Lectio divina. -C- V PASCUA. Jn 13,31-35

Lectio divina

Domingo V Pascua. Ciclo C

Jn. 13. 31-33a, 34-35

24 Abril 2016

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Jesús se despojó de sí mismo:

renunció a la gloria de Hijo de Dios

y se convirtió en Hijo del hombre,

para ser en todo solidario con nosotros pecadores,

Él que no conoce el pecado.

TEXTO BÍBLICO Jn. 13. 31-34ª, 34-35

    Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.

    Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros.

    La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.

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    Estas palabras de Jesús tienen un claro sabor a despedida. Estamos en el cenáculo, la traición de Judas está a punto de consumarse. Es la hora de hablar a los suyos claramente, es el momento de dejarles “su testamento espiritual“. Aquellos principios de fe y de costumbres que la persona que se va ofrece a sus seres más queridos para que ellos, observándolos, puedan ser igualmente felices.

    ¿Qué quiere decir esto de la “glorificación del hijo del hombre“? La “glorificación” de Jesús es un término que utiliza exclusivamente el evangelista san Juan para referirse a la pasión y resurrección de Cristo. Momentos definitivos de la vida de Jesús. Misterios centrales de nuestra fe, que culminaron la existencia de Jesús. Ninguno de esos dos momentos tuvo gloria humana: en la pasión Jesús fue azotado, crucificado, abandonado.

    Su resurrección aconteció en el silencio de Dios. Libremente aceptada su pasión, Jesús sabe que se acerca su “hora“, por eso se quiere despedir de los suyos y les deja su testamento espiritual: el mandamiento nuevo del amor. Que resume toda la Ley y los profetas. Que resume, en definitiva, la vida de Jesús.

    Y este amor no debe ser cualquier amor. Jesús nos dice: “amaos también entre vosotros“. Jesús ha querido insistir que nuestro deber de amar empieza por los que están “entre nosotros”. El amor debe comenzar en nuestra propia casa.

    La cruz de Jesús es un signo absoluto de amor, por eso es la señal de los cristianos. Así cada vez que hacemos la señal de la cruz debemos recordar que estamos llamados a vivir cada día practicando el amor “entre nosotros” tal y como Jesús nos ha enseñado. Este es el legado espiritual de Jesús. Nadie nos obliga a aceptarlo. Solo se acepta libremente, por amor.


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El texto de hoy nos invita a vivir como una verdadera comunidad cristiana. Una comunidad renovada con la celebración de la Pascua de Cristo que ha resucitado y vive en medio de quienes aman.

La mención de Judas en el evangelio, nos lleva a pensar que hay discípulos que no han aceptado al Maestro, que aún después de convivir con él no están dispuestos a seguirle por el camino que ha mostrado. Como Judas han roto con el mundo de Dios, se apartan de Jesús traicionándolo.

Jesús ha enseñado que para vivir hay que morir, que para reinar hay que sufrir. La vida del cristiano aún en los momentos de prueba, está marcada con la esperanza de la vida eterna, esto da un sentido sobre natural a la vida cotidiana. Caminamos hacia la plenitud de la vida divina, por eso podemos superar cualquier dificultad que surja en la vida.

Los discípulos debemos amarnos como Jesús amó, porque fuimos amados primero. Sólo quien es amado y se siente amado es capaz de amar. El amor de Jesús es constitutivo del amor fraterno. No se trata sólo de amar, sino que, debe ser la atmósfera en que se viva cada día y donde se halla la fuerza para amar a los semejantes.

Amar como Jesús amó, es un amor de entrega, de sacrificio de la propia vida por el bien del hermano. No se trata de un amor altruista y humanitario, sino la continuación de la obra de Jesús. El amor mutuo debe ser manifestativo del amor que Dios tiene a los hombres. Este amor debe ser un signo atrayente, el testimonio para que los demás crean.

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Haznos, Señor,
instrumentos dóciles de tu Palabra.
Donde haya oscuridad,
pongamos la luz.

Donde haya discordia,

sembremos el amor

Donde haya envidia,

aportemos el perdón.

Donde haya egoísmo,
celebremos la generosidad.
Donde haya desunión,
plantemos la fraternidad.

Donde haya cobardía,
llevemos la fortaleza.
Donde haya desilusión,
renazcamos la esperanza

de tu Palabra.

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Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Dentro de muy poco, ya no lo tendrán con ellos. ¿Quién llenará su vacío? Jesús les dice: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. Si saben quererse como Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos.

El evangelista Juan tiene su atención puesta en la comunidad cristiana. Cuando falte Jesús, en su comunidad se tendrán que querer como amigos porque así los ha querido Jesús: vosotros sois mis amigos; ya nos os llamo siervos, a vosotros os he llamado amigos. La comunidad de Jesús será una comunidad de amistad.

El estilo de amar de Jesús es inconfundible. Sólo parece interesarse en hacer el bien, acoger, regalar lo mejor que él tiene, ofrecer amistad, ayudar a vivir. Lo recordarán así años más tarde en las primeras comunidades cristianas: «Pasó toda su vida haciendo el bien».

Jesús se pone al servicio de quienes lo pueden necesitar más. Hace sitio en su corazón y en su vida a quienes no tienen sitio en la sociedad ni en la preocupación de las gentes. Defiende a los débiles y pequeños, los que no tienen poder para defenderse a sí mismos, los que no son grandes o importantes para nadie. Se acerca a quienes están solos y desvalidos, los que no tienen a nadie.

Con frecuencia vivimos indiferentes hacia quienes sentimos como extraños y ajenos a nuestro pequeño mundo de intereses. Lo que le distingue al seguidor de Jesús no es cualquier «amor», sino precisamente ese estilo de amar que consiste en saber acercarse a quienes nos pueden necesitar.

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Agradece a Jesús el amor que te tiene que entregó su propia vida por ti.

Viendo como el Señor nos invita a amarlo como el nos ama, analiza las actitudes que tienes en tu familia, en tu comunidad, entre tus amistades… ¿manifiestan el mandato recibido del Señor? ¿Qué te propones?

“En esto reconocerán que sois mis discípulos: si os amáis unos a otros”. A partir de esto, ¿cómo vas a vivir?, ¿a qué te compromete?, ¿qué va a ser lo esencial y fundamental?

En tu oración mira al crucifijo “para aprender el amor humilde, que salva y da vida, para renunciar ala egoísmo, a la búsqueda del poder y la fama”.

PINCHAR AQUÍ PARA ABRIR: COMO YO OS HE AMADO

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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