Lectio divina. II.T.O.C. Jn 2,1-11

Lectio divina

Domingo II T. O. Ciclo C

Jn. 2. 1-11

17 Enero 2016

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Santa María, Madre de Dios,

Que “la dulzura de tu mirada nos acompañe en este Año Santo.”

Te “pedimos en este año jubilar que

sea una siembra de amor misericordioso

en el corazón de las personas, de las familias y de las naciones”.

“Que nos siga repitiendo: ‘No tengas miedo,

Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre,

Madre de Misericordia´”

TEXTO BÍBLICO Jn. 2. 1-11

Las bodas de Caná

     A los tres días, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

    Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora». Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga».

     Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron.

    El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».

    Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

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    Pocas palabras encontramos en los Evangelios tan rotundas como éstas: “Haced lo que Él os diga“.

    Lo más importante de este texto no serán estas palabras sino la presentación que hace el evangelista de la persona de Jesús. El hecho se produce en una pequeña localidad de Galilea, Caná. El motivo una boda. A ella ha sido invitada María y Jesús con sus discípulos.

    La alegría de esta fiesta pronto se ve ensombrecida: falta el vino. La virgen percibe esta situación y acude a su hijo.

    Llama la atención la respuesta de Jesús: “Todavía no ha llegado mi hora”. La hora de Jesús es su muerte y resurrección. Solamente en ese momento, es esta “hora” el misterio de Jesús llegará a su plenitud.

    Ahora, en Caná, estamos al inicio del ministerio público de Jesús, por eso Él mismo dirá a su madre que no ha llegado el momento de su manifestación pública y total. Jesús irá desvelando poco a poco su identidad y por eso va a realizar este primer signo.

    El vino que Jesús convirtió no fue cualquier vino. Fue el mejor vino, el que normalmente en las bodas se ponía al principio. Este vino nuevo y mejor es imagen de la vida (sangre) de Cristo que inaugura el tiempo de la Nueva y definitiva Alianza.

    El vino que se ha agotado es sinónimo de todo lo caduco, lo pasajero, de todo lo malo. El vino nuevo que representa a Jesús es sinónimo de una nueva vida llena de luz y de sentido.

    Hagamos caso a María. Miremos a Jesús e imitemos su vida.

Dirá Juan que en la Luz, Cristo, no existe tiniebla alguna, pecado. De igual modo, llenemos nuestros odres del vino nuevo, que es Cristo, y dejemos al borde del camino el vino peor: nuestras miserias y debilidades.


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    Con este domingo comienza el Tiempo litúrgico Ordinario. Por ello, puede ser una buena ocasión para recordar la importancia y el sentido del domingo. De su celebración depende, en buena parte, el vivir de la comunidad cristiana y la vitalidad de los creyentes.

  • En esta boda falta un elemento indispensable. Falta el vino, signo de alegría y símbolo del amor. Es una situación triste que sólo quedará transformada por el «vino» nuevo aportado por Jesús. Un «vino» que sólo lo saborean quienes han creído en el amor gratuito y misericordioso de Dios Padre y viven animados por un espíritu de verdadera fraternidad.
  • Esta sociedad necesita la reacción vigorosa de quienes creemos que todo hombre tiene una dignidad, pues es criatura de Dios y hermano nuestro. El amor al hombre como alguien digno de ser amado de manera absoluta es un «vino» que comienza a escasear. Pero sin este “vino” no es posible la verdadera alegría entre los hombres.
  • Como María necesitamos aprender a presentarle a Jesús, no solo nuestras necesidades, sino las de los vecinos, de los amigos, de los que sufren por diversas circunstancias… que se les acabó el vino o no han conocido el vino nuevo: Amor, fe, alegría y paz, servicio, fraternidad… ¿Si conoces las bondades del Señor para ti, por qué escondérselas a los demás que sufren porque no las conocen? El amor es el vino nuevo que necesitamos para crecer en la fe. ¿La lectura orante de la Palabra, los sacramentos, la ayuda a los demás… son tu apoyo?

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¡Dichoso quien cuida del pobre y débil!

¡Dichoso quien tiende su mano al necesitado!

¡Dichoso quien no sabe negar una ayuda!

¡Dichoso quien sabe amar y comprometerse!

Ayúdanos, Señor, a desterrar del corazón

el egoísmo que tantas veces lo envuelve.

Ayúdanos a no fracasar en nuestro intento

de estar atentos al dolor de los demás.

Ayúdanos a saber mirar la realidad,

a descubrir la injusticia y la maldad.

Ayúdanos a ser mensajeros de esperanza,

a arriesgar, si necesario fuera, la vida por los demás.

Danos fuerza, Señor,

para que tu Palabra y nuestros deseos

lleguen a hacerse realidad.

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  • María está atenta, solícita a las necesidades de los novios. No se enfrasca en su mundo, su amor la hace «ser hacia» los otros, y como está atenta con su discreción se da cuenta de que falta el vino. El vino que es signo de alegría, de amor, de abundancia. Cuánto de ese vino falta hoy.
  • María se percata que falta el vino y acude con confianza a Jesús, presenta la dificultad de los esposos a su Hijo. La respuesta que recibe parece desalentadora: «¿Qué podemos hacer tú y yo? Todavía no ha llegado mi hora» Pero ha dejado el problema en manos de Dios.
  • María actúa. Las palabras « Haced lo que él os diga», dirigidas a los que servían, son una invitación también a nosotros, a ponernos a disposición de Jesús, que vino a servir y no a ser servido. El servicio es el criterio del verdadero amor. El que ama sirve, se pone al servicio de los demás.
  • María supo detectar las carencias de “vino”, por mirar con la mirada de Dios, de la Misericordia. ¿Estás lleno de Dios? Solo el que ve a través de sus ojos misericordiosos, como el Logo del año de la misericordia, puede descubrir las necesidades de los demás.
  • El vino nuevo, ese vino tan nuevo que dice el Mayordomo en las bodas de Caná, nace de las tinajas de purificación, es decir, del lugar donde todos habían dejado su pecado, de la miseria porque “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”.
  • El mejor de los “vinos” está por ser tomado. Está en la esperanza, está por venir para cada persona que se arriesga al amor.
  • Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin “vino”, los que sólo tienen para beber desalientos; Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos con aquellos a los que por una u otra razón, ya sienten que se les han roto todas las tinajas. Como María nos invita, hagamos «lo que el Señor nos diga», y agradezcamos, en este nuestro tiempo y nuestra hora, el vino nuevo.
  • Contempla a Jesús, que está dispuesto a cambiar tu “agua” en “vino”. Pero es preciso que des el paso, que pongas tu pobre “agua” para que él la convierta en “vino”. La confesión es la mejor vasija para ese cambio.

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  • Intenta imitar la actitud atenta y servicial que tuvo María y ayuda a quien veas con alguna necesidad.
  • Ponte en camino. Hay muchas personas en tu entorno, que se les acabo el “vino”. Sal, busca, camina y acompaña para que otros se encuentren con el que puede cambiar su “agua” en “vino”.
  • Como María ten confianza absoluta en que Dios puede hacer milagros en tu vida.
  • Mira con la mirada misericordiosa de Dios, para no despreciar ningún “agua” de otras personas, pues puede ser tocada por Él, y adquirir mejor sabor que la tuya. Solo el Señor puede dar el mejor vino.

PINCHAR AQUÍ PARA ABRIR: NO TIENEN VINO

Secretariado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

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