Lectio divina. VI PASCUA -C- Jn 14, 23-29

Lectio divina

Domingo VI Pascua. Ciclo C

Jn. 14. 23-29

1 Mayo 2016

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Quiero, Señor, hacer de tu Palabra un camino para mi vida;

quiero amar tu voluntad de todo corazón.

Quiero ser discípulo tuyo y ponerme a tu escucha cada día;

quiero hacer de tu Palabra la norma que me guíe, paso a paso.

Tu Palabra de verdad alumbra mis pasos por el sendero;

en tu Palabra he puesto mi esperanza día y noche;

con todo el corazón quiero empeñarme en cumplir tu voluntad

y que mis caminos sean siempre tus caminos.

TEXTO BÍBLICO Jn. 14. 23-29

    Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

    Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

    La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”.

    Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

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    Jesús no determina cuándo volverá definitivamente. Lo más importante no es saber el cuándo sino cómo debemos vivir hasta ese regreso. Jesús, también en esta hora, quiere transmitir ánimo, confianza, valor.

    Junto a este aliento que Jesús da a los suyos les deja la paz. Pero no cualquier tipo de paz, sino la paz del Resucitado. La paz sincera y auténtica que es capaz de derribar las resistencias del corazón humano. El “No temáis” y “la paz con vosotros” son dos elementos que están presentes en las apariciones del Resucitado. El valor y la paz auténtica se convierten así en dos características del discípulo de Jesús.

    Jesús promete a los suyos que, cuando Él se marche, su presencia será sustituida por el Defensor, por el Espíritu Santo. Este Espíritu tendrá (tiene) una gran misión: evitar que los creyentes olvidemos la memoria, el mensaje y la persona de Jesús. Él hace presente en la historia de los hombres, en cada generación, todo lo que Jesús hizo y enseñó.

    Además de acoger el Espíritu de Jesús, otra forma para el creyente de hacer presente a Jesús en su vida será guardar su palabra. Tenemos que volver, una y otra vez, a la Palabra de Dios, a su lectura, a su meditación. Y luego a la acción. A hacer realidad lo que ella contiene en nuestras vidas.

    Esta partida de Jesús a sus discípulos no les puede dejar tristes. Si de verdad aman a Jesús se deben alegrar: Él regresa a su Padre. Todo esto lo ha dicho Jesús para fortalecer nuestra fe, para que sigamos creyendo, confiando en Él. No se ha ido para siempre. Su presencia, a través de su Espíritu y de su Palabra nos acompaña cada día.    


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  • Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y acobardados. Ellos saben que están viviendo las últimas horas con su Maestro. ¿Qué sucederá cuando les falte? ¿A quién acudirán? ¿Quién los defenderá? Jesús quiere infundirles ánimo descubriéndoles sus últimos deseos?
  • Que no se pierda mi Mensaje. Es el deseo de Jesús. Que no se olvide su Buena Noticia de Dios. Que sus seguidores mantengan siempre vivo el recuerdo del proyecto humanizador del Padre: ese “reino de Dios” del que les ha hablado tanto. Si le aman, esto es lo primero que han de cuidar: el que me ama, guardará mi palabra…el que no me ama, no la guardará”.
  • El Padre os enviará en mi nombre un Defensor. Jesús no quiere que se queden huérfanos. No sentirán su ausencia. El Padre les enviará el Espíritu Santo que los defenderá de riesgo de desviarse de él. Este Espíritu que han captado en él, enviándolo hacia los pobres, los impulsará también a ellos en la misma dirección.
  • El Espíritu les “enseñará” a comprender mejor todo lo que les ha enseñado. Les ayudará a profundizar cada vez más su Buena Noticia. Les “recordará” lo que le han escuchado. Los educará en su estilo de vida.
  • Después de veinte siglos, ¿qué espíritu reina entre los cristianos? ¿Nos dejamos guiar por el Espíritu de Jesús? ¿Sabemos actualizar su Buena Noticia? ¿Vivimos atentos a los que sufren? ¿Hacia dónde nos impulsa hoy su aliento renovador?

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Ven Espíritu Santo. Sin Ti, nuestra lucha por la vida termina sembrando muerte, nuestros esfuerzos por encontrar felicidad acaban en egoísmo amargo e insatisfecho.

Ven Espíritu Santo. Sin Ti, no habrá nunca un «pueblo unido» sino un pueblo constantemente vencido por divisiones, rupturas y enfrentamientos.

Sin Ti, seguiremos dividiendo y separándolo todo. Recuérdanos que todos venimos de las entrañas de un mismo Padre y todos estamos llamados a la comunión gozosa y feliz en Él.

Renueva nuestro amor al mundo y a las cosas. Enséñanos a cuidar esta tierra que nos has regalado como casa común entrañable donde pueda crecer la familia humana.

Ven a alegrar nuestro mundo tan sombrío. Ayúdanos a imaginarlo mejor y más humano.

Ábrenos a un futuro más fraterno, limpio y solidario.

Ven Señor y dador de vida. Pon en los hombres gozo, fuerza y consuelo, en sus grandes y pequeñas decisiones, en sus miedos, luchas, esperanzas y temores.

Ven Espíritu Santo y enséñanos a creer en Ti como ternura y cercanía personal de Dios,

como fuerza y como gracia que puede conquistar nuestro interior y dar vida a nuestra vida.

Ven a alegrar nuestro mundo tan sombrío. Ayúdanos a imaginarlo mejor y más humano.

Ábrenos a un futuro más fraterno, limpio y solidario.

Ven Señor y dador de vida. Pon en los hombres gozo, fuerza y consuelo, en sus grandes y pequeñas decisiones, en sus miedos, luchas, esperanzas y temores.

Ven Espíritu Santo y enséñanos a creer en Ti como ternura y cercanía personal de Dios,

como fuerza y como gracia que puede conquistar nuestro interior y dar vida a nuestra vida.

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  • Que la paz de Cristo reine en vuestros corazones. Esta paz no es una ausencia de conflictos y tensiones. Tampoco una sensación de bienestar o una búsqueda de tranquilidad interior. Según el evangelio de Juan, es el gran regalo de Jesús, la herencia que ha querido dejar para siempre en sus seguidores: Os dejo la paz, os doy mi paz.
  • En la casa en que entréis, decid primero: paz a esta casa. Para humanizar la vida, lo primero es sembrar paz, no violencia; promover res peto, diálogo y escucha mutua, no imposición, enfrentamiento y dogmatismo.
  • Sólo los hombres y mujeres que poseen la Paz con mayúsculas, pueden ponerla en la sociedad. Con el corazón lleno de resentimiento, intolerancia y dogmatismo se puede movilizar a la gente, pero no es posible aportar verdadera Paz a la convivencia. No se ayuda a acercar posturas y a crear un clima amistoso de entendimiento, de mutua aceptación y diálogo.
  • No es difícil señalar algunos rasgos de la persona que lleva en su interior la paz de Cristo. Busca siempre el bien de todos, no excluye a nadie, respeta las diferencias, no alimenta la agresión, fomenta lo que une…
  • Os doy mi paz. Jesús quiere que vivan con la misma paz que han podido ver en él, fruto de su unión íntima con el Padre. Les regala su paz. Esa es la paz que han de contagiar siempre que lleguen a un lugar. Lo primero que difundirán al anunciar el reino de Dios para abrir caminos a un mundo más sano y justo. Nunca han de perder esa paz. Jesús insiste: “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde”
  • ¿Qué estamos aportando hoy los seguidores de Jesús? ¿Concordia o división? ¿Reconciliación o enfrentamiento? Y si los seguidores de Jesús no llevan paz en su corazón, ¿qué es lo que llevan? ¿Miedos, intereses, ambiciones, irresponsabilidad…?

     

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  • Demuestra con tu vida que amas al Señor, viviendo su Palabra, y haciendo vida sus actitudes y sus enseñanzas.
  • El Señor nos dice que quien lo ama guarda sus Palabras, ¿qué vas a hacer para conocer más la Palabra del Señor, reflexionarla, vivirla y comunicarla?
  • El Padre envía el Espíritu Santo en nombre de Jesús. Comienza a prepararte para la fiesta de Pentecostés, pidiéndole su acción en nosotros.
  • Pide por la paz con la oración de la Misa: Señor Jesucristo, que dijiste a los apóstoles: Mi paz les dejo, la paz les doy. No tengas en cuenta nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia.
  • Emprende una acción de paz, en primer lugar en tu entorno familiar, entre tus amistades, con los más alejados y que te separan “guerras” que impiden la paz.

PINCHAR AQUÍ PARA ABRIR: REGRESA AL PADRE

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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