Lectio divina. X. T.O. -C- Lc 7,11-17

Lectio divina

Domingo X. T. O. Ciclo C

Lc. 7,11-17

5 Junio 2016

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Dios mío, tan grande es tu amor

que no dejas de compadecerte de mí,

a pesar de mis debilidades,

porque digo y no hago,

ofrezco y no cumplo.

¡Ven a iluminar mi oración!

Dame la gracia que me haga crecer

en amor y fidelidad.

TEXTO BÍBLICO Lc. 7,11-17

    Poco tiempo después iba camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío.

    Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.

    Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo: «No llores». Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!». El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre.

    Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.

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    A Jesús se le conmueven las entrañas al ver el dolor de esta viuda. Y aquí tenemos una de las grandes lecciones de este evangelio: Dios está a nuestro lado cuando sufrimos. Dios no es indiferente a nuestro dolor. Nuestra vida, nuestros problemas y dificultades no son ajenos a Dios, no se olvida cuando nos van mal las cosas.

    Ante el dolor de la madre y siendo consciente de la situación en que ésta se quedaba (sola en el mundo) Jesús decide restituir la vida al difunto. Y se lo entregó a su madre. A esta mujer este gesto de Jesús le devolvería la esperanza y las ganas de vivir.

    Ante esta actuación de Jesús y esta obra de caridad hacia la mujer, la gente alabó a Dios por su grandeza y rompieron en este grito: “Dios ha visitado a su pueblo“.

    Esta buena noticia se extendió por toda la comarca.
Y ahora, ¿qué podemos aprender nosotros?

     Lo primero: que Dios nos acompaña muy de cerca en la hora del dolor. Lo segundo: que es posible que hoy Dios no resucite físicamente al hijo de la viuda de Naín, pero ¿no se siguen haciendo hoy verdaderos milagros en nombre de Dios? A cuanta gente se le cura, se le da de comer, se le escucha, se le atiende, se le acompaña, se le da esperanza, se le anuncia la Palabra… Alabemos a Dios por ellos. Y luego, vayamos a contarlo.


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  • Hoy recibimos una llamada a la ternura, a revestirnos de entrañas de misericordia, para que muchos recuperen y recobren el sentido de la vida, la ilusión por vivir de manera generosa y esperanzada. Jesucristo es la vida, el Evangelio es vida, la compasión engendra vida.
  • Este señorío sobre la muerte no impidió a Jesús experimentar una sincera compasión por el dolor de la separación… Él es la imagen, más aún, la encarnación de Dios, que es amor, misericordia, ternura paterna y materna, del Dios que es Vida (Benedicto XVI)
  • “Muchacho, a ti te lo digo, levántate”. Cuando el joven se reincorpora y comienza a hablar, Jesús “lo entrega a su madre” para que deje de llorar. De nuevo están juntos. La madre ya no estará sola. Es la compasión de Dios la que hace a Jesús tan sensible al sufrimiento de la gente.
    (Papa Francisco)
  • Como dijo al muchacho en Naín que se levante de su lecho de muerte, muchas veces Jesús también nos dice que nos levantemos “cuando estamos muertos por el pecado y vamos a pedir perdón”. Y entonces, ¿qué hace Jesús “cuando nos perdona y cuando nos restituye la vida?”: nos devuelve a nuestra Madre. (Papa Francisco)
  • Así como Cristo entregó alegría a esta viuda, hoy día Dios sigue obrando milagros para que nosotros podamos ser felices en Él. Es imposible que a Dios le guste vernos tristes, porque nos ama. Pero si lo estamos… ¿acaso será porque no le hemos permitido a Cristo entrar en nuestras vidas? (Papa Francisco)

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Te glorifico, Señor, porque tu me libraste.

Y no quisiste que mis enemigos se rieran de mi.

Tú, Señor, me libraste del abismo y me hiciste revivir,

Cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.

Canten al Señor, sus fieles, den gracias a su santo Nombre,

porque su enojo dura un instante, y su bondad toda la vida:

si por la noche se derraman lágrimas,

por la mañana renace la alegría.

“Escucha, Señor, ten piedad de mi;

ven a ayudarme, Señor”.

Tú convertiste mi lamento en júbilo:

¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!

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    Nuevamente Jesús, nos muestra sus sentimientos. Cuando se encuentra con la desgracia y el sufrimiento, nunca pasa de largo. Cuando vio a la viuda se compadeció de ella. La misericordia es “lo propio de Dios” y se manifiesta plenamente en Jesucristo cada vez que se encuentra con el sufrimiento.

  • Jesús, devuelve la vida, la ilusión, la esperanza y la confianza a tantos en este mundo, que como la viuda de Nain se sienten tristes y desanimados. Jesús, anuncia y vive la profunda ternura que el Padre siente por los desdichados.
  • Como seguidores de Jesús seamos consecuente con su llamada a detener esta marcha fúnebre en la que transita el mundo, para darle la vida de la gracia, del amor y la esperanza. Dios quiere que vivamos. Él es el Señor de la vida.
  • El amor de Jesús se dirige a toda la humanidad. Amor que percibe el sufrimiento, la injusticia, la pobreza y la comprensión por la fragilidad del hombre. Jesús nos muestra su Corazón misericordioso. Mostremos el nuestro, lleno de Él, a los que necesitan de Él.
  • En la Iglesia, los cristianos hemos de recuperar cuanto antes la compasión como el estilo de vida propio de los seguidores de Jesús. La compasión que exige justicia es el gran mandato de Jesús: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”.
  • La compasión es hoy más necesaria que nunca. Todo se tiene en cuenta antes que el sufrimiento de las víctimas. Desde las comunidades de Jesús se tiene que escuchar un grito de indignación: el sufrimiento de los inocentes ha de ser tomado en serio; no puede ser aceptado como algo normal pues es inaceptable para Dios. Él no quiere ver a nadie sufriendo.

     

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  • Relee el texto del evangelio y pide al Señor que te enseñe a estar atento a las necesidades y sufrimientos de la gente que te rodea.
  • Mucha gente hoy sufre en soledad y silencio. Dedica parte de tu tiempo a curar heridas, sanar espíritus, acompañar, orar…
  • Agradece al Señor las veces que te ha dicho “levántate” y has reemprendido el camino y te has sentido perdonado/a.
  • Los evangelistas nos presentan a Jesús como fuente de esperanza. Acércate a alguna persona que esté sufriendo y como Jesús dile “No llores”. Siempre es posible la esperanza. Para ti todo es imposible, para Dios todo es posible, como a la viuda le dijo Jesús.

PINCHAR AQUÍ PARA ABRIR: DIOS NO ES INDIFERENTE A NUESTRO DOLOR

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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