Lectio Divina XXIII. TO. -C- Lc 14,25-33

Lectio divina

Domingo XXIII T. O. Ciclo C

Lc. 14. 25-33

4 Setiembre 2016


Jesús ha puesto su mirada en nosotros

y nos dice que seamos sal de la tierra.

Sal para dar sentido a la vida;

para hacer ver que merece la pena ser vivida

desde el proyecto de Jesús.

Sal, porque al igual que sin ella la comida no es agradable,

sin Jesús, sin su presencia viva entre nosotros,

nuestra vida se vuelve insípida.

Cuenta con nosotros, Señor,

TEXTO BÍBLICO Lc.14. 25-33

    En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
«Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.

    Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, sí echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.”

    ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?

    Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
    Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»


    En este texto Jesús nos plantea que todo el que quiera ser discípulo suyo debe hacer una doble renuncia: a la propia vida vivida para uno mismo y a sus bienes.

    Jesús se encuentra camino de Jerusalén, le sigue una multitud y expone con toda claridad, cuáles son las condiciones que ha de reunir quien quiera ser discípulo suyo.

     “Si alguno viene junto a mí…” Esto es una invitación, no una obligación. Jesús nos invita a ir junto a Él. Y acto seguido pone sus condiciones que los estudiosos afirman que, desde la mentalidad oriental, se puede traducir acertadamente como: poner en segundo lugar o posponer.

    A continuación Jesús relata dos parábolas, la del hombre que quería edificar una torre y la del rey que quería dar una batalla a otro rey. Con estas parábolas quiere ilustrar otra de las características que ha de asumir el que le quiera seguir: debe renunciar a todos sus bienes. De no hacerlo, la misión del seguimiento de Jesús podría fracasar, como esa torre inacabada o esa guerra no vencida.

    Solo por un amor muy grande a Dios uno puede poner en segundo lugar su propia vida, su propia familia y gente querida. Y renunciar a sus propios bienes. Ahora, pregúntate, ¿qué o quién es para ti lo más importante en esta vida?


  • Seguir a Jesús significa compartir su amor misericordioso, entrar en su gran obra de misericordia por cada hombre y por todos los hombres. La obra de Jesús es precisamente una obra de misericordia, de perdón, de amor. ¡Es tan misericordioso Jesús! (Papa Francisco)
  • Jesús no quiere realizar esta obra solo: quiere implicarnos también a nosotros en la misión que el Padre le ha confiado. Después de la resurrección dirá a sus discípulos: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo… (Papa Francisco)
  • El discípulo de Jesús renuncia a todos los bienes porque ha encontrado en Él el Bien más grande, en el que cualquier bien recibe su pleno valor y significado: los vínculos familiares, las demás relaciones, el trabajo, los bienes culturales y económicos, y así sucesivamente. El cristiano se desprende de todo y reencuentra todo en la lógica del Evangelio, la lógica del amor y del servicio. (Papa Francisco)
  • “¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey,…envía legados para pedir condiciones de paz”. Existe una guerra profunda que todos debemos combatir. Es la decisión fuerte y valiente de renunciar al mal y a sus seducciones y elegir el bien, dispuestos a pagar en persona: he aquí el seguimiento de Cristo, he aquí el cargar la propia cruz. Esta guerra profunda contra el mal. (Papa Francisco)
  • ¿De qué sirve declarar la guerra, tantas guerras, si tú no eres capaz de declarar esta guerra profunda contra el mal? No sirve para nada. Esta guerra contra el mal comporta decir no a la violencia en todas sus formas; decir no a la proliferación de las armas y a su comercio ilegal. Estos son los enemigos que hay que combatir, unidos y con coherencia, no siguiendo otros intereses si no son los de la paz y del bien común. (Papa Francisco)


Haznos, Señor, servidores de la paz,

que acojamos la paz como fruto de nuestro esfuerzo

y como don tuyo.

Bienaventuradas las personas que no adoran el poder.

Bienaventuradas las que tienen el amor como único poder.

Bienaventuradas las personas que no imponen

la razón por la fuerza.

Bienaventuradas las que actúan con una ternura firme.

Bienaventuradas las personas que no matan para vivir.

Bienaventuradas las que están dispuestas

a morir para generar vida.

Haznos, Señor, servidores de la paz.


  • Jesús comienza a hablar a aquella muchedumbre de las exigencias concretas que encierra el acompañarlo de manera lúcida y responsable. No quiere que la gente lo siga de cualquier manera. Ser discípulo de Jesús es una decisión que ha de marcar la vida entera de la persona.
  • Aquellos seguidores tienen su propia familia: padres y madres, mujer e hijos, hermanos… Pero, si no dejan a un lado los intereses familiares para colaborar con Él en promover una familia más allá de la humana, construida desde la justicia y la solidaridad fraterna, no podrán ser sus discípulos.
  • Si alguien solo piensa en sí mismo y en sus cosas, si vive solo para disfrutar de su bienestar, si se preocupa únicamente de sus intereses, no puede ser discípulo de Jesús. Le falta libertad interior, coherencia y responsabilidad para tomarlo en serio.
  • Si uno vive evitando problemas y conflictos, si no sabe asumir riesgos y penalidades, si no está dispuesto a soportar sufrimientos por el reino de Dios y su justicia, no puede ser discípulo de Jesús.
  • Sorprende la libertad del Papa Francisco para denunciar estilos de cristianos que poco tienen que ver con los discípulos de Jesús: “cristianos de buenos modales, pero malas costumbres”, “creyentes de museo”, “hipócritas de la casuística”, “cristianos incapaces de vivir contra corriente”, cristianos “corruptos” que solo piensan en sí mismos, “cristianos educados” que no anuncian el evangelio…
  • Según la parábola, la “torre inacabada” no hace sino provocar las burlas de la gente hacia su constructor. No hemos de olvidar el lenguaje realista y humilde de Jesús que invita a sus discípulos a ser “fermento” en medio del pueblo o puñado de “sal” que pone sabor nuevo a la vida de las gentes.


  • “Quien no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”. ¿Hasta dónde estás siendo verdadero discípulo? ¿Qué cambios te propones hacer, qué actitudes debes tener para poner a Jesús en el centro de tu vida, qué cosas y apegos te impiden ser su discípulo…?
  • La búsqueda de la paz es un camino largo y requiere paciencia y perseverancia. ¿Qué vas hacer por la paz en el mundo, de tu familia, entre las personas que te rodean?
  • Qué te propones para ser “sal” y “fermento” en medio de tu trabajo, relaciones, familia…
  • En tu oración, repite al Señor desde el fondo de tu corazón: “Cuenta conmigo, te seguiré dondequiera que vayas”.
  • Emprende una acción que ayude a los demás a descubrir a Jesús en sus vidas. Despréndete de tu tiempo, dinero, gustos… y recuerda que es más feliz el que da, que el que recibe.

 

RENUNCIA A TODOS TUS BIENES

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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