LECTIO DIVINA XXIV. T.O. -C- Lc 15,1-32

Lectio divina

Domingo XXIV. T. O. Ciclo C

Lc. 15. 1-32

11 Setiembre 2016

0

Aquí estoy, ante ti,

Cristo Jesús,

vengo pobre y con sed,

vengo con mi miseria para postrarme

ante tu infinita Misericordia

como pecador arrepentido,

como pecador necesitado de conversión.

Aquí estoy.

TEXTO BÍBLICO Lc.15, 1-32

    En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»

    Jesús les dijo esta parábola: «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.”

    Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

    Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: “Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me habla perdido. ”

    Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»

    También les dijo: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.”El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

    Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba comer.

    Recapacitando entonces, se dijo:”Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.”

    Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó cuello y se puso a besarlo.

    Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.”

    Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebramos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; e taba perdido, y lo hemos encontrado.”

    Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.

    Éste le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.”

    Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre:”Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tu bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.”

    El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”»

1

    Las parábolas que nos presenta el evangelio de este domingo, no son independientes unas de las otras, sino que presentan todas ellas un mismo mensaje: la gran alegría que Dios siente cuando uno de sus hijos que se siente pecador, se arrepiente y decide emprender el camino de regreso a casa.

    La fuerza de la parábola no está tanto en la oveja ni en la moneda, sino en la alegría inmensa que experimenta tanto el pastor como la mujer. Ambos son imágenes de Dios, es la misma alegría que siente Él cuando un pecador se convierte.

    La última parábola también describe esta misma alegría de Dios y lo hace con muchos y hermosos detalles. Pero además describe perfectamente el camino de aquél que se siente pecador.

    El hijo menor se dio cuenta que había obrado mal y decidió emprender el camino de regreso a casa para pedir perdón a su padre. El abrazo que el padre dio a este hijo es la mejor imagen de la alegría que Dios siente ante sus hijos que se reconocen pecadores.

    En este evangelio hoy todos somos convocados a regresar a casa para sentir el abrazo de Dios padre. 

Somos invitados a mirar, examinar nuestra vida a la luz de Dios. Arrepentirnos de lo malo que hayamos hecho y emprender el camino de vuelta. Nos espera una fiesta y experimentar que, con nuestro arrepentimiento, hemos hecho feliz a Dios. ¿A qué esperas?

2

  • La solicitud con la que el pastor persigue a las ovejas alejadas es el signo del amor de Dios para los que se sienten “perdidos”. La experiencia del pecado, que es este “perderse”, se convierte en la ocasión para un encuentro más duradero y auténtico con este Dios que nos persigue con su amor.
  • Nuestra condición de hijos de Dios es fruto del amor del corazón del Padre; no depende de nuestros méritos o de nuestras acciones, y por ello nadie puede quitárnosla. (Papa Francisco).
  • En cualquier situación de la vida, no debo olvidar que no dejaré jamás de ser hijo de Dios, ser hijo de un Padre que me ama y espera mi regreso. Incluso en las situaciones más feas de la vida, Dios me espera, Dios quiere abrazarme, Dios me espera. (Papa Francisco).
  • En
    la parábola existe otro hijo, el mayor; también él tiene necesidad de descubrir la misericordia del padre. El sufrimiento del padre es como el sufrimiento de Dios, el sufrimiento de Jesús cuando nosotros nos alejamos o porque vamos lejos o porque estamos cerca pero sin ser cercanos. (Papa Francisco).
  • El hijo mayor nos representa a nosotros cuando nos preguntamos si vale la pena trabajar tanto si luego no recibimos nada a cambio. Jesús nos recuerda que en la casa del Padre no se permanece para recibir una recompensa, sino porque se tiene la dignidad de hijos co-responsables. Se trata de estar en el seguimiento de Jesús que se ha donado a sí mismo en la cruz – y esto – sin medidas. (Papa Francisco).
  • Este Evangelio nos enseña que todos tenemos necesidad de entrar a la casa del Padre y participar de su alegría, en la fiesta de la misericordia y de la fraternidad. (Papa Francisco).

3

Me levantaré y volveré a mi padre.

Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor,

apiádate de mí y olvida mis ofensas.

Lávame bien de todos mis delitos

y purifícame de mis pecados.

Crea en mí, Señor, un corazón puro,

un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.

No me arrojes, Señor, lejos de Ti,

ni retires de mí tu Santo Espíritu.

Señor, abre mis labios

y cantará mi boca tu alabanza.

Un corazón contrito te presento,

y a un corazón contrito, Tú nunca lo desprecias.

Me levantaré y volveré a mi padre.

4

  • De ordinario olvidamos que Jesús creó una situación sorprendente en la sociedad de su tiempo. Los pecadores no huyen de Él, se sienten atraídos por su persona y su mensaje. “Los pecadores y publicanos solían acercarse a Jesús para escucharle”. Encuentran en él una acogida y comprensión que no encuentran en ninguna otra parte.
  • El hijo menor quiere ser libre, romper ataduras. El padre accede a su deseo sin decir palabra. ¿No es ésta la situación actual? Muchos quieren hoy verse libres de Dios, ser felices sin la presencia de un Padre eterno en su horizonte… Y, lo mismo que en la parábola, el Padre guarda silencio. Dios no coacciona a nadie.
  • El hijo se marcha… Necesita vivir lejos de su padre y de su familia. El padre lo ve partir, pero no lo abandona; su corazón de padre lo acompaña; cada mañana lo estará esperando. La sociedad moderna se aleja más y más de Dios, de su autoridad, de su recuerdo… ¿No está Dios acompañándonos mientras lo vamos perdiendo de vista?
  • El vacío interior y el hambre de amor pueden ser los primeros signos de nuestra lejanía de Dios. No es fácil el camino de la libertad. ¿Qué nos falta? ¿Qué podría llenar nuestro corazón? Lo tenemos casi todo, ¿por qué sentimos tanta hambre?
  • “Me pondré en camino y volveré a mi padre”. ¿Nos pondremos en camino hacia Dios nuestro Padre? Muchos lo harían si conocieran a ese Dios que, según la parábola de Jesús, “sale corriendo al encuentro de su hijo, se le echa al cuello y se pone a besarlo efusivamente”. Esos abrazos y besos hablan de su amor. Junto a él podríamos encontrar una libertad más digna y dichosa.

5

  • ¿Qué cosas no te dejan ser feliz, te esclavizan, te alejan de Dios? ¿Qué te propones para volver al Señor?
  • Dios nos abre su corazón y nos muestra cómo es Él, cómo actúa con nosotros. Dedica tiempo para buscar el sentido y le mensaje que nos dejan estas parábolas.
  • Experimenta y agradece el perdón que Dios e ofrece y procura acercarte al Sacramento de la Reconciliación.
  • ¿Qué estás dispuesto a hacer para que otros puedan sentir la bondad de Dios que perdona nuestras infidelidades y pecado y nos espera y atrae con amor y ternura?
  • Pídele al Señor que te enseñe a dejarte seducir por su amor y experimentar su misericordia. Muéstrate compasivo y misericordioso con las necesidades de la gente y con los que se acercan a ti.

JESÚS ACOGE A LOS PECADORES

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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