Lectio divina III ADVIENTO -A- Mt 11,2-11

Lectio divina

Domingo III Adviento. Ciclo A

Mt. 11. 2-11

11 Diciembre 2016

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Escúchanos, Señor.

Nuestra oración es el grito de los pobres desamparados,

de los refugiados sin refugio,

de los que han caído en las trampas de la violencia,

en la espiral de las venganzas, en la angustia de la muerte.

Te pedimos perdón,

porque somos de algún modo responsables

de tanto sufrimiento por nuestra dejación e indiferencia,

por todos nuestros egoísmos.

TEXTO BÍBLICO Mt. 11,2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Jesús les respondió: Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? O qué fuisteis a ver, ¿un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis, a ver a un profeta?

Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti».

Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.

1

Este tercer domingo de Adviento, se le llama domingo gaudete (alegraos), porque la alegría forma parte de este tiempo de espera.

¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? –le preguntarán a Jesús los discípulos del Bautista –, y Jesús responderá: decidle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. La alegría profetizada por Isaías tomaba rostro y nombre: Jesús.

A nosotros, cristianos que recorremos este Adviento con el deseo de no repetir cansinamente el de años anteriores, se nos dirige también una invitación a la alegría.

Cada uno tendrá que reconocer cuáles son sus desiertos, sus yermos, sus páramos y estepas; cada uno tendrá que poner nombre a la ceguera, la sordera, la cojera o la mudez de las que nos habla este
domingo la Palabra de Dios. Pero es ciertamente en toda esa situación donde hemos de esperar a quien viene para rescatarnos de la muerte, de la tristeza, del fatalismo.

Y somos llamados a testimoniar ante el mundo esa alegría que nos ha acontecido, que se ha hecho también para nosotros el Rostro, la Carne y la Historia de Jesucristo.

Entonces la alegría deja de ser un lujo y se convierte en una urgencia, en un catecismo, en una evangelización. Esta es la alegría que esperamos y que se nos dará por quien está viniendo.

2

  • “Decidle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia”. Este es el verdadero Mesías: el que viene a aliviar el sufrimiento, curar la vida y abrir un horizonte de esperanza a los pobres.
  • Jesús se siente enviado por un Padre misericordioso que quiere para todos un mundo más digno y dichoso. Por eso, se entrega a curar heridas, sanar dolencias y liberar la vida. Y por eso pide a todos: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”.
  • Al confiar su misión a los discípulos, Jesús los imagina como curadores. Su tarea será doble: anunciar que el reino Dios está cerca y curar enfermos; “caminar con las personas en la noche, saber dialogar e incluso descender a su noche y oscuridad sin perderse”.
  • Para conocer cómo quiere Dios que sea su Enviado, hemos de observar bien cómo actúa Jesús y estar muy atentos a su mensaje. Si alguien nos pregunta si somos seguidores del Mesías Jesús o han de esperar a otros, ¿qué obras les podemos mostrar? ¿qué mensaje nos pueden escuchar?

3

Dios mío,
tú siempre cumples tus promesas
y todo lo haces con amor,

siempre estás cerca
de los que te llaman con sinceridad.

Tú atiendes los ruegos
de los que te honran;
les das lo que necesitan
y los pones a salvo.


Siempre estás pendiente
de todos los que te aman,
pero destruyes a los malvados.

¡Mis labios siempre te alabarán!
¡La humanidad entera te bendecirá
ahora y siempre!

4

  • Tercer domingo de Adviento, domingo de la alegría. En la liturgia resuena repetidas veces la invitación a gozar, a alegrarse porque el Señor está cerca. El mensaje cristiano se llama «Evangelio», «buena noticia», un anuncio de alegría para todo el pueblo; la Iglesia no es un refugio para gente triste. Quienes están tristes encuentran en ella la verdadera alegría. (Papa Francisco).
  • La alegría del Evangelio encuentra su razón de ser en el saberse acogidos y amados por Dios. Su venida en medio de nosotros fortalece, da firmeza, dona valor, hace exultar y florecer el desierto y la estepa, es decir, nuestra vida, cuando se vuelve árida. ¿Cuándo llega a ser árida nuestra vida? Cuando no tiene el agua de la Palabra de Dios y de su Espíritu de amor. (Papa Francisco).
  • Estamos invitados a robustecer las manos, a fortalecer las rodillas, a tener valor y a no temer, porque nuestro Dios nos muestra siempre la grandeza de su misericordia. Él nos da la fuerza para seguir adelante. Gracias a su ayuda podemos siempre recomenzar de nuevo. (Papa Francisco).
  • La alegría cristiana, al igual que la esperanza, tiene su fundamento en la fidelidad de Dios, en la certeza de que Él mantiene siempre sus promesas. Quienes han encontrado a Jesús a lo largo del camino, experimentan en el corazón una serenidad y una alegría de la que nada ni nadie puede privarles. Nuestra alegría es Jesucristo, su amor fiel e inagotable. (Papa Francisco).

5

  • ¿Qué te propones para que estos días finales del adviento, sean días de más espiritualidad, de más encuentro con el Señor por medio de su Palabra y con las personas que sufren alguna carencia?
  • Acércate al sacramento de la reconciliación para prepararte a la venida de Jesús.
  • Acercate a María, ella es modelo de preparación para acoger a Jesús. Reza el Rosario contemplando.
  • Muéstrate acogedor/a y lleva palabras de alegría y esperanza a las personas con las que te relacionas.

Id-a-anunciar-lo-que-estais-viendo-adviento-III-A-

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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