Lectio divina XIVT.O. -C- Lc 10,1-12

Lectio divina

Domingo XIV T. O. Ciclo C

Lc. 10. 1-12, 17-20

3 Julio 1916

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Señor, desde mi vida de hoy

quiero reconocerte como el manantial

desde donde brota toda la felicidad.

Quiero tenerte siempre en mi vivir,

disfrutar de tu Palabra que me orienta,

de tu bendición que me acompaña

y de tu voz que me invita a servir.

Que la felicidad que descubro en Ti,

sea la motivación constante para ser fiel

a la llamada que me haces.

TEXTO BÍBLICO Lc. 1-12, 17-20

    Después de esto, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

    ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

    Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”.

    Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad.

    Los setenta y dos volvieron con alegría, diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les dijo: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

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    Nadie sobra en la misión evangelizadora de la Iglesia y todos, cada uno desde la vocación propia que hemos recibido, debemos y podemos colaborar en esta tarea. La voluntad de Dios Padre es llegar a todos los hombres. Que no haya ni un solo hombre o mujer que desconozca que Dios le ama apasionadamente.

    Para llevar la palabra de salvación de Dios a todos los hombres hacen falta muchas manos.

    Jesús resalta las dificultades de la misión: “os mando como corderos en medio de lobos”, y la precariedad que, muchas veces, debe vivir el evangelizador “no llevéis talega, ni alforja, ni sandalia”. Al misionero si está apoyado y cimentado fuertemente en Jesús nada le faltará.

    El misionero, el discípulo tiene que hacer lo mismo que Jesús con gestos y con palabras. Curar a los enfermos: cualquier obra de caridad hacia el necesitado y anunciar la cercanía del Reino de Dios.

    El final del evangelio nos relata cómo los discípulos han vuelto de la misión muy contentos y se lo han contado así a Jesús. El Señor les recuerda que la mayor satisfacción de un evangelizador no ha de ser vanagloriarse de las cosas conseguidas en esta tierra sino la de mantener viva la esperanza de que, un día, verá a Dios cara a cara y contemplará su gloria. Somos, es verdad, ciudadanos del cielo. Hacia allí nos encaminamos.

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  • Jesús nos invita a hacernos conscientes del problema de la falta de vocaciones para el ministerio sacerdotal y para los servicios y formas de vida que, en la Iglesia, requieren la entrega plena de la persona. Al mismo tiempo Jesús nos hace ver que la llamada es para todos. Todos somos llamados a colaborar – cada cual en su propio estado de vida – en la misión evangelizadora de Jesús.
  • El cristiano ha de asumir con realismo que el mundo al que Jesús le envía es complejo y que siempre ha habido y habrá obstáculos: falta de acogida, incomprensiones, críticas, angustias, juicios, en una palabra, cruz.
  • La difusión del Evangelio no está asegurada ni por el número de personas, ni por el prestigio de la institución, ni por la cantidad de recursos disponibles. Lo que cuenta es estar imbuidos del amor de Cristo, dejarse conducir por el Espíritu Santo, e injertar la propia vida en el árbol de la vida, que es la Cruz del Señor. (Papa Francisco)
  • El cristiano vive su fe siempre en camino, siempre enfrentado a la tentación de “instalarse”. En el ejercicio de la misión, el discípulo no puedo poner su seguridad en nada que no sea su propia vocación y su pertenencia al reino.
  • El cristiano evangelizador lleva la paz en sus manos y en su corazón, es pacífico y pacificador, es agente de paz, siempre en misión de paz, trasmitiéndola a quienes encuentra. Una paz que brota de la justicia y busca la solidaridad, el desarrollo equitativo para todos, nuevo orden…

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Te entrego, Señor, mi vida;
hazla fecunda.

Toma mis manos; hazlas acogedoras.

Toma mi corazón;  hazlo ardiente.

Toma mis pies;  hazlos incansables.

Toma mis ojos;  hazlos transparentes.

Toma mis horas grises;  hazlas novedad.

Toma mi niñez; hazla sencilla.

Toma mis cansancios; hazlos tuyos.

Toma mis mentiras; hazlas verdad.

Toma mis muertes; hazlas vida.

Toma mi pobreza; hazla tu riqueza.

Toma mi nada; haz lo que quieras.

Toma mi familia; hazla tuya.

Toma mis amigos; hazlos tuyos.

Toma mis faltas de amor, mis desilusiones.

Hazme, Señor, alegre en la entrega,

gozo desbordante al darte la vida,

al entregártela, al gastarme. Amén

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  • “Poneos en camino”. No hay que esperar a nada. No hemos de retener a Jesús dentro de nuestras parroquias, de nuestros grupos, de nuestras comunidades. Hay que darlo a conocer con la vida.
  • “No llevéis bolsas, alforjas ni sandalias de repuesto”. Hay que salir a la vida de manera sencilla y humilde. Sin privilegios ni estructuras de poder. El Evangelio no se impone por la fuerza. Se contagia desde la fe en Jesús y la confianza en el Padre.
  • Cuando entréis en una casa, decid: “Paz a esta casa”. Esto es lo primero. Dejad a un lado las condenas, curad a los enfermos, aliviad los sufrimientos que hay en el mundo. Decid a todos que Dios está cerca y nos quiere ver trabajando por una vida más humana. Esta es la gran noticia del reino de Dios Misericordioso.
  • Es necesario revisar nuestra actuación. Seguramente, nos falta amor al mundo actual y no sabemos llegar al corazón del hombre y la mujer de hoy. Hemos de aprender a escuchar más, acoger, curar la vida de los que sufren… Sólo así encontraremos palabras que acerquen a ese Jesús cuya ternura insondable nos pone en contacto con Dios, el Padre Bueno de todos.

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  • Pide al Señor que haga de cada uno de nosotros un misionero del evangelio, un testigo de su palabra de paz y de su promesa de fraternidad.
  • Pide también por los sacerdotes, religiosos… y por todas aquellas personas que se han comprometido con Jesús con la entrega plena de su persona.
  • Ten presente a los hermanos bautizados que viven con apatía su vocación de cristianos. Acércate a ellos para llevarles la Palabra que anima y alienta a seguir a Jesús.
  • En la presencia del Señor, revisa tu tarea evangelizadora, ¿la atribuyes al Espíritu o a tus cualidades y trabajo? El apóstol es “enviado”. Quien da fruto es el Señor.
  • Experimenta el gozo de la vocación recibida para llevar a otros el Evangelio, la buena noticia de salvación. Da gracias al Señor porque te ha elegido para vivir la alegría de tu vocación como misionero/a en la Iglesia.

 

PONEOS EN CAMINO

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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