Lectio divina. VII PASCUA. ASCENSIÓN. – C- Lc 24,46-53

Lectio divina

Domingo VII Pascua. Ascensión del Señor Ciclo C

Lc. 24. 46-53

8 Mayo 2016

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Señor Jesús, que en la oscuridad de mis noches,

tu Luz resplandezca más viva.

Que la esperanza me mantenga,

para no perder mi rumbo, mi confianza en Ti.

Que la fuerza de tu resurrección y ascensión

arrebate mi debilidad, para que como San Pablo:

Cuando me siento débil, entonces es cuando soy fuerte.

Seguiré enorgulleciéndome de mis debilidades,

para que habite en mí la fuerza de Cristo.

TEXTO BÍBLICO Lc. 24,46-53

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.

    Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.”

    Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.


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    Después de la Resurrección de Jesús empezará la llamada a los hombres para que se conviertan, para que vuelvan a Dios. En su nombre, se predicará también el perdón de los pecados. Él regresa hoy a su Padre. Esa predicación se hará en su nombre y con la fuerza de su Espíritu, pero serán los suyos los que la tengan que llevar adelante. Esta predicación será “a todos los pueblos“. La buena noticia ya no se puede identificar con ningún pueblo determinado, es para todas las naciones.

    Jesús pide a sus discípulos que hasta que no hayan recibido al Espíritu Santo no salgan a la misión: no se puede ir a predicar a Jesús de cualquier manera. El testigo debe ser humilde, debe saber que actúa en nombre de Otro.

    Después Jesús les invita a que le acompañen. Salen fuera de Jerusalén, hasta Betania. Y allí se produce la ascensión de Jesús al cielo. Los discípulos se postraron para recibir la bendición de Jesús y regresaron a Jerusalén con gran alegría y se dedicaron a bendecir a Dios.

    Se alegraron porque habían, finalmente, entendido a Jesús. No os dejo. Seguiré estando con vosotros. Todavía no podían empezar a predicar, debían esperar el don del Espíritu santo, pero en los corazones de aquellos hombres no cabía ninguna duda. Sentían a Jesús tan profundamente como cuando lo habían acompañado por los caminos de Israel. Y eso, lo tenían que contar.


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  • La Ascensión de Jesús ocurre en el Monte de los Olivos, cerca del lugar donde se había retirado en oración antes de la pasión para permanecer en profunda unión con el Padre: una vez más, vemos que la oración nos da la gracia de vivir fieles al proyecto de Dios. (Papa Francisco)
  • Durante la Ascensión Jesús cumple el gesto sacerdotal de la bendición: Jesús es el único y eterno Sacerdote, que con su pasión atravesó la muerte y el sepulcro y resucitó y ascendió a los cielos; está con Dios Padre, donde intercede por siempre en nuestro favor. Como afirma San Juan en su primera epístola Él es nuestro abogado.
    (Papa Francisco)
  • Nosotros tenemos un abogado que nos defiende siempre, nos defiende de las insidias del diablo, nos defiende de nosotros mismos, de nuestros pecados. No tengamos miedo de acudir a él para pedir perdón, pedir la bendición, pedir misericordia. Él nos perdona siempre, nos defiende siempre. (Papa Francisco).
  • “… se volvieron a Jerusalén con gran alegría”. El evangelista pone de relieve la profunda alegría de los Apóstoles. ¿Por qué? Porque, con la mirada de la fe, entienden que, aunque no está ante sus ojos, Jesús permanece con ellos para siempre, no los abandona y, en la gloria del Padre los conforta, los guía e intercede por ellos. (Papa Francisco)
  • En nuestra vida nunca estamos solos: tenemos este abogado que nos espera, que nos defiende. El Señor crucificado y resucitado nos guía. Con nosotros hay muchos hermanos y hermanas que en el silencio y la oscuridad, en la vida familiar y laboral, en sus problemas y dificultades, en sus alegrías y esperanzas, viven cotidianamente la fe y llevan al mundo el amor de Dios, en Cristo resucitado, ascendido al Cielo, nuestro abogado. (Papa Francisco)

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Estamos ante ti, Señor, para hacer vida tu Palabra

que redime, libera y hace fuerte.

Sin tu Palabra no hay alegría,

sin estar a tu escucha, no existe el gozo de seguirte.

Haznos, Señor, creer verdaderamente en tu amor

para caminar en fidelidad y ser testigos en el mundo.

Queremos escucharte siempre, Señor,

hacer vida tu Palabra

y poner esperanza y ternura en el mundo.

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  • “Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo”. Sube al Padre «bendiciendo» a los suyos. Sus seguidores comienzan su andadura protegidos por aquella bendición con la que Jesús curaba a los enfermos, perdonaba a los pecadores y acariciaba a los pequeños.
  • En un mundo donde es tan frecuente maldecir, condenar, hacer daño y denigrar, es más necesaria que nunca la presencia de seguidores de Jesús que sepan bendecir, buscar el bien, hacer el bien, atraer hacia el bien.
  • “Yo me voy al Padre… os conviene que yo me vaya para que recibáis el Espíritu Santo”. La fiesta de la Ascensión del Señor nos recuerda que, terminada la presencia histórica de Jesús, vivimos “el tiempo del Espíritu”, tiempo de creatividad y de crecimiento responsable. El Espíritu nos da luz y aliento para ir buscando caminos siempre nuevos para reproducir hoy su actuación. Así nos conduce hacia la verdad completa de Jesús.
  • Cuando un día abandonemos esta vida, no partiremos hacia lo desconocido, sino hacia un hogar en el que nos espera ese Jesús al que hemos querido tanto en esta vida y esas personas a las que hemos querido. Allí nos volveremos a encontrar y nos sentiremos para siempre en nuestra verdadera casa. Es bueno recordarlo y celebrarlo en esta fiesta de la Ascensión del Señor.

     

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  • Interioriza este pasaje del Evangelio: el sentido de las palabras, las escenas, los personajes…relacionando así tu vida de fe con las experiencias y situaciones de tu vivir diario.
  • Confecciona tu propio Magníficat alabando y dando gracias a Dios por todas las bendiciones recibidas de sus manos.
  • Aprovecha este tiempo para ser bendición para los que te rodean, dando lo mejor de ti, mostrándo un Jesús que bendice y pone paz en las vidas de las personas.
  • Ejercítate en “ver” con otros ojos lo que te acontece, para ir convirtiendo tu tristeza en gozo, tus limitaciones en esperanza y confianza, tu pecado en amor.
  • Ve preparándote para la fiesta de Pentecostés: está abierto/a a la vida que nace cada día, desde el amor que dinamiza nuestros actos en todas instancias: trabajos, relaciones, contratiempos…

PINCHAR AQUÍ PARA ABRIR: QUEDAOS EN LA CIUDAD

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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