Carta del Arzobispo Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Juan José Omella Omella

Arzobispo
Excmo. y Rvdmo. Sr. D.
Juan José Omella Omella

21 febrero 2016

Dificultades y problemas no nos faltan. La pregunta es cómo reaccionamos ante esas dificultades. Quizás nos ayude la parábola siguiente a saber situarnos con paz y sin amargura ante los problemas que nos surgen diariamente.

Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro. Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.

A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un bol. Sacó los huevos y los colocó en otro bol. Coló el café y lo puso en un tercer bol. Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿qué ves?”. “Zanahorias”, fue su respuesta.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Después de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente, la hija preguntó: “¿Qué significa esto, padre?”

Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad, el agua hirviendo, pero habían reaccionado de forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café, sin embargo, eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua: “¿Cuál eres tú?”, le preguntó a su hija. Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?

Y tú, ¿eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable –poseías un espíritu fluido–, pero después de una muerte, una separación, un divorcio o un despido te has vuelto duro y rígido, eres amargado y áspero, con un espíritu, un corazón endurecido? ¿O eres corno un grano de café? El café cambia el agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

Deseo de todo corazón que sepamos aceptar con paz las dificultades y dar lo mejor de nosotros mismos. Lo lograremos si sabemos unirnos a la cruz de Cristo. Él, en medio del gran dolor que padecía, supo perdonar y amar a todos, incluso a sus enemigos.  

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