jesús. Ha querido alcanzar a cada ser humano con su vida totalmente humana como la nuestra. Habitó una vida plenamente humana.

Es digna de ser vivida la enfermedad, la limitación, el cansancio, la traición de los amigos, el dolor, la amistad, el gozo del enamoramiento. Todo lo humano lo ha vivido Jesús. ¡Qué hermosa es la vida cuando lo que se vive se descubre como vivido por el Dios Amor hecho carne en Belén! El cristianismo lleva a la plenitud de la vida humana. Dios no quita nada sino que enriquece todo lo que toca con su Amor.

Habitó, acampó entre nosotros, en medio de nuestra humanidad, de nuestras tiendas rotas y casi siempre limitadas. El misterio del Hijo de Dios encarnado, vivido en la existencia es lanzarse a una vida humana vivida desde el Amor de Dios para el servicio de los más pobres, de los que apenas aguantan la vida, de los que caminan por todas las calles de la vida sin esperanza, sin color, sin sabor, herido de todas las incomprensiones.

El misterio de la Navidad vivido con el asombro y el corazón de un niño, nos abre al conocimiento de un Dios que habitó entre nosotros. Aquello que rezan los niños en su sencilla oración: “Jesusito de mi vida, tu eres niño como yo por eso te quiero tanto y te doy mi corazón”: Jesús habitó esta tierra y todo lo dejó “prendido de su hermosura”. Sus pies pisaron los caminos de la tierra, sus ojos se abrieron al azul del mar y al verde de los campos. Como nos dice el Vaticano II: “Amó con corazón humano”.

Habito

+Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

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